16 Octubre 2003 Seguir en 
Gana y necesidad de comer. Escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria generalizada. Estas definiciones de la palabra hambre forman parte del lenguaje universal y dos tercios de la humanidad la padecen, mientras el tercio restante goza del privilegio de llevar una vida mucho más que digna. Esta proporción planetaria tiene su penoso correlato en Tucumán, donde son 940.000 los comprovincianos que viven bajo la línea de pobreza, es decir el 70% de la población.
Mientras en las provincias bien administradas y, en consecuencia, con menos dramas sociales, los chicos van a la escuela a estudiar, en Tucumán la indigencia es tal que nuestros niños van primero a comer. De ese modo, existen 560 escuelas en la provincia con comedores.
Desde la debacle inflacionaria y las muertes de niños víctimas de la desnutrición, la provincia ha recibido una gran cantidad de ayuda del exterior, pero principalmente a través de programas nacionales de diferentes nombres, que persiguen la misma finalidad.
Hace varios días, los niños de la mayoría de las escuelas con comedor estaban sin comer, a raíz de las constantes demoras en el envío de las partidas. Cuando los fondos no llegan, en la escuela nadie come, como sucedió, por ejemplo, en la Nº 248 "Juan F. Nougués", del barrio Independencia, donde hace 15 días quedaron sin comer 270 chicos. Algo similar sucedió en la escuela "Juana Manuela Gorriti", de El Naranjito, Cruz Alta. La situación más amarga la padecen las escuelas con albergue. Esta situación se repite con cierta periodicidad.
Por otro lado, los directores no se atreven a sacar mercadería al fiado -como sucedía hasta hace poco- por temor a los endeudamientos que padecieron y cuyas consecuencias siguen sufriendo a causa de la burocracia ministerial. Hay establecimientos de los valles calchaquíes que no pueden conseguir que el Gobierno les reconozca el pago de más de $ 8.000 en concepto de mercadería retirada y corren el riesgo de afrontar un juicio.
Tampoco aumentaron las partidas, como se anunció desde el Gobierno. Los alumnos de las 560 escuelas con comedor siguen comiendo con las sumas históricas de hace 15 años como si nada hubiese sucedido en el país: desayunan con $ 0,20, almuerzan con $ 0,50, meriendan con $ 0,20 y cenan con $ 0,30.
El 29 de marzo pasado el ministro de Economía local anunció que el Poder Ejecutivo aportaría $ 1,2 millón más para los comedores, con lo cual se elevaría de $ 0,25 a $ 0,40 la ración por niño. Pero la promesa nunca se cumplió; la realidad mostró que el dinero nunca se convirtió en alimentos.
Si bien ayer el Gobierno comenzó a pagar con fondos propios las partidas demoradas, la ministra de Educación admitió que aún faltan abonar las partidas de julio, agosto y setiembre del programa para las llamadas escuelas prioritarias.
Desde el Gobierno se culpa habitualmente a la Nación por estas demoras, pero espera que los chicos soporten el hambre durante varios días para intentar dar una solución.
El hambre más urgente es el de los niños, pero da la impresión de que para el Gobierno provincial las urgencias pasan por las apetencias políticas de muchos de sus integrantes, que invierten sus energías en cómo atornillarse al poder y se olvidan con demasiada frecuencia de las desgracias que padecen diariamente 940.000 comprovincianos.
Tal vez eso suceda porque una buena parte de nuestros representantes integra ese tercio que afortunadamente puede vivir sin sobresaltos económicos y cree, quizás, que miles de niños pueden comprender razones burocráticas cuando no hay ni un mendrugo para llenar el estómago.
Mientras en las provincias bien administradas y, en consecuencia, con menos dramas sociales, los chicos van a la escuela a estudiar, en Tucumán la indigencia es tal que nuestros niños van primero a comer. De ese modo, existen 560 escuelas en la provincia con comedores.
Desde la debacle inflacionaria y las muertes de niños víctimas de la desnutrición, la provincia ha recibido una gran cantidad de ayuda del exterior, pero principalmente a través de programas nacionales de diferentes nombres, que persiguen la misma finalidad.
Hace varios días, los niños de la mayoría de las escuelas con comedor estaban sin comer, a raíz de las constantes demoras en el envío de las partidas. Cuando los fondos no llegan, en la escuela nadie come, como sucedió, por ejemplo, en la Nº 248 "Juan F. Nougués", del barrio Independencia, donde hace 15 días quedaron sin comer 270 chicos. Algo similar sucedió en la escuela "Juana Manuela Gorriti", de El Naranjito, Cruz Alta. La situación más amarga la padecen las escuelas con albergue. Esta situación se repite con cierta periodicidad.
Por otro lado, los directores no se atreven a sacar mercadería al fiado -como sucedía hasta hace poco- por temor a los endeudamientos que padecieron y cuyas consecuencias siguen sufriendo a causa de la burocracia ministerial. Hay establecimientos de los valles calchaquíes que no pueden conseguir que el Gobierno les reconozca el pago de más de $ 8.000 en concepto de mercadería retirada y corren el riesgo de afrontar un juicio.
Tampoco aumentaron las partidas, como se anunció desde el Gobierno. Los alumnos de las 560 escuelas con comedor siguen comiendo con las sumas históricas de hace 15 años como si nada hubiese sucedido en el país: desayunan con $ 0,20, almuerzan con $ 0,50, meriendan con $ 0,20 y cenan con $ 0,30.
El 29 de marzo pasado el ministro de Economía local anunció que el Poder Ejecutivo aportaría $ 1,2 millón más para los comedores, con lo cual se elevaría de $ 0,25 a $ 0,40 la ración por niño. Pero la promesa nunca se cumplió; la realidad mostró que el dinero nunca se convirtió en alimentos.
Si bien ayer el Gobierno comenzó a pagar con fondos propios las partidas demoradas, la ministra de Educación admitió que aún faltan abonar las partidas de julio, agosto y setiembre del programa para las llamadas escuelas prioritarias.
Desde el Gobierno se culpa habitualmente a la Nación por estas demoras, pero espera que los chicos soporten el hambre durante varios días para intentar dar una solución.
El hambre más urgente es el de los niños, pero da la impresión de que para el Gobierno provincial las urgencias pasan por las apetencias políticas de muchos de sus integrantes, que invierten sus energías en cómo atornillarse al poder y se olvidan con demasiada frecuencia de las desgracias que padecen diariamente 940.000 comprovincianos.
Tal vez eso suceda porque una buena parte de nuestros representantes integra ese tercio que afortunadamente puede vivir sin sobresaltos económicos y cree, quizás, que miles de niños pueden comprender razones burocráticas cuando no hay ni un mendrugo para llenar el estómago.







