30 Noviembre 2003 Seguir en 
"Algo está cambiando en la industria del cine. Pero, aunque resulte paradójico, ese cambio está relacionado con el pasado. Con la vuelta a viejos códigos, como por ejemplo, los filmes seriados. Películas como "El señor de los anillos", "Matrix" y, ahora "Kill Bill", han demostrado que dividir en dos y hasta en tres partes una misma historia no sólo es rentable, sino que garantiza éxito de taquilla por varios años. Pero, al fenómeno de los dobles o triples programas en continuado, se suma otra tendencia: el rescate de las viejas películas japonesas. Alentados por el éxito de las premiadas "La llamada" y "Matrix" este año fueron varias las productoras que apostaron por el género de las espadas y las luchas intestinas. El rodaje de la tercera parte de "Los ángeles de Charlie" y el próximo estreno de "El último samurai" ratifican que, al menos en la industria del cine, todo tiempo pasado fue mejor.
Hollywood apuesta a las series
Tal vez no en contenido, pero sí en lo formal, algunas de las mayores superproducciones del Hollywood moderno están buscando parecerse a los viejos seriales. No sólo a las inolvidables entregas mudas tipo "Los peligros de Paulina" o "Los vampiros", sino también a las entregas por partes como las aventuras de Flash Gordon y Buck Rogers de la década de 1930.
Estos nuevos seriales superproducidos comenzaron a ser aceptados por el gran público con la primera entrega de "El señor de los anillos" de Peter Jackson, una idea audaz, pero razonable, sobre todo a la hora de intentar algo tan difícil como la adaptación de una saga literaria publicada originalmente en tres tomos. El público ya venía aceptando la entrega por partes de una historia compleja que ya se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción, "La guerra de las galaxias", e hizo lo mismo con la narrativa trunca de las dos secuelas de "Matrix", estrenadas con éxito este año. Sin embargo, de aceptar la espera de un año completo para ver cada uno de los dos filmes siguientes de "El señor de los anillos", a tener que ver cómo una sola película es dividida en dos por el inflexible sable de Miramax, ya es otra cosa, que obliga a un análisis más detenido de este extraño fenómeno. Porque, a diferencia de todos los títulos mencionados, a "Kill Bill" (que acaba de estrenarse en Buenos Aires y llegará a Tucumán en breve), Quentin Tarantino lo pensó como un solo filme, de duración larga pero no superior a la de muchas películas clásicas y recientes. Y la idea de convertir esa unidad en dos películas ocurrió en la mitad de la producción. La división, no afectó el éxito comercial e incluso crítico del nuevo filme de Tarantino, aunque sí provocó detalles insólitos como especialistas de cine negándose a comentar "la mitad de una película".
El fenómeno de los dobles o triples programas en continuado explotó a comienzos del cine sonoro y se agudizó con la Gran Depresión de los años 30. Eran historias de aventuras, fantasía y en muchos casos westerns, que duraban unos pocos actos, contando una historia que se arrastraba desde semanas atrás, y que siempre dejaba al héroe colgado de un precipio (de ahí su denominación "cliffhanger serials"). Igual que la enfermera de "Misery" de Stephen King, muchos espectadores quedaban traumatizados durante una semana preocupados por el destino de su héroe. El fin de semana siguiente, el enigma quedaba resuelto, y todos contentos.
Uno de los detalles revolucionarios de "La guerra de las galaxias", de George Lucas, era el guiño a los viejos seriales, ya olvidados y enterrados a fines de los años 70.
Justamente, sin el éxito probado de dicha trilogía, nadie jamás le hubiera hecho caso a Peter Jackson y su afán por adaptar la trilogía de Tolkien en tres filmes.
Los productores miran hacia el cine oriental
La industria del cine atraviesa una gran crisis de ideas y creatividad. Películas de gran éxito en el pasado están volviendo a las pantallas convenientemente recicladas y adaptadas a nuestro tiempo. El uso de los remakes está sacando a la Hollywood del bache en el que se encuentra. Y es en este campo donde el cine japonés ha recibido una gran atención por parte de los creadores de la Meca del cine.
