"La Vorágine" desborda la ficción en el teatro

Por Jorge Figueroa

27 Noviembre 2003
El último trabajo de "La Vorágine" es, sin dudas, la obra que más avanza en el cruce de géneros artísticos que el grupo se plantea, hasta obtener como resultado un lenguaje totalmente híbrido. "Vorágine destino vorágine" -tal es el título- es un punto de encuentro entre el teatro, el videoarte, la instalación, los objetos y la danza; de encuentro y desencuentro, mejor dicho, porque no se trata de una fusión ordenada, sino de abordajes multidisciplinarios para contar la historia de "Silvio". Los actores dialogan e interactúan con las imágenes de la pantalla, desarrollando complejas coreografías en una estructura de metal; completan sus interpretaciones, o la preanuncian, con lo que desbordan el límite entre la ficción y la realidad, al punto que, en un mismo plano, lo virtual y el simulacro se han erigido en componentes de la misma obra. La labor del cineasta Víctor Martínez es notable, con la creación de efectos de una cámara de súper 8 en su video. "Vorágine destino vorágine" fue escrito por Pablo Gigena, y, a diferencia de sus textos anteriores, plantea una visión y una preocupación que se acercan más a un existencialismo; alejada bastante del tinte social de "Detrás del vidrio", o de "Furia y pasión de un Cristo tucumano".

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