21 Octubre 2003 Seguir en 
Algo de extremada importancia dentro de la vida de una ciudad moderna es, sin duda alguna, su servicio de transporte público de pasajeros. Constituye uno de los indicadores fundamentales de su grado de progreso, dada la incidencia que tal servicio tiene dentro de la vida de la población en general. Así es como las urbes más importantes del mundo se esmeran por mejorar constantemente ese rubro, según consta a cualquier persona que haya viajado al extranjero. Por eso mismo inquieta advertir que, en nuestra ciudad, se esté viviendo un alarmante proceso inverso que, con el transcurso del tiempo, no hace sino acentuarse. Cabe recordar que, hasta hace no muchos años, el servicio de colectivos de Tucumán se contaba entre los mejores del interior del país. Muy distinta es su actualidad, según lo expone la amplia nota que le dedica nuestra edición de ayer. Sólo hay un tercio del parque de dichos vehículos en condiciones aceptables, en tanto las del resto oscilan entre el estado regular y el malo.
Los empresarios de este transporte sostienen que trabajan a pérdida, por el bajo precio del boleto y por el elevado costo de los repuestos, lo que los obliga a practicar sólo las reparaciones más urgentes en los coches, y eso en la medida en que pueden. Sostienen que, además, el pésimo estado de las calles destroza sus vehículos, sumando así un problema más a los muchos que tienen. Corresponde agregar, a estos argumentos, el del desmesurado crecimiento del transporte trucho de pasajeros en remises, lo que representa una competencia ilegal con las líneas de colectivos.
Los usuarios se quejan duramente del servicio. Cuestionan el ruidoso andar de las unidades, la suciedad y el destrozo de su interior, y el ningún respeto por la frecuencia horaria de los coches, lo cual impacta, sobre todo, en los vecinos de los barrios más alejados de la ciudad. Estas puntualizaciones han sido reflejadas con frecuencia, además, por nuestras cartas de lectores, donde se ofrecen sobrados ejemplos concretos acerca de las deficiencias.
Instalada una realidad como la que se apunta, nos parece que es preciso encarar de inmediato las estrategias y las acciones enderezadas a revertirla. Que Tucumán tiene muchos y críticos problemas es algo sobremanera conocido. Pero no podemos limitarnos a su verificación y a su descripción, sino que debe examinarse la manera de empezar a superarlos. Esta del transporte es una cuestión troncal, ya que se trata de un servicio público de una importancia similar a la del alumbrado o la recolección de residuos. Una ciudad no puede llamarse tal si sus autoridades son impotentes para asegurar una prestación de transporte en condiciones razonables.
El Concejo Deliberante tiene que aplicarse con urgencia al estudio y a la solución del problema de referencia. Debe examinarse la cuestión desde los puntos de vista de todas las partes involucradas, y adoptar decisiones equitativas y realistas, que consulten tanto las posibilidades y las expectativas de los usuarios como las igualmente atendibles que corresponden a la parte empresaria. Evidentemente, no es posible que la situación continúe en el estado de verdadera emergencia al que se ha llegado.
Al mismo tiempo, es preciso que se ejecuten, por el lado de la Municipalidad, todos los trabajos tendientes a mejorar las condiciones en que se desarrolla la prestación. Hablamos, por ejemplo, de terminar con el transporte trucho, y de un mejoramiento integral de las calles por las cuales cumplen su trayecto los colectivos. Los empresarios hablan de arterias cuyo estado de desastre los obliga a cambiar cinco o seis paquetes de elásticos por día, lo que resulta revelador de este aspecto de la cuestión.
Los empresarios de este transporte sostienen que trabajan a pérdida, por el bajo precio del boleto y por el elevado costo de los repuestos, lo que los obliga a practicar sólo las reparaciones más urgentes en los coches, y eso en la medida en que pueden. Sostienen que, además, el pésimo estado de las calles destroza sus vehículos, sumando así un problema más a los muchos que tienen. Corresponde agregar, a estos argumentos, el del desmesurado crecimiento del transporte trucho de pasajeros en remises, lo que representa una competencia ilegal con las líneas de colectivos.
Los usuarios se quejan duramente del servicio. Cuestionan el ruidoso andar de las unidades, la suciedad y el destrozo de su interior, y el ningún respeto por la frecuencia horaria de los coches, lo cual impacta, sobre todo, en los vecinos de los barrios más alejados de la ciudad. Estas puntualizaciones han sido reflejadas con frecuencia, además, por nuestras cartas de lectores, donde se ofrecen sobrados ejemplos concretos acerca de las deficiencias.
Instalada una realidad como la que se apunta, nos parece que es preciso encarar de inmediato las estrategias y las acciones enderezadas a revertirla. Que Tucumán tiene muchos y críticos problemas es algo sobremanera conocido. Pero no podemos limitarnos a su verificación y a su descripción, sino que debe examinarse la manera de empezar a superarlos. Esta del transporte es una cuestión troncal, ya que se trata de un servicio público de una importancia similar a la del alumbrado o la recolección de residuos. Una ciudad no puede llamarse tal si sus autoridades son impotentes para asegurar una prestación de transporte en condiciones razonables.
El Concejo Deliberante tiene que aplicarse con urgencia al estudio y a la solución del problema de referencia. Debe examinarse la cuestión desde los puntos de vista de todas las partes involucradas, y adoptar decisiones equitativas y realistas, que consulten tanto las posibilidades y las expectativas de los usuarios como las igualmente atendibles que corresponden a la parte empresaria. Evidentemente, no es posible que la situación continúe en el estado de verdadera emergencia al que se ha llegado.
Al mismo tiempo, es preciso que se ejecuten, por el lado de la Municipalidad, todos los trabajos tendientes a mejorar las condiciones en que se desarrolla la prestación. Hablamos, por ejemplo, de terminar con el transporte trucho, y de un mejoramiento integral de las calles por las cuales cumplen su trayecto los colectivos. Los empresarios hablan de arterias cuyo estado de desastre los obliga a cambiar cinco o seis paquetes de elásticos por día, lo que resulta revelador de este aspecto de la cuestión.







