La caída de más de 100 árboles en 60 días

07 Enero 2014
Son más sus virtudes que sus defectos. Son regalos de la madre naturaleza. Sus principales depredadores suelen ser el viento, la lluvia y la maldad humana. Los árboles pasan a menudo inadvertidos, sin embargo, en los días de intenso calor salen del bajo perfil y ganan protagonismo en las plazas y en las calles. Sin embargo, la buena suerte les viene siendo esquiva en los últimos meses, porque se cayeron más de 100 ejemplares en la provincia, en algunos casos, provocando daños relevantes.

A comienzos de noviembre, fuertes vientos, seguidos de tormenta, derribaron más de 30 árboles en Yerba Buena. A fines de ese mes, las ráfagas voltearon alrededor de 45 en San Miguel de Tucumán, mientras que el 31 de diciembre cayeron 40 en Simoca y el jueves pasado, 21 más.

Algunas de las causas por las que caen, se debe a que son muy viejos y han cumplido su ciclo de vida o se encuentran en mal estado. “En el caso de Yerba Buena, el arbolado de la avenida Aconquija está integrado por tarcos y lapachos de más de 70 años y que bien podrían comenzar a ser reemplazados”, dijo un docente de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT. El catedrático señaló que los ciudadanos deben tener más respeto por el arbolado y habló de la necesidad de destinar más recursos al cuidado de los espacios verdes.

En opinión del director municipal de Espacios Verdes, las olas de calor sostenidas ponen en situación de estrés a los árboles y los dejan inermes. “A eso hay que sumarles los daños que muchos ejemplares han sufrido en las raíces a causa de excavaciones y construcciones, especialmente en la zona céntrica. Además, las últimas tormentas se manifestaron con una violencia tal que no sólo afectaron árboles longevos, sino también a los jóvenes”, indicó.

La depredación ciudadana es significativa. En septiembre pasado, una estadística de la municipalidad capitalina daba cuenta de que un 40% de los árboles que se plantaban no llegaban a superar los dos años de crecimiento como consecuencia del vandalismo. “Es altísimo el promedio que se pierde; se depreda cerca de un 40%, aunque volvemos a plantar en los lugares donde no creció el ejemplar. A eso hay que sumarle un 10% de pérdidas por la sequía, porque no estuvo plantado con la profundidad recomendada y por factores de su propio crecimiento natural”, dijo en esa oportunidad el subsecretario municipal de Obras Públicas.

En alguna otra ocasión, hemos señalado en esta columna que desde la edad más temprana se podría inculcar en las escuelas el amor por los árboles y la naturaleza, en general, destacando los enormes beneficios que proporcionan especialmente para contrarrestar la contaminación ambiental en las ciudades, cada vez más ahogadas por los gases nocivos del parque automotor.

En 2011, un funcionario municipal anunció que Espacios Verdes y la UNT harían en forma conjunta un censo para saber cuántos árboles había en la ciudad. El trabajo iba a consistir en verificar la edad de cada ejemplar, la altura y el estado fitosanitario. “Gracias al GPS, los vamos a ubicar a todos en un mapa”, señaló.

Sería importante para la salud arbórea y ciudadana que hubiese una sostenida acción de mantenimiento del arbolado y que se apelara a la educación para que cedan las acciones depredadoras y los tucumanos nos convirtamos finalmente en los mejores amigos y protectores de los árboles.

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