Hace 38 años cerraban el comedor de la UNT

Un militante recordó que se comía por el 10% del precio de mercado Ricardo Márquez, militante y delegado estudiantil de aquella época, reivindicó el hecho de que los alumnos compartían unos con otros

12 Abril 2014
“Nuestro único delito fue querer que los chicos de clase media y media baja coman para poder estudiar y ser profesionales”. La frase, pronunciada de varias formas distintas, pero con la misma carga irónica, se repitió una y otra vez durante la charla que LA GACETA mantuvo con Ricardo Ernesto Márquez, integrante entre 1973 y 1974 de la comisión directiva del comedor universitario que existía en la calle Ayacucho al 800.

Este espacio funcionó en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) desde mediados de la década de 1950 hasta el 12 de abril de 1976, cuando el delegado a cargo del Gobierno de la UNT, Eugenio Barroso, decidió “suspender el funcionamiento del comedor”. Barroso esgrimió el argumento de que era necesario racionalizar los gastos de la casa de Juan B. Terán.

Pero, según el criterio del ex militante, la clausura del comedor comenzó a cocinarse meses antes del cierre efectivo, durante el Gobierno democrático de María Estela “Isabelita” Martínez de Perón en la Nación y de Amado Juri en la Provincia. “Hacia mediados de noviembre de 1975, el comedor dejó de lado la conducción tripartita; es decir, estudiantes, docentes y no docentes. Esta comisión estaba integrada por 12 miembros y, por aquel entonces, apresaron a seis de los ocho que estaban dedicados a realizar trabajo social en el ámbito del comedor. A partir de ahí este comienza a parecerse más a un club social que al comedor universitario que venía siendo”, contó. Entre las funciones sociales que, según comentó, se cumplían, figuraba la colaboración con la alimentación de los habitantes de barriadas pobres. “También se ayudaba a los sectores que estaban participando de algún reclamo por reivindicaciones”, añadió.

Márquez recordó que los estudiantes comían por un 10% del precio que podían llegar a pagar en cualquier restaurante. “En el comedor se almorzaba o se cenaba por $ 0,50 cuando un almuerzo costaba unos $ 4”, precisó. Agregó que había becas para aquellos que no contaban con recursos suficientes. “Los fondos provenían del presupuesto de la UNT, y del pago de los bonos de almuerzo y de cena. Algunos chicos no tenían para pagar, pero nadie se quedaba sin comer: aquellos que requerían una dieta especial incluso se les cocinaba aparte”, afirmó y dijo que llegaron a alimentarse hasta 3.000 estudiantes.

Al comedor no se iba sólo a saciar el hambre del cuerpo. Los que lo cuestionaban solían argumentar que este era utilizado para difundir consignas políticas. Los defensores, señalan que, durante las comidas, se planteaban los problemas que padecía la sociedad. Márquez se ubica entre estos últimos. “Claro que se hablaba de política. Los estudiantes de las distintas facultades intercambiaban sus vivencias y exigían lo mismo que ahora: aumento del presupuesto universitario. Luego se promovió que la gente sólo se dedique a estudiar y los almuerzos con las telenovelas. O sea, la política del ‘no te metás’”, dijo.

Entre agosto y octubre del año pasado, el movimiento estudiantil de la UNT llevó a cabo una lucha que incluyó la toma de cuatro facultades. Entre las reivindicaciones planteadas, constaba la restauración del mítico comedor universitario. Ese activismo obligó a que el Rectorado conforme una comisión integrada por representantes del movimiento, de los centros de estudiantes, del Consejo Superior y del gabinete. El comité debe analizar distintos proyectos de comedor.

“Las autoridades tuvieron que reconocer el movimiento estudiantil e integrarlo a la comisión. Allí obtuvimos la promesa de la construcción de dos comedores, pero, al día de hoy, las obras no se están realizando”, dijo la vocera de Artes y miembro de la comisión, Silvina Pereda. La activista recordó que el Rectorado había anunciado el inicio de las obras en enero, pero subrayó que los trabajos quedaron en la nada. “Se había pautado que la comisión retomaría sus reuniones en febrero, pero los directivos no hicieron ninguna convocatoria”, acusó.

Márquez se permitió dar un consejo a los estudiantes. “Es importante que se reabra el comedor, pero no como quieren hacerlo las autoridades. Los alumnos deben manejarlo porque, si no, se les exigirá a los estudiantes un mínimo de promedio o de cantidad de materias aprobadas por año para que puedan comer. Y la consigna no debe ser ‘aprueben para comer’ sino ‘coman para aprobar’”, manifestó.

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