29 Octubre 2003 Seguir en 
No puede admitirse que los ciclistas sigan considerándose exentos de las normas elementales vigentes para circular en la vía pública. A cada minuto se puede advertir que quienes van montados en bicicletas entienden que para ellos no rigen las indicaciones de los inspectores de tránsito, ni las luces de los semáforos. Está de más decir que esa conducta crea serias posibilidades de accidentes, e inyecta una nota más de desorden en el complicado movimiento de la ciudad.
Tampoco parece que existan otras normas para los ciclistas. No es posible, por ejemplo, que se dejen las bicicletas amarradas con cadenas a las farolas de las peatonales, o a los recipientes metálicos existentes en las aceras, o a los balcones de las casas. Urge terminar con semejante espectáculo de anarquía urbana, que el paso del tiempo no hace más que multiplicar.
San Miguel de Tucumán, con una población de más de medio millón de habitantes, un cuantioso parque automotor y un tránsito febril durante la mayor parte de la jornada, ya no tiene lugar para desbordes como los que apuntamos. Urge que la Municipalidad cumpla con su deber modificando dicha realidad, tantas veces mentada en estas columnas.
Tampoco parece que existan otras normas para los ciclistas. No es posible, por ejemplo, que se dejen las bicicletas amarradas con cadenas a las farolas de las peatonales, o a los recipientes metálicos existentes en las aceras, o a los balcones de las casas. Urge terminar con semejante espectáculo de anarquía urbana, que el paso del tiempo no hace más que multiplicar.
San Miguel de Tucumán, con una población de más de medio millón de habitantes, un cuantioso parque automotor y un tránsito febril durante la mayor parte de la jornada, ya no tiene lugar para desbordes como los que apuntamos. Urge que la Municipalidad cumpla con su deber modificando dicha realidad, tantas veces mentada en estas columnas.







