La luna anaranjada, rara como encendida, se eleva con prisa y sin pausa. Un colchón de algodones blancos y densos corta el cielo en dos hemisferios. Abajo está el rompecabezas de la corteza terrestre con sus parcelas y texturas de formas caprichosas. Arriba, la inmensidad.
Avanza la aeronave y las nubes otrora mullidas comienzan a deshilacharse. El viento esparce las esporas de cristal. Un cielo de arena, rugoso y efímero, da paso a un escenario agrisado. Este no saber qué pasa ni dónde se está, este flotar en la oscuridad de un túnel cerrado y siniestro, quizá sea el aislamiento total.
Entonces, el supuesto pantano se retira para dar paso a la claridad. Las ráfagas de aire juegan a desordenar el firmamento. Allá parece que hay un desierto; más lejos, una llanura abrillantada; más cerca; una quebrada. En el blanco, un millón de blancos distintos a cual más puro y más limpio.
Las geografías del cielo se suceden sin solución de continuidad. Son frágiles y pasajeras, eternas causahabientes de la precariedad. El espectáculo, sin embargo, subyuga con sus matices y arbitrariedades. ¿Quién sabe a cuántos ojos habrán embriagado de asombro estas nubes traviesas? ¿Quién pudiese habitar en los mapas de la levedad?
Avanza la aeronave y las nubes otrora mullidas comienzan a deshilacharse. El viento esparce las esporas de cristal. Un cielo de arena, rugoso y efímero, da paso a un escenario agrisado. Este no saber qué pasa ni dónde se está, este flotar en la oscuridad de un túnel cerrado y siniestro, quizá sea el aislamiento total.
Entonces, el supuesto pantano se retira para dar paso a la claridad. Las ráfagas de aire juegan a desordenar el firmamento. Allá parece que hay un desierto; más lejos, una llanura abrillantada; más cerca; una quebrada. En el blanco, un millón de blancos distintos a cual más puro y más limpio.
Las geografías del cielo se suceden sin solución de continuidad. Son frágiles y pasajeras, eternas causahabientes de la precariedad. El espectáculo, sin embargo, subyuga con sus matices y arbitrariedades. ¿Quién sabe a cuántos ojos habrán embriagado de asombro estas nubes traviesas? ¿Quién pudiese habitar en los mapas de la levedad?
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