Caída del mapa

Tucumán debe inventarse como polo de desarrollo.

26 Octubre 2003
Por Nora Lía Jabif

A veces viene bien echarle un vistazo a la Historia, para entender el presente. Y -a las puertas de un nuevo gobierno- resulta oportuno el análisis del historiador norteamericano Mark Healey sobre el diseño de país que construyó hace 40 años el desarrollismo, y en el cual ya se avizoraba que Tucumán estaba destinado a "caerse del mapa".
Dice Healey que -al margen de su proclamado federalismo- el desarrollismo concentró sus esfuerzos en la industria pesada de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, y en la explotación de recursos energéticos en Mendoza, Salta y la Patagonia. En esos polos de desarrollo se definía el mapa futuro del país. El mismo estudioso recuerda que cuatro años después, con el Onganiato, el cierre masivo de ingenios y la desarticulación del tejido social y cultural llegó la estocada final para esta provincia que, en el siglo XIX, se había prometido protagónica en el diseño de la modernización de la Argentina.
Healey recuerda que tanto el desarrollismo como Onganía recurrieron al Consejo Federal de Inversiones (CFI) para integrar al desarrollo a las provincias que se habían quedado fuera de la modernización. En ambos casos, los proyectos del CFI se quedaron en carpeta, porque el organismo era consultivo, y no tenía poder de decisión.
Casi 40 años después, en este mes de octubre de 2003, el gobierno que está a punto de asumir también tiene en sus manos otro documento, que el CFI apenas ha difundido.

Una superposición
Allí se señala que en Tucumán hubo superposición de planes sociales y de beneficiarios. En esa investigación, que el organismo le encomendó a una consultora porteña, se enfatiza, entre otras conclusiones, en la necesidad de articular la acción social con el sector productivo.
El gobernador electo José Alperovich no podrá darse el lujo de guardar otra vez en el cajón el informe del CFI: él sabe que esta provincia tiene casi la mitad de sus hogares con hijos menores de 18 años sumidos en la indigencia.Y que los planes Jefes y Jefas de Hogar no llegaron a esos hogares, sino a los de aquella clase media-baja que se había ido "al descenso", y que logró esos beneficios asistenciales gracias a la "capacidad de gestión" que otorga el acceso a la información, o al puntero del barrio, qué más da.
Por eso no es caprichosa la preocupación de la responsable nacional de los planes de salud de Unicef, María Luisa Argeitos, cuando apunta que el 16% de las madres tucumanas son menores de 20 años. Y que el 12% de los chicos nacidos tienen mamás analfabetas. Ella, que conoce el terreno del que habla, se indigna de sólo recordar que hace treinta años que se discute cómo hacer para dividir en dos las cargas de la Maternidad Nuestra Señora de las Mercedes, que ya no da abasto para resolver una superpoblación de 12.000 partos mensuales.
El "documento 2003" del CFI indica, como ya se dijo, que urge articular la producción con lo social. En la última década, la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) e institutos dependientes del Conicet como el Proimi y el Cerela mostraron excelencia en la investigación y desarrollo en biotecnología. El ex secretario de Ciencia y Técnica de la UNT, Carlos Kirschbaum, que conoce de esas fortalezas, es ahora el secretario de Desarrollo e Innovación Tecnológica de la provincia. Kirschbaum (como pudo haberlo sido el abortado Ministerio de Salud para Carlos Fernández) aparece como una señal de perfil técnico en el gabinete.
Si a los papeles del CFI no se los llevara otra vez el viento, esas nuevas acciones para mitigar la pobreza podrían surgir del trabajo articulado entre esa secretaría y la de Desarrollo Humano, bajo el paraguas del Ministerio de la Producción. Si fracasan, Tucumán seguirá, como hasta ahora, caída del mapa.

Tamaño texto
Comentarios