13 Octubre 2003 Seguir en 
La primavera no luce sus mejores colores en el Jardín de la República. A poco de andar, lo que en la naturaleza es el inicio del ciclo de renacimiento de la vida, en el subtrópico es un período de instituciones democráticas cada día más marchitas. Lo que pareciera haber comenzado aquí es, ante todo, una temporada de aprietes.
El gobernador que se va y el que viene se cruzan joviales amenazas respecto de las leyes sancionadas el viernes 3, las que, de entrar en vigencia, generarán un inédito y anticonstitucional desequilibrio de poder. José Alperovich exige que las promulguen. Julio Miranda amaga con vetar, tal vez, la del traslado del personal técnico de la administración pública porque, dijo, antes que candidato, es el gobernador de los tucumanos. Tarde se acordó. Y en medio del sainete, de lo que no se habla es de lo que más importa. Es el dañino cambio de la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, para que queden firmes si la Cámara no los trata en 20 días.
Sin capacidad de maniobra
Justamente, la manera en que estas normas impopulares puedan afectar la suerte electoral del actual mandatario no le importan en absoluto a Alperovich. Si el próximo 26 gana el peronismo (su partido, por ahora), él gana. Si pierde Miranda, también.
El todavía jefe del Poder Ejecutivo se queda sin capacidad de maniobra. Incluso, por más vetos que quiera interponer, está de manos atadas porque la Legislatura no le remite las nefastas iniciativas aprobadas. El vicegobernador Sisto Terán golpeó certeramente la costilla de la debilidad mirandista.
Contra el pecho
El gobernador en fuga acaba de revelar también sus aprietes contra la sociedad tucumana. La Legislatura acaba de sancionar el Presupuesto 2003, en el que se incrementan las erogaciones del mismo Estado que le contestó a la Corte nacional que no aplica la Ley Federal de Educación porque no tiene recursos.
Frente a la realidad social de Tucumán, la pregunta más dramática es en qué se usa el dinero de los tucumanos, incrementando el gasto, incluso, respecto de 2002. La respuesta parece ser que, por donde se mire, el mirandismo le sale cada vez más caro a la sociedad.
Las poco claras ecuaciones del Gobierno refieren, justamente, a la etimología de "apretar", y sus derivados antiguos, como "aprieto" y, dialectalmente, "prieto", que, justamente, también quería decir "oscuro". Probablemente derivado del latín tardío "apectorare", apretar quiso decir originariamente "poner contra el pecho". Esta acepción remite al inicio de la temporada de aprietes, inaugurada por el Gobierno nacional en su última visita oficial. Al tiempo que Néstor Kirchner anunciaba la licitación de los trabajos del primer tramo de la nueva ruta 38, la totalidad de la obra era retirada del Presupuesto 2004 y de las restantes planillas plurianuales, que garantizan que en los siguientes planes de gastos e inversión de la Nación figurará el proyecto.
Ahí, la alternativa para la ruta de la muerte dejó de ser una tarea de ley. Podrá concretarse con transferencia de partidas, pero entonces lo que prima es la buena voluntad de la Presidencia. Y ya se sabe que para mantener contento al Poder central, Alperovich va a tener que preocupar por no hacerlo enojar. Si esas van a ser las reglas de juego, ya se puede apreciar que con Kirchner, el Gobierno que viene va a tener una relación cortesana o de vasallaje, antes que la sociedad política de iguales que se viene pregonando.
En el medio, una ruta que es una cuestión de vida o muerte para los tucumanos, o un paquete de leyes que puede representar la sepultura de las instituciones republicanas, se disputan en el tablero político de manera casi anecdótica. Como el polen a muchos asmáticos, la responsabilidad parece provocar alergia a muchos gobernantes.
El gobernador que se va y el que viene se cruzan joviales amenazas respecto de las leyes sancionadas el viernes 3, las que, de entrar en vigencia, generarán un inédito y anticonstitucional desequilibrio de poder. José Alperovich exige que las promulguen. Julio Miranda amaga con vetar, tal vez, la del traslado del personal técnico de la administración pública porque, dijo, antes que candidato, es el gobernador de los tucumanos. Tarde se acordó. Y en medio del sainete, de lo que no se habla es de lo que más importa. Es el dañino cambio de la reglamentación de los decretos de necesidad y urgencia, para que queden firmes si la Cámara no los trata en 20 días.
Sin capacidad de maniobra
Justamente, la manera en que estas normas impopulares puedan afectar la suerte electoral del actual mandatario no le importan en absoluto a Alperovich. Si el próximo 26 gana el peronismo (su partido, por ahora), él gana. Si pierde Miranda, también.
El todavía jefe del Poder Ejecutivo se queda sin capacidad de maniobra. Incluso, por más vetos que quiera interponer, está de manos atadas porque la Legislatura no le remite las nefastas iniciativas aprobadas. El vicegobernador Sisto Terán golpeó certeramente la costilla de la debilidad mirandista.
Contra el pecho
El gobernador en fuga acaba de revelar también sus aprietes contra la sociedad tucumana. La Legislatura acaba de sancionar el Presupuesto 2003, en el que se incrementan las erogaciones del mismo Estado que le contestó a la Corte nacional que no aplica la Ley Federal de Educación porque no tiene recursos.
Frente a la realidad social de Tucumán, la pregunta más dramática es en qué se usa el dinero de los tucumanos, incrementando el gasto, incluso, respecto de 2002. La respuesta parece ser que, por donde se mire, el mirandismo le sale cada vez más caro a la sociedad.
Las poco claras ecuaciones del Gobierno refieren, justamente, a la etimología de "apretar", y sus derivados antiguos, como "aprieto" y, dialectalmente, "prieto", que, justamente, también quería decir "oscuro". Probablemente derivado del latín tardío "apectorare", apretar quiso decir originariamente "poner contra el pecho". Esta acepción remite al inicio de la temporada de aprietes, inaugurada por el Gobierno nacional en su última visita oficial. Al tiempo que Néstor Kirchner anunciaba la licitación de los trabajos del primer tramo de la nueva ruta 38, la totalidad de la obra era retirada del Presupuesto 2004 y de las restantes planillas plurianuales, que garantizan que en los siguientes planes de gastos e inversión de la Nación figurará el proyecto.
Ahí, la alternativa para la ruta de la muerte dejó de ser una tarea de ley. Podrá concretarse con transferencia de partidas, pero entonces lo que prima es la buena voluntad de la Presidencia. Y ya se sabe que para mantener contento al Poder central, Alperovich va a tener que preocupar por no hacerlo enojar. Si esas van a ser las reglas de juego, ya se puede apreciar que con Kirchner, el Gobierno que viene va a tener una relación cortesana o de vasallaje, antes que la sociedad política de iguales que se viene pregonando.
En el medio, una ruta que es una cuestión de vida o muerte para los tucumanos, o un paquete de leyes que puede representar la sepultura de las instituciones republicanas, se disputan en el tablero político de manera casi anecdótica. Como el polen a muchos asmáticos, la responsabilidad parece provocar alergia a muchos gobernantes.