El cine nipón ha estado siempre muy presente en las superproducciones de Hollywood, aunque fue en la década de los 90 cuando se registró el llamado "boom japonés". El típico héroe americano, musculoso y de pocas palabras, ha dado paso a un nuevo tipo de héroe más equilibrado entre fuerza, inteligencia y filosofía de vida. Pero la influencia cultural del cine japonés va acompañada también de lo audiovisual. El universo intergaláctico de George Lucas en la saga de "La guerra de las galaxias" muestra una clara influencia oriental, no sólo en la estética, sino en la interpretación de los conflictos de poder y familia. Ocurre lo mismo en "El padrino" de Francis Ford Coppola, donde hay una gran influencia de las ideas de Kurosawa. Pero, el verdadero punto de inflexión se dió con "Matrix", una de las películas que más influencia japonesa ha tenido y que más ha influido luego sobre otras producciones americanas, creando un estilo propio y novedoso pero que muy poco tiene de original. "Matrix" (foto) es la creación de un universo donde una mezcla de filosofía judeocristiana, sintoismo y budismo marca el trasfondo del filme. Pero la estética, lo visual, ha bebido de lo japonés. Un enfoque y un tratamiento de la imagen que hace recordar al fenómeno "Manga" (cómic japonés) y unas coreografías de lucha claramente orientales basadas en el kung-fú conforman una superproducción que ha marcado un antes y un después en las producciones de acción norteamericanas.
Recientemente el éxito cosechado por "La llamada", remake de la película de terror "Ringu" dirigida por Hideo Nakata ha sido clave para el resurgimiento del interés de Hollywood por el cine nipón. Pero una versión no asegura el éxito. La tendencia norteamericana de intentar superar los filmes originales a base de caras conocidas y efectos especiales no siempre funciona. Muchas producciones se han visto condenados al fracaso por esta razón. Ese es el caso de "Godzilla". Está claro que hay una moda, un gusto por lo japonés y películas como "El último Samurai" de Tom Cruise (que llegará a fin de año a Tucumán), "Kill Bill" o "El tigre y el dragón" se convierten en claros ejemplos de que lo oriental invade Hollywood.
Un filme dividido para generar ganancias
El estreno de "Kill Bill" ha generado cierta polémica entre los críticos. Su director, Quentin Tarantino, venía preparando desde hace años su nuevo filme, sin divisiones de ningún tipo. La historia, de su autoría, no tenía en absoluto las características de una saga. Uma Thurman es una ex asesina brutalmente atacada por su ex jefe y su banda justo en medio de su boda. Dada por muerta, pasa varios años en coma, y un buen día despierta para vengarse de todos los que truncaron su vida, empezando por su jefe, Bill.
La extrema violencia y duración de casi tres horas es algo que favoreció a Tarantino en "Tiempos violentos" (Pulp Fiction), la película que ayudó más que ninguna otra a que Miramax sea lo que es hoy. Sin embargo, el gran jefe del estudio, Harvey Weinstein, presionó al director a cercenar el metraje y sobre todo las escenas más fuertes, hasta que encontraron una solución increíble: convertir un solo filme en dos, y estrenarlos uno en noviembre de este año y el otro a fin de febrero de 2004. Como la duración de 3 horas no justificaba tal división, Tarantino agregó personajes y escenas accesorias. Antes del estreno estadounidense, el mismo Tarantino lució muy preocupado, apareciendo totalmente alcoholizado en el show de Jay Leno, y faltando a su propia premiere.
Los únicos antecedentes de "Kill Bill" son dos sagas legendarios de la década de 1970, ambas de más de 4 horas que, en su versión integral, se estrenaron en dos partes separadas, como "Novecento" de Bernardo Bertolucci (dividida en Acto 1 y Acto 2) o "Ludwig", de Luchino Visconti, que sólo en Alemania y unos pocos países de Europa se dividió en dos partes.
