Accidentes, un problema de Estado

Los tucumanos debemos entender que manejar un vehículo requiere mucha responsabilidad.

20 Octubre 2003
En los últimos diez años casi 3.000 tucumanos perdieron la vida en accidentes de tránsito. La organización civil de reconocimiento internacional Luchemos por la Vida ubica a Tucumán -uno de los territorios con la menor cantidad de kilómetros de rutas del país- en el sexto lugar en cantidad de accidentes viales, después de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Capital Federal. Incluso, durante los años 2001 y 2002 y, según la tendencia todo indica que será igual en 2003, nuestra provincia superó en el número de víctimas mortales en accidentes a la Ciudad de Buenos Aires, que posee tres millones de habitantes y un parque automotor casi diez veces mayor.
En 2002 murieron en choques 232 porteños y 267 tucumanos y en 2001 fallecieron en situaciones similares 281 porteños, mientras que en esta provincia perdieron la vida 297 personas.Cada año mueren en promedio 286 tucumanos en choques de autos o motos y solamente en la capital el Departamento de Educación Vial registra un promedio de 2.555 accidentes por año, a razón de 7 por día.
Estas cifras son por demás elocuentes y preocupantes y en ellas se encuentra una explicación de por qué las páginas de LA GACETA casi todos los días dan cuenta de accidentes tan violentos.
Este último fin de semana fallecieron al menos tres tucumanos, todos muy jóvenes: dos en Santa Ana y uno en la capital; y otras tantas personas sufrieron graves heridas. El fin de semana pasado no fue distinto, ni tampoco el anterior o el anterior a este último. En todos los casos hubo denominadores comunes: consumo de alcohol, velocidades desaforadas, imprudencia, negligencia y, más que nada, una absoluta ausencia de controles por parte del Estado.
Los dos jóvenes que murieron después de ser atropellados ayer a la madrugada en la ruta 332 por un conductor que habría estado ebrio, realizaban en su motocicleta un recorrido similar al que llevan a cabo miles de personas todos los fines de semana por las rutas y principales avenidas de la provincia, al ir o regresar de un baile o de una fiesta. Es muy extraño ver -como sí ocurre en otras ciudades argentinas- policías y otros agentes del Estado verificando el cumplimiento de las normas en caminos y calles, ejecutando tareas de prevención y de educación vial y sosegando el desenfreno de algunos conductores irresponsables que, además de arriesgar sus vidas, ponen en peligro la de miles de inocentes que circulan respetando las leyes y la salud de los otros.
El accidente que protagonizó ayer un remisero en Camino del Perú y Paraguay, al girar 180 grados sobre la misma ruta, representa una de las transgresiones más peligrosas y recurrentes de muchos conductores. Ante la ausencia de controles, maniobras como estas pueden verse a cualquier hora y en todas partes sin que nadie intervenga en absoluto.
La interventora del IPLA ha revelado hace unos días que en Aguilares se ha logrado reducir cerca de un 50% el número de accidentes de tránsito, de situaciones violentas y de consumo de alcohol en menores de edad, a partir de acciones conjuntas entre todos los actores sociales. Es evidente que un exceso conduce a otro y que la solución no puede abordarse desde una sola dirección. En Aguilares, al parecer mientras la Policía trabaja en un sentido, lo mismo están haciendo los docentes en la escuela, los padres en los hogares, los empresarios del entretenimiento en sus locales y así cada uno de los sectores involucrados.
Que en Tucumán mueran más personas en accidentes que en la capital del país es un síntoma de descontrol social, producto de que varias de las partes del tejido social están ausentes y sin cumplir con sus obligaciones.

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