Agresiones a la cultura social

El lenguaje utilizado en los medios audiovisuales debe tener mayor nivel al que muestra en la actualidad.

18 Octubre 2003
La Academia Argentina de Letras ha formulado un severo llamado de atención al Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) por el bajo y hasta degradado nivel cultural y moral de la programación en los medios audiovisuales, y solicitó al organismo de contralor estatal la aplicación de sanciones, así como la vigencia de una guía de contenidos. El lenguaje soez y la procacidad de ciertos programas, señala el reclamo, configuran una costumbre que, al extenderse al horario de protección al menor, corrompe el gusto y daña la mente de los más indefensos. "El problema es doble -advierte la autoridad académica- porque no sólo se vulgariza la lengua, que es nuestra herencia cultural, sino que se empobrece con el argumento de que al público le gusta esa bajeza expresiva. Tal pobreza -agrega la declaración- repercute en la calidad de la democracia, porque un ciudadano que no puede expresarse es cautivo de sus limitaciones y carece de matices y de precisión para comunicarse". Con anterioridad, las academias de Educación y de Periodismo habían denunciado esa situación, donde la decadencia de los medios audiovisuales, especialmente la televisión, se manifiesta crecientemente con graves efectos sociales.
Cualquier observador puede advertir que ese estilo corrosivo de las buenas costumbres forma parte de una táctica grosera para competir por las audiencias, practicada inclusive por no pocos conductores de programas que degradan deliberadamente sus condiciones culturales y profesionales paras congraciarse con los gustos marginales de lo vulgar. Es en ese punto donde el Comfer manifiesta su incompetencia, ya sea por la limitación de recursos a su alcance, ya por el sistema legal con que se desenvuelve: la Ley de Radiodifusión, dictada por el último gobierno de facto y retocada sucesivamente para tratar de adecuarla a la realidad. Por cierto que todo intento de sancionar un moderno régimen jurídico, propio de un sistema democrático donde las libertades y la función específica de los medios audiovisuales compartan un digno fin social, ha fracasado repetidamente por la carencia de responsabilidad política al respecto. Sucesivas autoridades del Comfer así lo han demostrado, mediante una inoperancia que los hechos testimonian y que, hasta el momento, parece difícil de superar.
Esa virtual guerra a la escuela y a las buenas costumbres declarada por audiciones que compiten en la grosería del lenguaje y de las actitudes, y que no parece preocupar lo necesario a las autoridades de aplicación, no tiene solución, al parecer, con el régimen de multas vigente. En tal sentido, debe señalarse que todos los canales cabecera de la televisión abierta, sin excepción, ha sido y son objeto de esas sanciones sin resultados visibles. A fin de cuentas, las utilidades de esa competencia cultural y moralmente ruinosa superan largamente la pobre réplica oficial. Réplica que no sólo debería consistir en sanciones pecuniarias, sino en una sistemática revisión legal y reglamentaria donde no puede quedar ausente el compromiso de los propios medios, de acuerdo con las experiencias locales y del exterior. El actual interventor en el Comfer, Julio Bárbaro, se ha comprometido a promover el tratamiento del grave problema con dichas instituciones académicas, las empresas y el sector publicitario para escuchar propuestas.
No es la primera vez que una autoridad de turno en el organismo estatal asume esa iniciativa, aunque sin resultados plausibles; mas la degradación del sistema y la impunidad que la estimula han llegado a tales condiciones que es imprescindible acordar para recuperar la calidad de los medios audiovisuales. Nuestra herencia cultural, el lenguaje y los valores de la educación deben ser rescatados de esa barbarie competitiva que los agrede sin limitaciones.

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