12 Enero 2014 Seguir en 

- ¿Qué gatilla el poema y qué la narrativa?
- Soy una criatura en el lenguaje. El lenguaje es mi hábitat, mi modo de estar en el mundo, mi recurso primero en la permanente búsqueda de sentido. Por ahora, la literatura me sigue siendo imprescindible. El poema estalla de vez en cuando, en los instantes en los que bajo la guardia, y me convierto en canal para que cante Otro. El relato es más afín a mi naturaleza y sucede todo el tiempo.
- Cuéntenos del taller Animarse a Gritar. ¿Cuáles considera los objetivos más logrados por este destacado grupo de trabajo? ¿Y la revista A Turucuto?
- En los 90 me convocó María Eugenia Virla a trabajar en el CIILIJ. En ese contexto, propuse organizar talleres literarios. Recuerdo a Gabriel Patolsky, hoy dramaturgo o al jujeño Roque Edgardo Torres. Ahí ambos y tantos otros se iniciaron en la creación. Siento que yo los “vi”. Tiempo después, murió María Eugenia Virla, se reestructuró el instituto y quedé fuera. Decidí seguir por mi cuenta con la experiencia de coordinar talleres literarios pero esta vez para adultos. Desde entonces, nunca paré. Al taller le puse el nombre con el que la actividad se conoce hasta hoy: Animarse a Gritar. Por eso no hay más que un paso entre la coordinación del taller y la tarea complementaria a la que también hoy me dedico: Sanación por la escritura. El taller literario publicaba cada tantos años alguna antología que mostraba textos de los talleristas. Hace unos cuatro años, Carlos Eduardo Sánchez, dio la idea de una revista con formato libro cuya esencia fuera también la antología. Nos decidimos por darle un nombre representativo, tucumanísimo: A Turucuto. Con A Turucuto pretendemos levantar nuestras letras para mostrarlas al mundo. Se privilegia la producción de autores tucumanos, de nuestro norte y del país en general.
- ¿Cree que el escritor, como tal, tiene un compromiso social particular?
- Definitivamente sí. El escritor, como cualquier pensante y sintiente que tiene el lenguaje a su favor, no se puede excluir de su contingencia histórico social aunque se empecine en ello. Los esteticistas, los escritores aparentemente descomprometidos, encerrados en su famosa “torre de marfil” ¡dicen tanto acerca del mundo al que quieren dar la espalda! Escribir es delatarse a todos los niveles: como individuo - sin duda- pero quizás aún más como ser social.
- Dice W. H. Auden que el poeta es el legislador del futuro, alguien que retiene la función crítica y preserva la inteligencia del lenguaje. ¿Qué opina de esto?
- Creo que el poeta, el crítico, el escritor, son los grandes disfrutadores de la existencia gracias a la literatura. Eso, por un lado. Por otro, son los responsables de la construcción de los relatos que definen nuestro momento histórico, entendiendo relato en el sentido filosófico del término. Es curioso que hoy sea más esclarecedor, a la hora de entender nuestra época, leer textos de ficción o crítica literaria que ciencias políticas o inclusive historia. (Y pido perdón por la irreverencia). Para satisfacer la pregunta que se me hace, quiero aclarar también que la “inteligencia” del lenguaje tiene gran cantidad de sostenedores, muchos más en número que los literatos. Hablo del universo de lectores y de otro todavía más amplio, el universo de hablantes.
© LA GACETA
- Soy una criatura en el lenguaje. El lenguaje es mi hábitat, mi modo de estar en el mundo, mi recurso primero en la permanente búsqueda de sentido. Por ahora, la literatura me sigue siendo imprescindible. El poema estalla de vez en cuando, en los instantes en los que bajo la guardia, y me convierto en canal para que cante Otro. El relato es más afín a mi naturaleza y sucede todo el tiempo.
- Cuéntenos del taller Animarse a Gritar. ¿Cuáles considera los objetivos más logrados por este destacado grupo de trabajo? ¿Y la revista A Turucuto?
- En los 90 me convocó María Eugenia Virla a trabajar en el CIILIJ. En ese contexto, propuse organizar talleres literarios. Recuerdo a Gabriel Patolsky, hoy dramaturgo o al jujeño Roque Edgardo Torres. Ahí ambos y tantos otros se iniciaron en la creación. Siento que yo los “vi”. Tiempo después, murió María Eugenia Virla, se reestructuró el instituto y quedé fuera. Decidí seguir por mi cuenta con la experiencia de coordinar talleres literarios pero esta vez para adultos. Desde entonces, nunca paré. Al taller le puse el nombre con el que la actividad se conoce hasta hoy: Animarse a Gritar. Por eso no hay más que un paso entre la coordinación del taller y la tarea complementaria a la que también hoy me dedico: Sanación por la escritura. El taller literario publicaba cada tantos años alguna antología que mostraba textos de los talleristas. Hace unos cuatro años, Carlos Eduardo Sánchez, dio la idea de una revista con formato libro cuya esencia fuera también la antología. Nos decidimos por darle un nombre representativo, tucumanísimo: A Turucuto. Con A Turucuto pretendemos levantar nuestras letras para mostrarlas al mundo. Se privilegia la producción de autores tucumanos, de nuestro norte y del país en general.
- ¿Cree que el escritor, como tal, tiene un compromiso social particular?
- Definitivamente sí. El escritor, como cualquier pensante y sintiente que tiene el lenguaje a su favor, no se puede excluir de su contingencia histórico social aunque se empecine en ello. Los esteticistas, los escritores aparentemente descomprometidos, encerrados en su famosa “torre de marfil” ¡dicen tanto acerca del mundo al que quieren dar la espalda! Escribir es delatarse a todos los niveles: como individuo - sin duda- pero quizás aún más como ser social.
- Dice W. H. Auden que el poeta es el legislador del futuro, alguien que retiene la función crítica y preserva la inteligencia del lenguaje. ¿Qué opina de esto?
- Creo que el poeta, el crítico, el escritor, son los grandes disfrutadores de la existencia gracias a la literatura. Eso, por un lado. Por otro, son los responsables de la construcción de los relatos que definen nuestro momento histórico, entendiendo relato en el sentido filosófico del término. Es curioso que hoy sea más esclarecedor, a la hora de entender nuestra época, leer textos de ficción o crítica literaria que ciencias políticas o inclusive historia. (Y pido perdón por la irreverencia). Para satisfacer la pregunta que se me hace, quiero aclarar también que la “inteligencia” del lenguaje tiene gran cantidad de sostenedores, muchos más en número que los literatos. Hablo del universo de lectores y de otro todavía más amplio, el universo de hablantes.
© LA GACETA
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