17 Octubre 2003 Seguir en 
En los últimos tiempos, da la impresión de que el humo, ese producto gaseoso de una combustión incompleta, compuesto principalmente de vapor de agua y ácido, quiere disputarles el cetro a la basura, a la suciedad y al caos, por lo menos, en el microcentro tucumano.
Este enemigo del ser humano se ampara en los caños de escape de los ómnibus urbanos y sin contemplación se esparce sobre cuanto peatón encuentra cerca, sin respetar edades. Se vale del mal estado, en general, de muchos colectivos que circulan por las calles de la ciudad. Como prácticamente no existe el control en San Miguel de Tucumán, el humo aprovecha la ausencia de los funcionarios y empleados municipales que perciben un salario de la comunidad para efectuar los controles, y agrede con fervor a los conciudadanos, especialmente en las horas pico, cuando los chicos salen de las escuelas y los adultos de sus trabajos.
Este producto gaseoso, generado en este caso por la mala combustión de los motores, se vale también de la indiferencia hacia el prójimo de algunos propietarios de líneas de ómnibus, que no ponen sus unidades en regla. Como nadie controla, el humo prosigue con su invasión silenciosa y contaminante, y si no se lo combate, terminará asfixiando las pocas flores que aún quedan en este Jardín.
Este enemigo del ser humano se ampara en los caños de escape de los ómnibus urbanos y sin contemplación se esparce sobre cuanto peatón encuentra cerca, sin respetar edades. Se vale del mal estado, en general, de muchos colectivos que circulan por las calles de la ciudad. Como prácticamente no existe el control en San Miguel de Tucumán, el humo aprovecha la ausencia de los funcionarios y empleados municipales que perciben un salario de la comunidad para efectuar los controles, y agrede con fervor a los conciudadanos, especialmente en las horas pico, cuando los chicos salen de las escuelas y los adultos de sus trabajos.
Este producto gaseoso, generado en este caso por la mala combustión de los motores, se vale también de la indiferencia hacia el prójimo de algunos propietarios de líneas de ómnibus, que no ponen sus unidades en regla. Como nadie controla, el humo prosigue con su invasión silenciosa y contaminante, y si no se lo combate, terminará asfixiando las pocas flores que aún quedan en este Jardín.







