La resolución del crimen de Adrián Mansilla y el avance en la investigación de la entrega de vehículos lujosos robados han generado la sensación de que la Justicia funciona en Tucumán y de que es posible superar la impunidad. Y si a ello se agregan el traslado de la Jefatura de Policía al barrio Juan XXIII (conocido como "La Bombilla") y la singularidad de que pareciera que los delincuentes han desaparecido del mapa, se genera un cuadro sustancialmente benigno para las autoridades, dedicadas de lleno a la actividad proselitista.
Que en vísperas de comicios se inauguren escuelas (como ayer) o se entreguen ambulancias (como ocurrirá hoy) es una práctica política habitual. Demuestra el valor que tienen los "seudo eventos"; es decir, los acontecimientos que el poder prepara especialmente según sus propios intereses. Analiza cuándo es el mejor momento para darlos a conocer y capitaliza sus efectos. Se piensa que la gente beneficiada con bolsones o con una escuela nueva tendrá una mejor disposición hacia el benefactor si el beneficio se da cerca del acto eleccionario.
Otra cosa es que se piense que una investigación judicial pueda avanzar o demorarse, ser programada como un "seudo evento" y terminar en un hecho impactante en momentos previos a una elección. Es cierto que, a veces, el momento y el "clima" político ayudan para que ciertas investigaciones avancen. Esta es una de las interpretaciones que pueden hacerse a la decisión del juez federal Jorge Parache de detener a Antonio Bussi ahora, después de los vientos de cambio producidos por el gobierno del presidente Néstor Kirchner.
Pero, a decir verdad, los fiscales federales venían exigiendo desde hace tres años una resolución sobre la inconstitucionalidad de las leyes de Obediencia Debida y Punto final, con lo que se vincula la detención de Bussi.
También fue decisiva la acción de los fiscales federales en la causa de las 4x4, ya que desde el primer cuatrimestre del año estaban avanzando en la investigación mientras la Justicia tucumana dormía una larga siesta. El avance implacable de los fiscales federales y la visita (hace tres semanas) de funcionarios del Gobierno nacional para mover causas en las que reinaba la impunidad, también obligaron a moverse a los mismos jueces federales.
Pero todo quedó siempre como una coincidencia, hasta que se resolvió el caso Mansilla. En esta investigación entraron a jugar dos detalles que hacen pensar en algo más. El pedido de detención del testigo clave (que tenía los datos precisos sobre el crimen y el lugar donde estaba enterrado el cuerpo) se perdió hace un mes en la Fiscalía III, y fue hallado precisamente ahora. Hace dos semanas, el ministro de Gobierno, Manuel Pedernera, y el mismo gobernador, Julio Miranda, les dijeron a los familiares de Mansilla que no se iba a tapar a nadie y que antes del 30 se iba a resolver el caso. ¿Fue coincidencia? Ya se sabe que la Policía depende del poder político y también se mueve en consecuencia, más allá de su profesionalismo o de su eficacia. Pero...¿y la Justicia? ¿Es independiente o coincide también con los tiempos electorales?
Hay muchos otros casos importantes que no se resolvieron, como el de "Marita" Verón o los dos asesinatos que conmocionaron a Barrio Norte. Pero el impacto que han generado los avances en estas causas les da a estas un efecto especial en tiempos políticos. Los funcionarios y los policías quedan posicionados frente al nuevo gobierno, en vista de futuros cargos. Los candidatos oficialistas se aprestan a aprovechar colateralmente los efectos benéficos de estas novedades en pocos días más.
Pero quedan por debajo las desagradables coincidencias. Si se piensa en la independencia que debe tener la Justicia, no debería haber ni una sombra de manipulación en una pesquisa judicial, y mucho menos que las verdades y los éxitos conseguidos queden como golpes de efecto político.
18 Octubre 2003 Seguir en 
Por Roberto Delgado







