Jose Ariel Ibañez
Por Jose Ariel Ibañez 23 Diciembre 2013
Motos por aquí, motos por allá. Hay de todos los tamaños. Grandes, medianas y chicas. También puede elegir el color que más le guste, seguramente encontrará el modelo a su medida. Desde hace varios años, el fenómeno de las motos no para de crecer. Cada vez hay más unidades en las calles y tienen múltiples usos. Algunos las compran para trabajar, otros para economizar dinero en el traslado al trabajo y no faltan los que simplemente las prefieren para divertirse o practicar algún deporte.

Las motos son de mucha utilidad cuando se les da un fin noble. Equipos de enduro suelen aprovechar las bondades de estos rodados para llevar ayuda a lugares donde es difícil acceder, especialmente en aquellos de alta montaña. También están prestos para socorrer a personas en casos de accidentes. Ellos generan sonrisas en mucha gente cuando ven que se acercan. La actividad deportiva sobre dos ruedas atrapa, apasiona. Ver la capacidad para conducir de los pilotos genera asombro, provoca aplausos, promueve ovaciones. Verlos andar a una velocidad que asombra, es motivo de admiración. Cuando las ven pasar, los fanáticos aplauden y disfrutan. Lamentablemente, en los últimos días, algunos se encargaron de arruinar la imagen de las motos. Todo comenzó cuando aparecieron los “motochorros” o “motoarrebatadores”, que las usan para delinquir. Generalmente andan en pareja. Uno se baja, arrebata lo quiere robar, se sube al rodado y huye. En ese grupo algunos no respetan la vida humana. Si no pueden robar, matan.

Pero el mal mayor llegó durante las dos violentas jornadas que tuvieron en vilo a los tucumanos. Patotas recorrían las calles en moto para robar. Se armaron verdaderas bandas que obligaron a los vecinos a defenderse. Se colocaron barricadas y se arrojaron pedazos de vidrios en las calles para evitar que circulen. Las motos despertaron temor, angustia, miedo. Por eso, después de los saqueos, muchos sienten el ruido de una moto y tiemblan.

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