Argentinos, sofistas profesionales

Juan Manuel Asis
Por Juan Manuel Asis 03 Agosto 2014
Los seres humanos son polémicos por naturaleza, pero los argentinos son “capos” en la materia. Está en sus genes discutir, sacarse los ojos hasta por nimiedades. Discutir, incluso, porque el otro dice lo mismo que uno. Es necesario el desacuerdo hasta en el acuerdo. Debatir por debatir. Así, uno solo es capaz de desconocerse a sí mismo y encontrarse defectos en el espejo; dos en un mismo plano de existencia ya se animan a armar una interna política y dividir al país entre ellos y nosotros. Tres ya se olvidan que supieron ser amigos y se invitan a boxear en la esquina; con cuatro se puede estructurar un exitoso programa de chimentos -total, a cualquier sinsentido se le presta atención-; con cinco hombres hay mil equipos de fútbol, todos DT y ningún jugador bueno. Con seis mujeres … bueno, para eso pido el auxilio ingenioso de alguna colega. El tema es que somos expertos en generar peleas verbales, debates inútiles, polémicas sin sentido, chicanas agraviantes; siempre desviando el eje de cualquier discusión cuando el “otro”, ese contrincante mental, está ganando la batalla de la palabra, y encima con argumentos sólidos. El asunto es discutir, tener la razón a cualquier costo, ya sea cargando al incómodo “oponente” para sacarlo de las casillas, ironizando sobre sus dichos para avergonzarlo, minimizar sus ideas sin reforzar las propias, cambiar de tema cuando se debilitan los razonamientos propios -porque no se encuentran a mano, y rápido-, generar una nueva polémica sobre la que ya ha sufrido varias desviaciones. El asunto es no aflojar jamás en la postura, rendirse menos: los equivocados son siempre los otros; y son muchos eh; y encima para desgracia de ellos mismos. Despistados e ingenuos. ¿Para qué existen? El mundo gira en sentido equivocado, los puntos cardinales están al revés, el Papa es argentino -una verdad de perogrullo-, Messi es el mejor y Maradona más grande que Pelé. ¡Que bah! Los argentinos tienen la razón, y en todo, y si no la tienen, tampoco la tienen los otros, nunca. ¡No porque expongan buenos argumentos les van a torcer el brazo, jamás! Convencerlos, menos. Sofistas profesionales, y de los mejores. Eso son. Aunque de eso no se vanaglorian; claro, el día que eso suceda se arma una polémica tan gigantesca que habrá miles de verdades y ninguna mentira. O al revés.

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