BUENOS AIRES.- El Gobierno está construyendo pacientemente la cubierta exterior de la recuperación económica, aunque todavía no maneja de modo acabado la sustancia, que incluye necesariamente la elaboración de una política que contenga a todos los sectores empresarios.
O al menos, cuando hace gestos y avanza dos casilleros para comenzar a darle contenido al proceso de retorno al capitalismo que necesita el país para reinsertarse en el mundo, queda en evidencia que no todos los hombres del Gobierno comulgan con la idea de comenzar a relacionarse con los hombres de empresa y entonces retrocede uno. O los dos. Y vuelta a empezar.
Durante la última semana, el presidente Kirchner en persona lideró el esfuerzo de mostrarse contemporizador con tres de los visitantes que llegaron a la Casa Rosada: el nuevo embajador de Estados Unidos, Lino Gutiérrez; el banquero español Francisco Luzón y el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Además, les cedió la tribuna de la Casa Rosada a cuatro telefónicas que, en conjunto, prometieron inversiones por $ 1.150 millones. Todos estos gestos encendieron una luz de esperanza entre quienes tienen que decidir las suyas, de cara hacia el año próximo.
Golpe ideológico
Sin embargo, el exabrupto ideológico del senador Miguel Pichetto y el modo en que se manejó la crisis eléctrica le pusieron un contrapeso impensado a la balanza. Además, el delegado residente del FMI en la Argentina, John Dodsworth, les agregó una preocupación adicional a los hombres de negocios.
En materia de números, los hechos objetivos hablan por sí solos y es la parte visible de la cuestión. Las acciones treparon y el volumen creció de modo más que interesante. El dólar siguió en baja y el Banco Central tuvo que incrementar su ritmo de compras y emisión para evitar una caída mayor. Las estadísticas oficiales comenzaron a confirmar las proyecciones de los analistas privados sobre perspectivas de crecimiento y las encuestas entre industriales revelaron que las expectativas favorables de una mejora productiva está instalada.
El consumo, impulsado por los dólares que salen de los colchones, sigue empujando todas las variables y el Gobierno continúa, exultante, difundiendo la cáscara positiva de la situación.
Pese a todo ello, los hombres de empresa, los que tienen que tomar ya mismo decisiones de inversión que comiencen a apuntalar un verdadero proceso de crecimiento y de recuperación del empleo en 2004 siguen desorientados, porque miran el meollo del asunto todavía con desconfianza.
A gusto de los empresarios, lo más difícil de digerir surgió de boca del senador Pichetto, en ocasión de reclamarles a sus pares el voto a favor para incorporar a Eugenio Zaffaroni a la Corte. "De un lado está la derecha, el establishment, las empresas privatizadas; y del otro, estamos nosotros, los senadores de Kirchner", disparó el legislador, quizás demasiado encendido en su arenga, pero poniendo al Presidente del otro lado de la calle, en relación con los hombres que deben tomar decisiones de inversión.
Con estas expresiones, el senador del PJ tiró por la borda toda la construcción que pacientemente había iniciado Roberto Lavagna, cuando convenció a Néstor Kirchner para que recibiera al delegado del Banco Santander Central Hispano, Francisco Luzón. Tanto el banquero como el embajador Gutiérrez se habían expresado con mensajes esperanzadores sobre el proceso de confianza que se estaría gestando en la comunidad de negocios, en relación con la Argentina.
La semana se cerró con la visita del presidente brasileño, quien aportó varios puntos a la recuperación, aunque dejó sus mensajes. Lula hizo profesión pública de fe sobre su adhesión al modelo capitalista y marcó la necesidad de que la Argentina se reinserte en el mundo a través del crecimiento económico, basado en un plan sustentable que apuntale la confianza de los empresarios y genere inversión.
El modelo de Lula
Dicen quienes analizan los procesos políticos en el continente que es una manera de recordarle a Kirchner que el modelo a seguir es Brasil y no la Venezuela de Hugo Chávez.
En tanto, John Dodsworth estuvo en Iguazú en la Convención del IAEF y con micrófonos abiertos apenas se atrevió a sugerir lo obvio, "que la Argentina debe asegurar a los inversores un marco jurídico que los respalde". En privado, el hombre del FMI dijo que está más que preocupado por el nivel del gasto público.
"Cuanto más se recauda, más se gasta", aseguró ante empresarios atónitos y puso de relieve que el organismo le sigue los pasos al día del Palacio de Hacienda, sobre todo en la posibilidad de que el Estado comience el año que viene a echar mano a dinero extrapresupuestario, generado por diferentes Fondos Fiduciarios en estado embrionario. Por último, en esta relación de amor y odio que se ha dado entre el Gobierno y quienes manejaron los servicios privatizados y concesionados durante los 90 se verificaron dos hechos incontrastables, que suman sombras al análisis. Por el lado de los peajes, el Estado les dio servido a los nuevos concesionarios, corredores en los que no deberán hacer ninguna obra, y dejó para sí el manejo de fondos que hacia el futuro se verá si son aplicados de modo transparente. Y en materia eléctrica, las bravatas de algunos funcionarios después del corte capitalino tensaron aún más la cuerda con un sector que desde hace mucho tiempo no hace inversiones y que acusa que no es escuchado como se debe. (DyN)







