La reubicación de tres asentamientos

20 May 2014
La marginalidad, la exclusión, el hacinamiento, la pobreza, la miseria y la falta de un techo digno constituyen un problema social que está asociado a la falta de empleo, de educación, de servicios esenciales para la existencia. El censo de 2010 reveló que eran 80.000 las familias tucumanas que carecían de un hogar y que cuatro de cada 100 de ellas no tenía baño ni letrina. En 2001, en plena crisis económica y política, la provincia presentaba un déficit habitacional de 140.000 viviendas. Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (Indec), esa cifra se redujo con el aporte gubernamental de 60.000 soluciones habitacionales.

En 2012, se indicó que en el Gran San Miguel de Tucumán había alrededor de 3.300 familias que debían ser reubicadas porque ocupaban terrenos de propiedad privada o fiscales enclavados cerca de vías ferroviarias o de ríos. En octubre pasado, el Instituto Provincial de la Vivienda y Desarrollo Urbano informó que aquellas familias relevadas podían erradicarse a lo largo de los próximos 15 años a través de dos programas: Programa Nacional de Mejoramiento de Barrios (Promeba) y el Programa Federal de Urbanización de Villas y Asentamientos Precarios (FedVilla), el primero financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo y el segundo, por el Gobierno de la Nación, que lleva adelante el Instituto Provincial de la Vivienda y Desarrollo Urbano (Ipvdu).

El jueves pasado se hizo realidad el traslado de más de 40 familias que vivían en el asentamiento El Triangulito, ubicado en Frías Silva y Bolívar, Barrio Ciudadela, a El Manantial. Para la mudanza, , pero no todos loa vecinos recibirán casas, sino módulos habitacionales que deberán ampliar con sus propios medios. Una funcionaria del Instituto de la Vivienda explicó que el relevamiento que se había hecho 2005, pero la población aumentó hasta la fecha. El excedente de 26 grupos familiares será reubicado, pero no con nuevas casas. El entusiasmo y la alegría de las familias que iniciaban la mudanza era inocultable; en El Triangulito carecían de agua, gas y cloacas. El predio donde se asentaron había sido donado hace seis décadas al municipio por un particular para que fuera destinado a espacio verde.

Se anunció que a través del FedVilla se reubicarán hoy a familias de dos asentamientos, uno en Villa Alem (en el pasaje Misiones, entre Las Heras y Entre Ríos) y el que se ubica en un predio que pertenece la Escuela de Formación Profesional N° 3, en el Barrio Juan XXIII (La Bombilla), entre Chile y Juan José Paso.

Nos parece un paso significativo la relocalización de estos grupos familiares que han vivido por años en una precariedad pasmosa, producto de la desocupación -muchos de ellos cuentapropistas o changarines-, de la indigencia, y del olvido de la clase dirigente a lo largo de décadas. Ahora tienen un techo propio, pero hay que acompañarlos, ayudándolos a conseguir un empleo digno u organizarlos en cooperativas para que puedan procurarse el sustento. Es fundamental la educación no solo de los chicos y jóvenes, sino también de los adultos. Ella es el punto de partida del progreso y permite integrarse activamente a la sociedad, dejar de ser marginado por pobre, indocumentado o iletrado. El arzobispo brasileño Dom Helder Camara decía: “La miseria no necesariamente es una fatalidad”. Con educación, justicia y una distribución justa de la riqueza, esta no tardaría en erradicarse.

Comentarios