Se acerca esta altura del año y, una vez más, no me encuentro en la mejor de las condiciones estéticas para afrontar el calor. No importa cuántos artículos haya leído desde mayo acerca de “cómo llegar en forma al verano”. Tampoco importan cuántas vueltas corrí durante el año alrededor de la plaza de mi barrio en un intento inútil de quemar calorías. Ni las tortuosas dietas a las que las que me sometí, pero que traicioné cada fin de semana. Tal como me viene sucediendo desde hace casi 30 años: no llegué al verano.
Me enfrento de nuevo al desafío de ponerme la malla que usé el año pasado. Me paro frente al espejo, observo mis “curvas” y ratifico que a mi salvavidas natural sólo le falta el patito para saltar al agua. Pero esta vez decidí asumirlo de otra manera. ¡Basta de flagelarme! Las vacaciones están encima y hay cosas que a esta altura no van a cambiar. Si estás pasando por lo mismo -debemos ser varias y varios- te recomiendo que dejes de lamentarte y te olvides de los prejuicios. Comprate esa malla que tanto te gusta y que siempre pensaste que no era para vos (después de todo no todos tenemos el cuerpo de “Pampita” o Benjamín Vicuña). Dejá de concentrarte en lo que te sobra, en lo que te falta y en lo que se te marca, y salí a disfrutar de lo más lindo del verano: el sol, el mar, el río o la pelopincho del fondo de tu casa.
Al fin y al cabo, después las fotos se editan, las críticas se ignoran y en ningún lado está escrito que debamos tener 90-60-90 y cero celulitis. Divertite, pasala bien, sentite lindo cada vez que te mires al espejo con ese tono bronceado y tirate a la pileta. Todo lo demás es cotillón.
Me enfrento de nuevo al desafío de ponerme la malla que usé el año pasado. Me paro frente al espejo, observo mis “curvas” y ratifico que a mi salvavidas natural sólo le falta el patito para saltar al agua. Pero esta vez decidí asumirlo de otra manera. ¡Basta de flagelarme! Las vacaciones están encima y hay cosas que a esta altura no van a cambiar. Si estás pasando por lo mismo -debemos ser varias y varios- te recomiendo que dejes de lamentarte y te olvides de los prejuicios. Comprate esa malla que tanto te gusta y que siempre pensaste que no era para vos (después de todo no todos tenemos el cuerpo de “Pampita” o Benjamín Vicuña). Dejá de concentrarte en lo que te sobra, en lo que te falta y en lo que se te marca, y salí a disfrutar de lo más lindo del verano: el sol, el mar, el río o la pelopincho del fondo de tu casa.
Al fin y al cabo, después las fotos se editan, las críticas se ignoran y en ningún lado está escrito que debamos tener 90-60-90 y cero celulitis. Divertite, pasala bien, sentite lindo cada vez que te mires al espejo con ese tono bronceado y tirate a la pileta. Todo lo demás es cotillón.
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