La famosa muletilla del gobernador - “... y todavía nos queda mucho por hacer” - nunca fue tan cierta, tan ajustada a la aplastante realidad como ahora. Queda tanto por hacer después de los trágicos sucesos del 9 y el 10, que tendríamos que retroceder para llegar al punto donde equivocamos el camino como sociedad y como gobierno. Lo triste es que el tiempo no retrocede. Lo hecho, hecho está y habrá que preguntarse por qué ocurrió para que no vuelva a repetirse. Alguien nos dirá: ¡pero si eso ya lo vivimos el 19 y el 20 de diciembre de 2001”. Y otro contestará, “sí pero son situaciones diferentes, era otro gobierno, otro país y se robaba para comer”. Entonces se podrá concluir que la coyuntura puede haber cambiado, esto es, el signo político, los problemas sociales y hasta la situación económica de la gente si lo comparamos con lo que ocurría 12 años atrás, pero es innegable que la forma en que reaccionó una parte de la sociedad fue similar. Que puede haber habido grupos que organizaban y alentaban los saqueos, seguro. Pero si lograron esa explosión social fue porque el terreno estaba dinamitado. Claro que hubo diferencias con los saqueos del 2001: en la calidad de los objetos robados, en la cantidad de las personas que participaron, en la violencia con la que actuaron, en la extensión del conflicto a otras provincias... Esta vez la malignidad de los hechos fue mayor. La herida social fue más profunda. Pero siempre en el mismo sentido. Lo diferente fueron: 1- la solidaridad que se creó entre los vecinos durante y después de los saqueos, como una reacción natural de autoprotección del tejido social, para que no se terminaran de desgarrar las carnes del cuerpo social. 2- Que esta vez no vimos los saqueos por televisión, sino que los sufrimos en carne propia los tucumanos. En la televisión estaba la Presidenta bailando con Moria Casán. Pero ella no nos vio. Esta sí puede ser una peligrosa coincidencia: que los gobernantes no acepten su responsabilidad en los hechos, que digan “esto fue organizado desde afuera”, y que las cosas sigan como están o, lo que es peor, se profundicen.
A una semana de la Nochebuena, conviene releer la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium en la que el papa Francisco parece hablarnos sobre este tema. Desde el título del capítulo 59, “No a la inequidad que genera violencia”, parecía advertirnos lo que no fuimos capaces de escuchar: “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad”.
Si queda mucho por hacer, lo hagamos, pero esta vez en sentido contrario.
A una semana de la Nochebuena, conviene releer la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium en la que el papa Francisco parece hablarnos sobre este tema. Desde el título del capítulo 59, “No a la inequidad que genera violencia”, parecía advertirnos lo que no fuimos capaces de escuchar: “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad”.
Si queda mucho por hacer, lo hagamos, pero esta vez en sentido contrario.
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