05 Diciembre 2003 Seguir en 
"Yo estaba muy mal. Tenía muchos problemas, y por eso hice lo que hice. Pero estoy muy arrepentida". Norma Esther Palavecino no lloró, aunque su voz sonó quebrada en varios pasajes de la declaración que realizó ayer ante los magistrados que la juzgan por haber degollado a sus tres pequeñas hijas.
Palavecino llegó a juicio oral sin que su defensora, María de las Mercedes Carrizo, ni el fiscal de Cámara Daniel Marranzino lograran un consenso para celebrar un acuerdo abreviado. Ella quería una condena de 25 años -el delito está calificado como triple homicidio agravado por el vínculo- y Marranzino pretendía que recibiera prisión perpetua.
El 1 de febrero de 2002, la mujer -que actualmente tiene una hija de un año- encerró a Sabrina Soledad, de 5 años; a Florencia Micaela, de 4, y a Laura Daniela Frías, de 2, en una de las piezas de la humilde casa que compartían junto al Canal Norte, en avenida Francisco de Aguirre al 3.400. Primero escribió una carta, en la que decía que tomó la terrible decisión porque no podía darles de comer. Luego tomó un cuchillo de cocina y las degolló una a una. Después intentó suicidarse. Pero los cortes que se hizo en las muñecas fueron superficiales, por lo que sobrevivió.
Ayer, antes de declarar, su defensora solicitó que se desaloje la sala -incluidos los medios de prensa- ya que Palavecino diría cosas que afectarían su honor y moral. Luego, la acusada pasó a relatar cómo cometió el peor de los delitos.
Palavecino habría dicho que toda su vida fue un calvario. Habría afirmado que fue sometida a abusos y a maltratos, y que el padre de las víctimas la golpeaba. El momento en que detalló cómo sucedió el hecho fue el más duro, aunque el relato fue muy confuso. "Hay muchas cosas de las que no me acuerdo", dijo.
La defensora pretendería probar que Palavecino no era consciente de lo que estaba haciendo. El fiscal, por su parte, tiene una opinión contraria, y quiere demostrar que actuó con plena conciencia de sus actos.
Hoy declararán varios testigos y luego se escucharían los alegatos. Finalmente, podría conocerse la sentencia.
Palavecino llegó a juicio oral sin que su defensora, María de las Mercedes Carrizo, ni el fiscal de Cámara Daniel Marranzino lograran un consenso para celebrar un acuerdo abreviado. Ella quería una condena de 25 años -el delito está calificado como triple homicidio agravado por el vínculo- y Marranzino pretendía que recibiera prisión perpetua.
El 1 de febrero de 2002, la mujer -que actualmente tiene una hija de un año- encerró a Sabrina Soledad, de 5 años; a Florencia Micaela, de 4, y a Laura Daniela Frías, de 2, en una de las piezas de la humilde casa que compartían junto al Canal Norte, en avenida Francisco de Aguirre al 3.400. Primero escribió una carta, en la que decía que tomó la terrible decisión porque no podía darles de comer. Luego tomó un cuchillo de cocina y las degolló una a una. Después intentó suicidarse. Pero los cortes que se hizo en las muñecas fueron superficiales, por lo que sobrevivió.
Ayer, antes de declarar, su defensora solicitó que se desaloje la sala -incluidos los medios de prensa- ya que Palavecino diría cosas que afectarían su honor y moral. Luego, la acusada pasó a relatar cómo cometió el peor de los delitos.
Palavecino habría dicho que toda su vida fue un calvario. Habría afirmado que fue sometida a abusos y a maltratos, y que el padre de las víctimas la golpeaba. El momento en que detalló cómo sucedió el hecho fue el más duro, aunque el relato fue muy confuso. "Hay muchas cosas de las que no me acuerdo", dijo.
La defensora pretendería probar que Palavecino no era consciente de lo que estaba haciendo. El fiscal, por su parte, tiene una opinión contraria, y quiere demostrar que actuó con plena conciencia de sus actos.
Hoy declararán varios testigos y luego se escucharían los alegatos. Finalmente, podría conocerse la sentencia.