Otra versión de Jesús
Las cintas dedicadas a la religión se llevan la palma y casi el derecho propio a ser considerado como un subgénero ya que ha regalado algunas joyas cinematográficas que están en la memoria de medio mundo. Tal es el caso de "La túnica sagrada", "Los diez mandamientos", "La historia más grande jamás contada" y "La última tentación de Cristo", sin olvidar de algunas versiones un tanto irreverentes pero no por ello menos recomendables como "La vida de Brian". Ahora Hollywood, de la mano de Mel Gibson, está a punto de estrenar (será para la Pascua de 2004) una nueva y polémica versión de los últimos días de Cristo. Se trata de "La pasión", película que ha provocado el rechazo de la comunidad judía, que la acusa de promover el odio racial y de generar discordia con la Iglesia Católica.
Hollywood apuesta a las series
Tal vez no en contenido, pero sí en lo formal, algunas de las mayores superproducciones del Hollywood moderno están buscando parecerse a los viejos seriales. No sólo a las inolvidables entregas mudas tipo "Los peligros de Paulina" o "Los vampiros", sino también a las entregas por partes como las aventuras de Flash Gordon y Buck Rogers de la década de 1930.
Estos nuevos seriales superproducidos comenzaron a ser aceptados por el gran público con la primera entrega de "El señor de los anillos" de Peter Jackson, una idea audaz, pero razonable, sobre todo a la hora de intentar algo tan difícil como la adaptación de una saga literaria publicada originalmente en tres tomos. El público ya venía aceptando la entrega por partes de una historia compleja que ya se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción, "La guerra de las galaxias", e hizo lo mismo con la narrativa trunca de las dos secuelas de "Matrix", estrenadas con éxito este año. Sin embargo, de aceptar la espera de un año completo para ver cada uno de los dos filmes siguientes de "El señor de los anillos", a tener que ver cómo una sola película es dividida en dos por el inflexible sable de Miramax, ya es otra cosa, que obliga a un análisis más detenido de este extraño fenómeno. Porque, a diferencia de todos los títulos mencionados, a "Kill Bill" (que acaba de estrenarse en Buenos Aires y llegará a Tucumán en breve), Quentin Tarantino lo pensó como un solo filme, de duración larga pero no superior a la de muchas películas clásicas y recientes. Y la idea de convertir esa unidad en dos películas ocurrió en la mitad de la producción. La división, no afectó el éxito comercial e incluso crítico del nuevo filme de Tarantino, aunque sí provocó detalles insólitos como especialistas de cine negándose a comentar "la mitad de una película".
El fenómeno de los dobles o triples programas en continuado explotó a comienzos del cine sonoro y se agudizó con la Gran Depresión de los años 30. Eran historias de aventuras, fantasía y en muchos casos westerns, que duraban unos pocos actos, contando una historia que se arrastraba desde semanas atrás, y que siempre dejaba al héroe colgado de un precipio (de ahí su denominación "cliffhanger serials"). Igual que la enfermera de "Misery" de Stephen King, muchos espectadores quedaban traumatizados durante una semana preocupados por el destino de su héroe. El fin de semana siguiente, el enigma quedaba resuelto, y todos contentos.
Uno de los detalles revolucionarios de "La guerra de las galaxias", de George Lucas, era el guiño a los viejos seriales, ya olvidados y enterrados a fines de los años 70.
Justamente, sin el éxito probado de dicha trilogía, nadie jamás le hubiera hecho caso a Peter Jackson y su afán por adaptar la trilogía de Tolkien en tres filmes.
Los productores miran hacia el cine oriental
La industria del cine atraviesa una gran crisis de ideas y creatividad. Películas de gran éxito en el pasado están volviendo a las pantallas convenientemente recicladas y adaptadas a nuestro tiempo. El uso de los remakes está sacando a la Hollywood del bache en el que se encuentra. Y es en este campo donde el cine japonés ha recibido una gran atención por parte de los creadores de la Meca del cine.
