Nicolás Iriarte
Por Nicolás Iriarte 05 Mayo 2014
Hacer asado. Manejar (auto o moto). Lavar. Tejer. Bordar. Cocinar. Hablar en público sin temblar en los primeros minutos. Cantar afinadamente. Hacer las “cosas de la casa”. Doblar una campera para guardar. Bailar el vals. Arreglar aparatos electrónicos. No comentar el clima ante la falta de temas de conversación. Tocar un instrumento musical. Hablar de música con fundamento. Escuchar un CD de música entero, de corrido. 

Apreciar un buen vino. Comer pescado. Pescar. Pelar una papa. Jugar bien al fútbol o decentemente a cualquier otro deporte. Jugar a los videojuegos. Cantar los puntos del envido en el truco. Ir al gimnasio. Perder sin enojarme. Comer chocolate sin mancharme la remera. Abordar a una mujer en un boliche. Saludar a los familiares en un velorio. 

Girar la mano izquierda sobre la cabeza y la derecha sobre la panza al mismo tiempo. Sacar buenas fotos. El recorrido de las calles de Tucumán u alguna otra provincia. No ponerme nervioso en un viaje. Calcular a ojo las multitudes. Calcular la edad de un niño. Medir a simple vista una distancia. Tuitear con soltura. Otro idioma que no sea castellano o inglés. Explicar el offside sin que me repregunten. 

Hacer las compras del súper de una sola vez, sin olvidarme algo. Interactuar con los niños. Interactuar con los taxistas de manera canchera. Interactuar con los perros o algún otro animal. Estudiar dos materias a la vez. Enhebrar una aguja al primer intento. Superar sin miedo una ruta con precipicio. Las reglas del curling. Pensar claramente con presión. Hacer el repulgue de las empanadas. Hablar cinco minutos sin decir “digamos”. 

Abarcar absolutamente todas las cosas que no sé hacer en el espacio de esta nota. 

Temas Tucumán
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