05 Diciembre 2012 Seguir en 

Su importancia
El oído nos proporciona uno de los cinco sentidos más necesarios. Sin él, no podríamos oír música, ni escuchar a los demás, ni a la naturaleza, ni hablar, y tampoco mantener el equilibrio…
No toqués la cera
Es la protectora natural del oído, atrapa el polvo, los microorganismos y las partículas extrañas que puedan dañarlo. El sistema de limpieza del oído la empuja hacia la abertura; cae o se retira lavándose.
¡Ojo con los ruidos!
Son los verdaderos enemigos del oído. Según la Organización Mundial de la Salud, solo deberíamos escuchar ruidos con un máximo de 65 decibeles. En las grandes ciudades, es de 80 a 100 decibeles.
Algunos ejemplos
Sonidos que se escuchan en un parque o lugar tranquilo: 50 decibeles; el ruido ocasionado por una aspiradora, 80; el ruido de una ametralladora, 130; el sonido de un silbato de tren en un túnel, 100.
¡Bajá el volumen!
Asimismo, es básico que no escuchés aparatos musicales tipo MP3 con el volumen muy alto porque, aunque te cueste creerlo, en unos años escucharás mucho menos y terminarás solicitando que te griten.
El oído nos proporciona uno de los cinco sentidos más necesarios. Sin él, no podríamos oír música, ni escuchar a los demás, ni a la naturaleza, ni hablar, y tampoco mantener el equilibrio…
No toqués la cera
Es la protectora natural del oído, atrapa el polvo, los microorganismos y las partículas extrañas que puedan dañarlo. El sistema de limpieza del oído la empuja hacia la abertura; cae o se retira lavándose.
¡Ojo con los ruidos!
Son los verdaderos enemigos del oído. Según la Organización Mundial de la Salud, solo deberíamos escuchar ruidos con un máximo de 65 decibeles. En las grandes ciudades, es de 80 a 100 decibeles.
Algunos ejemplos
Sonidos que se escuchan en un parque o lugar tranquilo: 50 decibeles; el ruido ocasionado por una aspiradora, 80; el ruido de una ametralladora, 130; el sonido de un silbato de tren en un túnel, 100.
¡Bajá el volumen!
Asimismo, es básico que no escuchés aparatos musicales tipo MP3 con el volumen muy alto porque, aunque te cueste creerlo, en unos años escucharás mucho menos y terminarás solicitando que te griten.
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