29 Octubre 2003 Seguir en 
Por Juan Manuel Asis
Carlos Corach, ex ministro del Interior, dijo que el menemismo fue una moda, una forma de hacer y de ser que ya pasó. Luego vino la era "de la duda" de Fernando de la Rúa. Así le fue. Ahora se habla del estilo "K". El que llega al gobierno deja una huella, que generalmente no coincide con la impronta que le quiso dar. Así se habló de poder pero con corrupción y de honestidad pero sin capacidad. Néstor Kirchner quiere el poder -hablando de transversalidad-, reniega de la corrupción -ligándola al menemismo- e ideologizó sus actos. Veremos cómo le va.
En Tucumán, los últimos gobernadores también quisieron imponer un estilo. El cantautor Ramón Ortega, como novato de la política, consultaba y resolvía, pero delegaba la ejecución en sus funcionarios. El ex militar Antonio Bussi sólo decidía y esperaba que sus ordenes se cumplieran sin peros. Intentó aplicar un régimen castrense y convertir al Estado en un gigantesco cuartel. Le falló la estrategia, o bien sus subordinados no lo entendieron, porque terminó mintiendo como político, según sus propias palabras. El sindicalista Julio Miranda privilegió el consenso como método de gestión, propio de su formación gremial. Le sirvió para calmar ánimos y para responder a intereses sectoriales y de amigos, pero no para evitar el descrédito de su persona, el mismo que lo llevó a hacer la peor elección del peronismo tucumano.
Hoy asume el quincuagésimo noveno gobernador de Tucumán y el decimoquinto elegido democráticamente desde Próspero Mena (1898). Como los anteriores, el empresario José Alperovich querrá darle un perfil propio y distintivo a su labor, el estilo "Al". Desde el vamos se distingue de todos los demás; será el primer gobernador de religión judía. ("y el primer presidente judío", dicen que se escuchó en su entorno íntimo, anhelo que suena apresurado). Alperovich quiere diferenciarse de sus antecesores, pero especialmente de Julio Miranda. Aspira a dejar una marca como el primer gobernador elegido del milenio. No hay nada de malo en eso, ojalá logre que todo mejore.
Y Alperovich tiene la fórmula para no ser como los anteriores. En una ocasión dijo "yo no soy Ortega", después acusó a Bussi de genocida, y últimamente se distanció de Miranda al afirmar que recibe una provincia que está mal. Sólo dice que no es como los demás; por delante tiene cuatro años para demostrarlo. Expuso aquella fórmula cuando presentó su gabinete. Indicó que todos los que llegaron al gobierno fracasaron en su meta de cambiar Tucumán por el individualismo y las internas en el gabinete. Trascartón señaló que en su gobierno no habrá internas, ni un ministro que actúe por sí solo.
Y dijo más para que lo interpreten. "Fracasaron porque cada uno quería ser una estrella, en mi gobierno no las habrá, la estrella será el equipo". No quedan dudas de lo que quiso decir: él conducirá un equipo de colaboradores apolíticos y de perfil bajo. ¿Cabe preguntar aún quién será la estrella? Se viene un estilo "Al", con algunos de los atributos de Luis XIV, el francés Rey Sol. Con esa frase no sólo justificó la presencia de no peronistas en su gabinete sino que desnudó su intención de poner su gestión fuera de la esfera de influencia del justicialismo.
La estrepitosa derrota del peronismo, con Miranda a la cabeza, le viene de perillas para su proyecto de fijar límites a su relación con el PJ. Pero todo tiene contraindicaciones. Los resultados son una advertencia sobre lo que la gente quiere -por lo menos, la que votó, aunque la abstención también conlleva su propio mensaje- y sobre el nuevo mapa político que se dibujó.
Alperovich quiere concitar la atención. Los detalles de su asunción así lo revelan -con música de fondo, como las luminarias del boxeo al subir al ring-. También aspira a que lo miren como un hacedor diario, sin descanso. Por eso hará construir un dormitorio al lado de su despacho. Un nuevo estilo.
