Los brutos y los malos

Llegan las elecciones pero no la fiesta de la democracia.

23 Octubre 2003
Por Alvaro José Aurane

"El mal de este tiempo, y especialmente de este país, son los brutos. Y tú sabes que peor es un bruto que un malo". Carta de Juan Domingo Perón a Eva Duarte, del 13 de octubre de 1945, desde la prisión de la isla Martín García.

En la Argentina, el día de la Constitución no es feriado. Peor aún, no hay un Día de la Democracia. Este año, el hecho de que se están cumpliendo 20 años de su advenimiento pasa sin pena ni gloria. Quizás por ello, el imaginario social enmendó esta falacia estableciendo consuetudinariamente que cada acto eleccionario es "una fiesta de la democracia". En el plano de la realidad, la excepción -no podía ser de otra manera- parece ser Tucumán.
Con una proximidad tan llamativa como peligrosa, el Poder Ejecutivo adquiere módulos alimentarios para armar bolsones por decenas de miles. El Frente Anticorrupción, por el modo en que se adquirió esta mercadería, acusa al gobernador Julio Miranda de, supuestamente, malversar fondos. El Frente del Encuentro Popular, en tanto, denunció ante la Justicia que el mandatario viene ejecutando, presuntamente, un plan sistémico de fraude electoral con la entrega de estos bienes. Los partidos de izquierda repudian la coima electoral y reniegan de la dádiva oficialista.
Ya respecto de las elecciones de junio, la UCR y Recrear habían denunciado que se habrían volcado las urnas a una escala inconmensurable. FR, complementariamente, sostenía que antes que un fraude, era buena parte de la sociedad la que había decidido venderse.
En el subtrópico, cuando llega la estación comicial, no hay nada por lo cual festejar. Hasta la Nación toma distancia. Ayer, en Radio América, el jefe de Gabinete Alberto Fernández dijo que el apoyo del presidente Kirchner al PJ tucumano pasa por la candidata a senadora Stella Maris Córdoba. Toda una afrenta.El escenario promueve una indagación ineludible. Exactamente, ¿qué clase de democracia es la que tiene la provincia? A la luz de las denuncias, afirmar que se trata de una democracia de las más legítimas sería materia opinable.
También promovería polémica afirmar que es una democracia formal, empleando otro término de los usados por el historiador José Luis Romero, en "Las ideas políticas en la Argentina". El viernes 3, la Legislatura aprobó una serie de leyes que confirieron una anticonstitucional acumulación de poder al Ejecutivo, con el consecuente vaciamiento de autoridad de la Cámara. Cuando se promulguen -cosa que el gobernador electo José Alperovich confirmó a LA GACETA que hará-, los decretos del Gobierno quedarán firmes sin necesidad de ratificación parlamentaria; se reformará el sistema de casación penal en la Justicia; el ministro fiscal tendrá menos poderes; podrán trasladarse empleados públicos intempestivamente, y los municipios y las comunas podrán intervenirse con el voto de sólo 21 parlamentarios.
Como si la disfuncionalización no bastara, las normas aún no se comunicaron al PE, para conjurar cualquier posibilidad de veto. Sobresale que tampoco estamos ante una democracia equilibrada. Sobre la base de la igualdad ante la ley, también debería establecerse que el gobernador o el vicegobernador pudieran ser depuestos con la misma cantidad de votos que los delegados comunales y que los intendentes, administradores de la cosa pública electos por el voto popular.
Pese al perfil trazado por el mirandismo, lo cierto es que no puede negarse que hay una democracia en la provincia. Aun ante la advertencia del sociólogo Alain Touraine, respecto de que votar regularmente no equivale a vivir en una democracia.La de Tucumán parece ser una democracia que resiste. Lo que también puede leerse como una democracia vapuleada. No hay gobierno del pueblo, por él y para él. Basta, si no, mirar el récord de mortalidad infantil por desnutrición.
Por ello, la advertencia de Perón a su segunda esposa es todo un testimonio. En su tiempo, parece decir, se podía ser malo o bruto. O en todo caso, había un bando para cada cual. Hoy, ambos atributos resultan concurrentes. O las dos facciones unificaron personería.

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