Poetizar, de la muerte a la vida

Manuel Serrano Pérez es el poeta que ha sabido poner en palabras nuestros íntimos dolores. Por Eduardo Ruiz Pesce | Para LA GACETA Tucumán

12 Enero 2014
Poéticamente habita el hombre sobre la tierra, poetiza el poeta alemán. Y lo que va a permanecer, lo fundan los poetas; continúa su canto. En los años de la Guerra Civil Española, un joven tucumano, Manuel Serrano Pérez garabateaba sus primeros poemas. Por esos años, su padre -un comerciante español inmigrado, radicado en nuestra provincia- junto a otros connacionales que residían en el mismo Tucumán, creaba el Centro Republicano Español, para dar batalla al “nacionalcatolicismo” de Francisco Franco. Serrano Pérez, Manolo para sus amigos, vivió su juventud ocupando esas trincheras y tomando parte de esas tertulias republicanas en Buenos Aires y en Tucumán. Allí alternó con grandes poetas y pensadores españoles que continuaban la lucha contra la dictadura del franquismo desde el forzado exilio sudamericano.

En el año 1949, invitado por la Facultad de Filosofía y Letras, visita Tucumán ese inmenso poeta que es León Felipe, quien le pedía al Quijote: “ponme a la grupa contigo”. A resultas de trifulcas generadas por los nacionalistas en esa ocasión, León Felipe fue citado a la policía federal, adonde fue acompañado por Manolo. El poeta español decía que la poesía del joven tucumano que le acompañaba era la mejor del interior del país; y, ante los desaires políticos y poéticos recibidos en esas jornadas, le dijo entonces al poeta tucumano: “No te preocupes Manolo, contéstales con un poema”.

Y desde entonces hasta hoy, contra viento y marea, Manolo persiste en la escritura de su poema. Viene afrontando los azotes que le viene propinando la vida: la desaparición de su hijo Eduardo durante la noche criminal argentina, y las muertes tempranas de su hija Liliana y de su compañera de toda la vida, Mercedes… A todas esas hondas heridas que viene recibiendo, Manolo les responde pertrechado con las palabras de su poema.

Manuel Serrano Pérez, traductor del apocalipsis lírico llamado La sonrisa de Hiroshima, de Eugen Jebeleanu, es el poeta que ha sabido poner en palabras esos dolores y muertes, tan nuestros y tan íntimos. Su poema nos conduce y acompaña por el trágico viaje a la noche argentina. Y sabe muy bien de qué habla cuando se empecina en recordar la vida y olvidar la muerte. Poema de días y de noches; de recuerdos y de olvidos, de vida y de muerte. Ante tanta noche y tanta muerte nuestro poeta grita: “nosotros ya no podemos dejar de estar en la página siguiente’ aunque la hayan arrancado”. Y es en Hiroshima donde la esperanza alumbró la sonrisa que venció a la muerte. El poeta llora, pero la sonrisa no le abandona.

“Escribo al borde de la destrucción y la única arma que poseo es la memoria”, dice el poeta tucumano. Eduardo Serrano, su hijo, es la página siguiente arrancada por los sicarios de la noche argentina. El padre-poeta quiso saberse inscripto en esa página. Prosigo con mi piel entre paredes, porque sé lo que amo, todavía. Nosotros ya no podemos dejar de estar en la página siguiente aunque la hayan arrancado. “Y alguien que piense como yo, dice el poeta, advertirá que los puñales son anticipo de la muerte si las rúbricas de odio los esgrimen y empujan. Tal vez el miedo, cobarde y asesino, necesite ocultarse siempre tras los anteojos negros. Tal vez crean que es preciso aventar las palomas de todas las cornisas. Pero yo insisto en recobrar la vida y en caminos que nos permitan volver hacia los hombres”.

La imagen del alfiler sujetando los colores de una mariposa, me asedia, pero no impide la fruición de la vida; dice el poeta. “La muerte es un monstruo de mil caras; pero entiendo la vida como incesante conquista que la muerte no oscurece ni elimina. La sonrisa de Hiroshima nos enseña que el demonio ama los precipicios llenos de noche. El demonio odia la sonrisa con su loca confianza en la luz. El demonio, la noche y la muerte odian al poeta; en sus ojos hay lágrimas, pero la sonrisa no le abandona”.

© LA GACETA

Eduardo Ruiz Pesce - Doctor en Filosofía de la Universidad de Friburgo (Alemania).

Profesor de la UNT.

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