Rosa Alastuey - Psicóloga especializada en violencia familiar
Por un lado hubo un incremento de las denuncias. Es bueno que se visibilice y que se tome conciencia. Los abusos sexuales ocurren en todos los estratos sociales, no son exclusivos de la pobreza. Pero hay que admitir que se están produciendo más abusos, y que son cada vez más violentos. Estamos entrenados como sociedad con una cultura violenta, que la ejercemos desde el pensamiento. El hombre se siente más privilegiado que la mujer y los adultos que los niños. Siempre tuvimos una mirada asimétrica, y eso se va dando en jerarquías por edad, sexo o clase social.
El abuso sexual tiene que ver con un goce perverso de sometimiento. El ser humano tiene que aprender a vincularse de otra manera, a encontrarse con otra simetría. La intolerancia se ha hecho tan enorme que no hay espacio para el otro. El abusador reedita el goce de la perversión que tuvieron con él. No puede verse en semejanza o en igualdad, e incurre en conductas violentas (conyugal, maltrato a los hijos, a la tercera edad). Tenemos que curarnos todos para que no ocurran más casos. Los abusos revisten ahora formas mucho más crueles. Tienden a las exhibiciones obscenas, a las amenazas permanentes, a los golpes. Gracias a Dios aumentaron las denuncias, pero nos quedamos cortos, y la Justicia también se quedó corta para sancionarlos.