Carlos Corach, ex ministro del Interior, dijo que el menemismo fue una moda, una forma de hacer y de ser que ya pasó. Luego vino la era "de la duda" de Fernando de la Rúa. Así le fue. Ahora se habla del estilo "K". El que llega al gobierno deja una huella, que generalmente no coincide con la impronta que le quiso dar. Así se habló de poder pero con corrupción y de honestidad pero sin capacidad. Néstor Kirchner quiere el poder -hablando de transversalidad-, reniega de la corrupción -ligándola al menemismo- e ideologizó sus actos. Veremos cómo le va.
En Tucumán, los últimos gobernadores también quisieron imponer un estilo. El cantautor Ramón Ortega, como novato de la política, consultaba y resolvía, pero delegaba la ejecución en sus funcionarios. El ex militar Antonio Bussi sólo decidía y esperaba que sus ordenes se cumplieran sin peros. Intentó aplicar un régimen castrense y convertir al Estado en un gigantesco cuartel. Le falló la estrategia, o bien sus subordinados no lo entendieron, porque terminó mintiendo como político, según sus propias palabras. El sindicalista Julio Miranda privilegió el consenso como método de gestión, propio de su formación gremial. Le sirvió para calmar ánimos y para responder a intereses sectoriales y de amigos, pero no para evitar el descrédito de su persona, el mismo que lo llevó a hacer la peor elección del peronismo tucumano.
Hoy asume el quincuagésimo noveno gobernador de Tucumán y el decimoquinto elegido democráticamente desde Próspero Mena (1898). Como los anteriores, el empresario José Alperovich querrá darle un perfil propio y distintivo a su labor, el estilo "Al". Desde el vamos se distingue de todos los demás; será el primer gobernador de religión judía. ("y el primer presidente judío", dicen que se escuchó en su entorno íntimo, anhelo que suena apresurado). Alperovich quiere diferenciarse de sus antecesores, pero especialmente de Julio Miranda. Aspira a dejar una marca como el primer gobernador elegido del milenio. No hay nada de malo en eso, ojalá logre que todo mejore.
Y Alperovich tiene la fórmula para no ser como los anteriores. En una ocasión dijo "yo no soy Ortega", después acusó a Bussi de genocida, y últimamente se distanció de Miranda al afirmar que recibe una provincia que está mal. Sólo dice que no es como los demás; por delante tiene cuatro años para demostrarlo. Expuso aquella fórmula cuando presentó su gabinete. Indicó que todos los que llegaron al gobierno fracasaron en su meta de cambiar Tucumán por el individualismo y las internas en el gabinete. Trascartón señaló que en su gobierno no habrá internas, ni un ministro que actúe por sí solo.
Y dijo más para que lo interpreten. "Fracasaron porque cada uno quería ser una estrella, en mi gobierno no las habrá, la estrella será el equipo". No quedan dudas de lo que quiso decir: él conducirá un equipo de colaboradores apolíticos y de perfil bajo. ¿Cabe preguntar aún quién será la estrella? Se viene un estilo "Al", con algunos de los atributos de Luis XIV, el francés Rey Sol. Con esa frase no sólo justificó la presencia de no peronistas en su gabinete sino que desnudó su intención de poner su gestión fuera de la esfera de influencia del justicialismo.
La estrepitosa derrota del peronismo, con Miranda a la cabeza, le viene de perillas para su proyecto de fijar límites a su relación con el PJ. Pero todo tiene contraindicaciones. Los resultados son una advertencia sobre lo que la gente quiere -por lo menos, la que votó, aunque la abstención también conlleva su propio mensaje- y sobre el nuevo mapa político que se dibujó.
Alperovich quiere concitar la atención. Los detalles de su asunción así lo revelan -con música de fondo, como las luminarias del boxeo al subir al ring-. También aspira a que lo miren como un hacedor diario, sin descanso. Por eso hará construir un dormitorio al lado de su despacho. Un nuevo estilo.







