Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 22 Diciembre 2013
Cierra los ojos. Respira profundo. Se fue el año. Nada se puede hacer, pero tal vez quedan desafíos para el nuevo ciclo. Llega Nochebuena. Una sonrisa puede ser la moneda de cambio para fidelizar la unión familiar; también para olvidar viejos rencores y acompañar con un abrazo. Pucha, pero si hoy estamos y mañana…quién sabe. La vida está hecha de buenos momentos. Los malos nos ayudarán a crecer, a curtir el cuero para que la próxima vez lo superemos con mayor holgura. Si se te escapa una lágrima, es inevitable. En la misma mesa navideña seguramente estarán sentados nuestros seres queridos, esos que dejaron este plano, pero que siempre nos acompañarán. Siempre. Esa copa que está servida tiene destinatario. Cierra los ojos. Recuerda los mejores pasajes de tu vida. Y ahora suspira.

No importan nuestras creencias; sí que cada Navidad nace algo nuevo dentro nuestro. ¿Por qué no podemos darnos la oportunidad de empezar de nuevo? ¿Dónde está escrito que todo está perdido? ¿Quién me puede negar la posibilidad de soñar? ¿Cómo no emerger del pozo? ¿Qué nos inspira a hacer mejor las cosas? Tantas preguntas que solemos hacernos cuando llegan estas fechas.

Los problemas pueden lanzarse como esas cañitas voladoras que salen de la botella después de las 0 del 25. Dejarlos a un lado, al menos por un rato. Esta Navidad, como otras, es la oportunidad para renovarse. ¿Estás dispuesto/a a asumir el reto? La vida transcurre entre lágrimas y sonrisas. Nada es fácil. Es un camino lleno de piedras. Entonces, ¿por qué no hacerlas a un costado para crecer? Piénsalo a la hora del brindis. Mañana puede ser mejor. Salud!!!

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