Napoleón decía que no estaba en su puesto para ser amado sino para gobernar. José Alperovich parece querer instaurar el mismo estilo. "Los que critican tienen miedo de que hagamos las cosas bien", dice. Y añade: "el que labure bien no tiene que tener miedo". Son dos frases en las que sobresale la palabra miedo y con la cual el inminente gobernador quiere mostrar que será ejecutivo e inflexible. Pero no puede evitar que el sabor a enfrentamiento se desprenda de sus palabras. Veamos otras frases de los últimos días: "a mí nadie me va a torcer el brazo en lo que respecta al bien de la provincia"... "voy a promulgar esas normas porque las necesito yo y las necesita la gente"... "ningún empleado público se va a ver perjudicado"... "no es mi intención damnificar a nadie sino mejorar la situación de la provincia"... "quiero que lo tengan fresco (al anuncio sobre su gobierno) porque mi responsabilidad es cumplirlo".
Es decir, se trata de mensajes positivos pero que han sido enunciados desde el punto de vista de la confrontación. Como gobernante que vino de un partido que lo mira con desconfianza -y de una población que está inquieta frente a la forma en que los bolsones ayudaron a que se mantenga en el poder la camarilla de Julio Miranda, a pesar de los índices de pobreza, desnutrición y atraso de la provincia- Alperovich tiene una necesidad brutal, casi agresiva, de mostrarse distinto.
"Agarramos una provincia que está mal, pero en un año será otra", dice. Y justifica las leyes autoritarias que le dieron los legisladores de Miranda y Sisto Terán afirmando que serán útiles para lograr el cambio. Espera que la sociedad confíe en que él será ejecutivo, eficiente, que no se excederá ni se volverá autoritario.
Ese estilo desesperado por los resultados ya le generó dos renuncias anticipadas: la del vicerrector de la UNT, Carlos Fernández -primer candidato a ministro de Salud- y del empresario Federico Lanati, quien iba a encargarse de Turismo. Lanati se apartó al enterarse de que su área no iba a depender de la Gobernación sino del Ministerio de la Producción. Se la baja de categoría, a contrapelo de lo que se hace en el país y en provincias exitosas en esta cuestión, como Salta. El empresario dice que no pudo hablar con Alperovich y que le dieron un mensaje inflexible. "La decisión está tomada", le dijeron.
El caso de Fernández fue más conflictivo. El no estuvo de acuerdo con que se nombrara en el Subsidio de Salud al contador Mario Koltan, empresario de salud recordado por los escándalos con que su firma Codesa gerenció el PAMI. Los jubilados le pusieron camas frente a la prestadora para echarlo. Y lo echaron. Tampoco hubo acuerdo entre Fernández y Alperovich en cuanto al inesperado plan de este último de poner empresarios a gerenciar los hospitales. Fernández y Lanati, después de que cada uno elaboró proyectos para sus áreas, tuvieron que irse frente a la necesidad de Alperovich de producir efectos ya en su gestión.
Lo más dramático parece ser la cuestión sanitaria en una provincia devastada. ¿Cómo hará Juan Manzur, el designado ministro de Salud, para acomodar un sistema que hace agua? La relación médico-paciente está rota, desde el momento en que los profesionales de la salud trabajan a desgano por la mala aplicación de la carrera sanitaria y por la burocracia. El gremio de la sanidad está en pie de guerra. Fernández tiene un perfil técnico, prudente y dialoguista, que no se condice con el estilo guerrero de Alperovich. ¿Es la confrontación el mejor camino o se incendiarán los hospitales?
Estos primeros cortocircuitos parecen anticipar lo que vendrá. Podría ser difícil para todos y quizás bueno para la provincia. O podría generarse el caos. Bien haría el nuevo gobierno en mirar la experiencia de Napoleón, cuyo estilo autoritario funcionó mientras cosechaba éxitos. Hasta que se ganó el odio de todos y llegó a Waterloo.
25 Octubre 2003 Seguir en 
Por Roberto Delgado







