La Corte del futuro

Un ente que siempre recibió magistrados afines al poder político.

25 Octubre 2003
Por Angel Anaya

La renuncia del juez Guillermo López a la Corte Suprema y el inminente trámite del juicio a su colega Adolfo Vázquez sellan el fin de la ominosa mayoría automática, pero intensifican reservas y esperanzas sobre la futura conformación del tribunal. Tal vez sea secundario si las propuestas de Kirchner con nombres de sucesores en los tres casos pendientes -los nombrados y Eduardo Moliné O?Connor- serán individuales o por ternas, frente a los interrogantes que se multiplican acerca de su independencia política. Después de décadas de experiencia es muy difícil aceptar de antemano la asepsia política que la gente demanda, y debe tenerse en cuenta que, desde los orígenes, fueron muy excepcionales los casos de independencia absoluta. A partir de Bartolomé Mitre, los presidentes de la Nación propusieron mayormente como jueces de la Corte a personalidades próximas o con afinidad ideológica. Sin embargo, esas situaciones fueron ampliamente compensadas por la idoneidad de los candidatos, así como por el absoluto respeto del equilibrio en el sistema de poderes, pues mientras los jueces eran inamovibles, los presidentes tienen mandatos temporales limitados. Tampoco hubo cambios totales o designaciones plurales y simultáneas, como ocurrió después de la revolución de 1943 en más de una ocasión, mientras la inamovilidad llegó a ser una ficción.

Las afinidades
Existe cuasi certeza de que la primera propuesta de Kirchner para sustituir a los que se irán tendrá nombre de mujer, pero debe señalarse que en la media docena que circula por las antesalas oficiales, todos de magistradas, no figura ninguno al que se le conozca proximidad o relación cuestionable con el oficialismo. Por otra parte, es muy improbable que el Presidente se exponga de nuevo con un perfil polémico como el de Eugenio Zaffaroni, al que tan disciplinadamente apoyó el oficialismo del Senado, hasta el punto de que más de un senador afirmó que lo hacía por disciplina antes que por convicción. De ese horizonte incierto el jefe del Ejecutivo deberá cubrirse, pues sería difícil repetir otra experiencia semejante en el Congreso. Lo que debería descartarse es que el Presidente reduzca nuevamente el número de jueces pero, de cualquier manera, la Corte seguirá funcionando en relativa emergencia hasta avanzado el año próximo, pues los trámites de designación abiertos serán prolongados.
Esto último, por cierto, no impedirá -según apreciaciones muy extendidas en el foro- que el máximo tribunal de Justicia se pronuncie, una vez que asuma Eugenio Zaffaroni, sobre las leyes de perdón declarando su inconstitucionalidad. Tal decisión daría marco adecuado a la reapertura de las causas por represión ilegal que los jueces están habilitando desde que el Congreso dispuso la polémica anulación de esos instrumentos que hace cinco años había derogado por innecesarios ante el transcurso del tiempo, aunque respetando los derechos adquiridos. (De nuestra Sucursal)

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