16 Octubre 2003 Seguir en 
En esta tierra tucumana pareciera que está todo permitido. Casi nadie respeta los límites porque quienes deben hacer respetar la ley no lo hacen. Desde hace más de dos años, los cortes de las rutas provinciales se han vuelto una mala costumbre. Es una modalidad de protesta que nunca logra arrancar de la indiferencia social a los gobernantes y que, por el contrario, perjudica a los ciudadanos.
La intolerancia de los manifestantes afecta también a los turistas, como sucedió el martes en Amaicha del Valle, cuando un grupo de empleados de Vialidad, machetes y palos en ristre, le impidieron el paso y agredieron a un periodista santiagueño que paseaba por los Valles con su familia.
Toda protesta tiene un límite. Por más justo que sea el reclamo, no se puede perjudicar al prójimo que nada tiene que ver con el problema. La violencia sólo atrae violencia. Por otro lado, en ningún caso se ha visto al gobernador o a sus funcionarios dirigirse a un piquete para escuchar la demanda de los manifestantes y brindar alguna solución a los reclamos.
Si los cortes de ruta persisten en el tiempo, toda inversión que se haga en turismo será en vano.
La intolerancia de los manifestantes afecta también a los turistas, como sucedió el martes en Amaicha del Valle, cuando un grupo de empleados de Vialidad, machetes y palos en ristre, le impidieron el paso y agredieron a un periodista santiagueño que paseaba por los Valles con su familia.
Toda protesta tiene un límite. Por más justo que sea el reclamo, no se puede perjudicar al prójimo que nada tiene que ver con el problema. La violencia sólo atrae violencia. Por otro lado, en ningún caso se ha visto al gobernador o a sus funcionarios dirigirse a un piquete para escuchar la demanda de los manifestantes y brindar alguna solución a los reclamos.
Si los cortes de ruta persisten en el tiempo, toda inversión que se haga en turismo será en vano.







