LA ESENCIA DEL MAL. Mi lucha volvió a ser best seller en Europa en enero.

Un poco sorprendido al verme mencionado en artículos que no escribí, salvo una crítica de libros, me incluyo en la polémica tratando de responder a las aflicciones del señor Carlos Valdez en su comentario, publicado en estas páginas el domingo pasado, acerca de la supuesta desvalorización del lector en un tema álgido como la discriminación.
En primer lugar, agradezco su inmediata identificación a mi persona como judío, evitando así el riesgo de un eventual olvido que pudiera llevarme a confundir identidades, típico de estos tiempos dudosos donde ya nadie sabe quién es quién.
En segundo lugar, respecto al “rebuscamiento” de los argumentos para no leer el libro hitlerista, coincido nuevamente con Valdez en que no se habría hallado, todavía, una crítica digna a tamaño autor. Agregando que el problema no está tanto en la búsqueda, sino en lo que se encuentra.
En tercer lugar, y siguiendo con las coincidencias, estoy de acuerdo en que no vale la pena minimizar la capacidad intelectual de algunos lectores, puesto que varios la tienen ya minimizada por sus prejuicios.
Mi última coincidencia con el lector Valdez recae en el aforismo acerca de que “los libros no muerden”, como puede atestiguarlo cualquier odontólogo con experiencia. Pero muchos autores y algunos lectores, sí.
Sí muerden.
© LA GACETA
Osvaldo Aiziczon