El cine nipón ha estado siempre muy presente en las superproducciones de Hollywood, aunque fue en la década de los 90 cuando se registró el llamado "boom japonés". El típico héroe americano, musculoso y de pocas palabras, ha dado paso a un nuevo tipo de héroe más equilibrado entre fuerza, inteligencia y filosofía de vida. Pero la influencia cultural del cine japonés va acompañada también de lo audiovisual. El universo intergaláctico de George Lucas en la saga de "La guerra de las galaxias" muestra una clara influencia oriental, no sólo en la estética, sino en la interpretación de los conflictos de poder y familia. Ocurre lo mismo en "El padrino" de Francis Ford Coppola, donde hay una gran influencia de las ideas de Kurosawa. Pero, el verdadero punto de inflexión se dió con "Matrix", una de las películas que más influencia japonesa ha tenido y que más ha influido luego sobre otras producciones americanas, creando un estilo propio y novedoso pero que muy poco tiene de original. "Matrix" (foto) es la creación de un universo donde una mezcla de filosofía judeocristiana, sintoismo y budismo marca el trasfondo del filme. Pero la estética, lo visual, ha bebido de lo japonés. Un enfoque y un tratamiento de la imagen que hace recordar al fenómeno "Manga" (cómic japonés) y unas coreografías de lucha claramente orientales basadas en el kung-fú conforman una superproducción que ha marcado un antes y un después en las producciones de acción norteamericanas.
Recientemente el éxito cosechado por "La llamada", remake de la película de terror "Ringu" dirigida por Hideo Nakata ha sido clave para el resurgimiento del interés de Hollywood por el cine nipón. Pero una versión no asegura el éxito. La tendencia norteamericana de intentar superar los filmes originales a base de caras conocidas y efectos especiales no siempre funciona. Muchas producciones se han visto condenados al fracaso por esta razón. Ese es el caso de "Godzilla". Está claro que hay una moda, un gusto por lo japonés y películas como "El último Samurai" de Tom Cruise (que llegará a fin de año a Tucumán), "Kill Bill" o "El tigre y el dragón" se convierten en claros ejemplos de que lo oriental invade Hollywood.
Un filme dividido para generar ganancias
El estreno de "Kill Bill" ha generado cierta polémica entre los críticos. Su director, Quentin Tarantino, venía preparando desde hace años su nuevo filme, sin divisiones de ningún tipo. La historia, de su autoría, no tenía en absoluto las características de una saga. Uma Thurman es una ex asesina brutalmente atacada por su ex jefe y su banda justo en medio de su boda. Dada por muerta, pasa varios años en coma, y un buen día despierta para vengarse de todos los que truncaron su vida, empezando por su jefe, Bill.
La extrema violencia y duración de casi tres horas es algo que favoreció a Tarantino en "Tiempos violentos" (Pulp Fiction), la película que ayudó más que ninguna otra a que Miramax sea lo que es hoy. Sin embargo, el gran jefe del estudio, Harvey Weinstein, presionó al director a cercenar el metraje y sobre todo las escenas más fuertes, hasta que encontraron una solución increíble: convertir un solo filme en dos, y estrenarlos uno en noviembre de este año y el otro a fin de febrero de 2004. Como la duración de 3 horas no justificaba tal división, Tarantino agregó personajes y escenas accesorias. Antes del estreno estadounidense, el mismo Tarantino lució muy preocupado, apareciendo totalmente alcoholizado en el show de Jay Leno, y faltando a su propia premiere.
Los únicos antecedentes de "Kill Bill" son dos sagas legendarios de la década de 1970, ambas de más de 4 horas que, en su versión integral, se estrenaron en dos partes separadas, como "Novecento" de Bernardo Bertolucci (dividida en Acto 1 y Acto 2) o "Ludwig", de Luchino Visconti, que sólo en Alemania y unos pocos países de Europa se dividió en dos partes.
Otra versión de Jesús
Las cintas dedicadas a la religión se llevan la palma y casi el derecho propio a ser considerado como un subgénero ya que ha regalado algunas joyas cinematográficas que están en la memoria de medio mundo. Tal es el caso de "La túnica sagrada", "Los diez mandamientos", "La historia más grande jamás contada" y "La última tentación de Cristo", sin olvidar de algunas versiones un tanto irreverentes pero no por ello menos recomendables como "La vida de Brian". Ahora Hollywood, de la mano de Mel Gibson, está a punto de estrenar (será para la Pascua de 2004) una nueva y polémica versión de los últimos días de Cristo. Se trata de "La pasión", película que ha provocado el rechazo de la comunidad judía, que la acusa de promover el odio racial y de generar discordia con la Iglesia Católica.







