Desafíos para el nuevo gobierno

La crisis de la provincia no puede esperar y el nuevo gobernador debe hacerle frente a la brevedad.

29 Octubre 2003
Hoy asume el nuevo gobernador de Tucumán, elegido para el período constitucional de cuatro años. Intensas y variadas son las expectativas que la ciudadanía deposita en su persona y en su equipo. Y ellas se hacen mucho más vastas y premiosas, si cabe, cuando se piensa que el recambio ocurre en una especial etapa de la historia de la República, cuando es nítida para todos la urgencia de reacomodar todas sus estructuras, y así poder sortear una crisis moral, política, económica, institucional y social que carece de todo precedente en nuestra historia próxima o remota.
Tucumán espera, decimos, muchas cosas de su nuevo Gobierno, enfrentado al desafío de remover esos obstáculos que nos han convertido, poco a poco, en una provincia postergada, que presenta constantemente, ante el mundo y ante el país, una pésima imagen que se circunscribe a sus costados más oscuros. No puede negarse que este mandatario tiene abierta una oportunidad singular para encarar tales propósitos, dada la circunstancia histórica de tener más poder que otros que lo antecedieron. De más está decir que ese poder debe ser utilizado con especiales discreción y sabiduría, lo que implica tener especial cuidado con las leyes que le ha dejado la anterior Legislatura, así como con la reforma de la Constitución.
Necesitamos agudamente que se favorezca nuestro desarrollo económico, logro que sólo podrá obtenerse garantizando una previsibilidad jurídica que hasta el momento ha brillado por su ausencia. Sin seguridad jurídica no puede haber crecimiento económico, porque nadie se arriesga a invertir en un lugar donde no se respetan las reglas.
Necesitamos una administración que gobierne realmente para todos los tucumanos y no que lo haga solamente en beneficio de un sector: de acuerdo con el mecanismo republicano, terminada la coyuntura de la elección, el gobernante lo es de todos, y no solamente de su partido o de sus electores. Esta es una cuestión clave, como también la es dotar de indiscutible transparencia a los actos del Estado, garantizando todo aquello que es esencia de la democracia bien entendida. Hablamos de la vigencia absoluta de la libertad de expresión y del pluralismo político; hablamos de aceptar el disenso y la crítica y, por lo tanto, de aceptar, en plenitud y sin trabas de ninguna especie, los entes de control independientes.
Tucumán debe con urgencia recuperar la cultura del trabajo, sobre la cual cimentó siempre sus mejores resultados, y que se ha desleído tanto en estos últimos años. Para nadie es un secreto, además, el carácter premioso que reviste recuperar la paz social. No puede seguir caracterizada nuestra vida cotidiana por concentraciones de protesta en la vía pública, por cortes de calles o de rutas, o por la suspensión de servicios que la población necesita ver prestados regularmente y con normalidad. No parece sencillo pacificar los ánimos en medio de una crisis; pero es algo susceptible de lograr con políticas inteligentes y realistas, que prefieran enfrentar los problemas en su inicio y no ocuparse de ellos recién en el momento en que se tornen inmanejables.
Tucumán necesita también la vigencia real de un sistema de seguridad pública, que termine con el azote de la delincuencia y que modifique el clima de zozobra permanente en que viven sus ciudadanos. Ninguna comunidad puede progresar si no experimenta la cabal sensación de que el Estado protege su vida y su hacienda.
Un proyecto para que la provincia emerja de su postración debe ser planteado a partir del consenso, y es lo que debe buscar afanosamente el nuevo Gobierno. Sólo podremos salir adelante a partir de una serie de ideas-fuerza y de iniciativas básicas en las que todos concuerden.

Tamaño texto
Comentarios