Tiempo de revancha

Ni Bussi ganó tanto, ni Miranda fue el único derrotado.

28 Octubre 2003
Las urnas dieron su veredicto. Hay 400.000 tucumanos -la mitad de los que estaban en condiciones de votar- a los que no les importa quiénes decidirán por ellos en el Congreso de la Nación.
Ricardo Bussi fue el gran triunfador de la jornada y Julio Miranda, la imagen de la derrota. Ellos se convirtieron en el emblema de la última elección de 2003, pero son simplemente la síntesis de un frondoso anecdotario.
El hijo de Bussi sacó el título de heredero y de líder del partido. Fuerza Republicana venía a los tumbos desde aquel 6 de junio en que se acostó ganadora y se levantó perdidosa. Nunca se recuperó de ese golpe hasta el domingo. En ese lapso fue Bussi (h) quien se puso sobre las espaldas a FR y ayer, cuatro años después, pudo volver a sonreír.
Sin embargo, el flamante senador electo se equivoca cuando mezcla la política con la Justicia. Es cierto que le vino bien la detención de su padre para recuperar fuerzas en su partido y que hasta la victimización del general preso ayudó a sumar votos. No obstante, Bussi es juzgado por la desaparición de personas. Ello nada tiene que ver con el caudal de votos ni con el apoyo ciudadano. El hijo del general es el que proclama que hay una nueva y una vieja política. Esta última es, precisamente, la que siempre trató de hacer que la Justicia dependa del capricho del poder de turno.

El mismo caudal
Fuerza Republicana consiguió cuatro bancas, pero mantuvo el caudal de votos históricos. Sus 140.000 sufragios no significan un crecimiento de FR, sino sólo que sigue de pie. Algo que parecía impensable el 29 de junio, cuando Esteban Jerez empezó a gatear en política y los dejó en tercer lugar.
El ex fiscal consiguió el domingo el diploma que tanto había buscado desde que se fue del palacio de Tribunales, pero todavía tiene varias materias pendientes. En verdad cosechó lo que le dio su imagen en aquella época, no lo que sembró en estos meses de desocupado político.Miranda, en tanto, tiene el título de perdedor, pero ganó. Consiguió lo que quería: cambiar el sillón de Lucas Córdoba por las mullidas poltronas del Senado. Si bien los bolsones estuvieron trabados y celosamente controlados por una oposición que hizo campaña con la denuncia de esas mañas electorales, tampoco había muchos dirigentes dispuestos a acarrear los bolsones. Miranda no es un hombre que confronte en el peronismo. Anota y no olvida. Por eso se quedó en silencio y no quiso hablar del resultado. Interiormente, siente que ahora no le debe nada a nadie; ni siquiera al presidente Néstor Kirchner, quien le dio un tibio apoyo y una foto para los afiches.

Un millón de traidores
El 20 de junio de 2002, el gobernador festejó el Día del Amigo y se difundió como eslogan, en una gran comida, aquella canción del cantante brasileño Roberto Carlos que decía: "Yo quiero tener un millón de amigos...". Después de los comicios cambió la letra. Miles de sus amigos se volvieron traidores.
Durante la campaña, Miranda y su sucesor José Alperovich mantuvieron una guerra silenciosa. Tensaron tanto la cuerda que el domingo se cayeron los dos. Alperovich quería que el actual mandatario tuviera menos votos que él, pero no tan pocos.
Asumirá dos días después de una fuerte derrota del peronismo y eso desbarata algunos planes. Alperovich tenía pensado en los primeros meses lanzar la convocatoria para elegir a los convencionales constituyentes, pero después de esta derrota nada le asegura que le irá bien y que tiene el triunfo asegurado.
Alperovich también quedó mal parado ante el presidente Néstor Kirchner, quien ahora tendrá en el Congreso a cinco bussistas. En el PJ las luchas fratricidas suelen ser mortales.

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