13 Mayo 2014 Seguir en 

Es una de las artes que para consumarse como tal necesita la presencia viva de los otros. “El teatro es una extensión de la vida. El actor está mintiendo con la verdad. Si tienes que matar en un escenario, no matas de verdad, pero tú sí estás trabajando con la verdad de unas emociones. El teatro lo entiendo como pura emoción”, afirma la actriz Ana Belén. Hace tres décadas ocurrió un hecho más que significativo en nuestra casa de altos estudios. Se puso en marcha la Escuela de Teatro de la Universidad Nacional de Tucumán. La loable iniciativa buscaba llenar un hueco que había dejado el Conservatorio Provincial de Arte Dramático, que había sido cerrado.
Con el advenimiento de la democracia, el entonces rector Luis Salinas le encomendó al escritor Julio Ardiles Gray, que décadas atrás había sido uno de los mentores del Septiembre Musical Tucumano, que se ocupara del diseño de la nueva estructura. El 2 de mayo de 1984 se inauguró la carrera, dirigida por el actor entrerriano Juan Tríbulo. “No tenía oficina propia, aulas, docentes, planes de estudio definitivos, ni estudiantes. Sólo un pre-proyecto de creación de Escuela de Teatro y bocetos de una ‘Carrera en Técnicas para la actuación teatral’”, recordó Tríbulo, que terminó radicándose con su familia en Tucumán. “Interactuamos con otras facultades y otras universidades, y observamos con asombro y satisfacción la inserción de actores, directores, docentes e investigadores -creativos, personales y apasionados- en Tucumán y en otras provincias”, dijo.
El actual director de la Licenciatura que se dicta en la Facultad de Artes de la UNT, Ricardo Sobral, destacó los logros de la escuela reflejados en la inserción de los egresados con producciones de estéticas diversas. Anunció la puesta en marcha de cambios curriculares que contemplen, por ejemplo, un profesorado universitario de Teatro, como carrera de grado, porque el título actual (profesorado en Juegos Teatrales) condiciona la salida laboral de los egresados. En las asignaturas pendientes mencionó la recuperación de la sala Paul Groussac, de Alberdi 71.
Es, por cierto, destacable también la proyección regional que ha tenido la Escuela de Teatro, a través de sus egresados. Sería tal vez importante que se pensara también en distintas orientaciones, tales como dirección, dramaturgia o escenografía, que enriquecerían la propuesta que hasta ahora es actoral. Es inexplicable que la Groussac, creada en 1979, cerrada en 1984, alquilada y reabierta por la UNT en 1987, por consejo de Ardiles Gray, se encuentre desde hace años fuera del circuito teatral.
El teatro es una excelente herramienta educativa, porque permite además trabajar en equipo, favorece la comunicación y la creatividad. En ese sentido, sería importante que cada escuela tuviese al teatro como asignatura, ello no sólo beneficiaría a los actores laboralmente, sino que favorecería el aprendizaje de niños y jóvenes, y a partir de allí podrían surgir elencos teatrales en cada establecimiento. Sería interesante que la Escuela de la UNT y el Ministerio de Educación trabajaran conjuntamente en una propuesta educativa.
Sin duda, la Escuela de Teatro ha cumplido con creces su objetivo y es positivo que piense en cambios para seguir mejorando y proyectándose al medio con mayor efectividad aún. “El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana”, decía Federico García Lorca.
Con el advenimiento de la democracia, el entonces rector Luis Salinas le encomendó al escritor Julio Ardiles Gray, que décadas atrás había sido uno de los mentores del Septiembre Musical Tucumano, que se ocupara del diseño de la nueva estructura. El 2 de mayo de 1984 se inauguró la carrera, dirigida por el actor entrerriano Juan Tríbulo. “No tenía oficina propia, aulas, docentes, planes de estudio definitivos, ni estudiantes. Sólo un pre-proyecto de creación de Escuela de Teatro y bocetos de una ‘Carrera en Técnicas para la actuación teatral’”, recordó Tríbulo, que terminó radicándose con su familia en Tucumán. “Interactuamos con otras facultades y otras universidades, y observamos con asombro y satisfacción la inserción de actores, directores, docentes e investigadores -creativos, personales y apasionados- en Tucumán y en otras provincias”, dijo.
El actual director de la Licenciatura que se dicta en la Facultad de Artes de la UNT, Ricardo Sobral, destacó los logros de la escuela reflejados en la inserción de los egresados con producciones de estéticas diversas. Anunció la puesta en marcha de cambios curriculares que contemplen, por ejemplo, un profesorado universitario de Teatro, como carrera de grado, porque el título actual (profesorado en Juegos Teatrales) condiciona la salida laboral de los egresados. En las asignaturas pendientes mencionó la recuperación de la sala Paul Groussac, de Alberdi 71.
Es, por cierto, destacable también la proyección regional que ha tenido la Escuela de Teatro, a través de sus egresados. Sería tal vez importante que se pensara también en distintas orientaciones, tales como dirección, dramaturgia o escenografía, que enriquecerían la propuesta que hasta ahora es actoral. Es inexplicable que la Groussac, creada en 1979, cerrada en 1984, alquilada y reabierta por la UNT en 1987, por consejo de Ardiles Gray, se encuentre desde hace años fuera del circuito teatral.
El teatro es una excelente herramienta educativa, porque permite además trabajar en equipo, favorece la comunicación y la creatividad. En ese sentido, sería importante que cada escuela tuviese al teatro como asignatura, ello no sólo beneficiaría a los actores laboralmente, sino que favorecería el aprendizaje de niños y jóvenes, y a partir de allí podrían surgir elencos teatrales en cada establecimiento. Sería interesante que la Escuela de la UNT y el Ministerio de Educación trabajaran conjuntamente en una propuesta educativa.
Sin duda, la Escuela de Teatro ha cumplido con creces su objetivo y es positivo que piense en cambios para seguir mejorando y proyectándose al medio con mayor efectividad aún. “El teatro es poesía que se sale del libro para hacerse humana”, decía Federico García Lorca.







