Apabullaron los vestidos irregulares, con volados y géneros expresivos que presentó Nicolas Ghesquière el 27 de septiembre, en la Semana de la Moda de París. Fue su colección primavera/verano 2013. La última. Y aunque en ese momento se desconocía que el diseñador francés dejaría la legendaria casa de Cristóbal Balenciaga unas semanas después (fue anunciada su partida, pero el 30 de noviembre se marchará del todo), resultó tremendo ver a la editora de la Vogue americana Anna Wintour junto a Catherine Deneuve, Kristen Stewart (imagen del último perfume de Balenciaga) y Carine Roitfeld, todas de pie y aplaudiendo la pasada final. Excepcional, emotivo.
En 1997, un joven Ghesquière -26 años, autodidacta y formado en el taller de Jean Paul Gaultier- aprovechó el auge de jóvenes creadores reviviendo casas tradicionales (John Galliano en Givenchy y Marc Jacobs en Louis Vuitton) y se sumó al equipo de Balenciaga como director creativo. Era todo un reto tratar de remontar esa marca de lujo, que el mismo Cristóbal decidió cerrar en 1968, al negarse a fabricar colecciones prêt-à-porter (lista para usar). Sin embargo, lo logró. François-Henri Pinault, presidente del grupo Pinault-Printemps-Redoute (PPR), a cargo de Balenciaga, reconoció la importancia de Ghesquière y su extraño talento creativo para el posicionamiento de la firma. Por ello, su salida toma por sorpresa al mundo fashionista.
Los medios europeos se preguntan quién será el sucesor y si el francés tiene ya tiene ofertas. Algunos rumores indican que Ghesquière, que gozaba de aparente libertad creativa, estaba frustrado por la falta de recursos que PPR destinaba a la marca. Sin plata no se crece en Europa. Y el cheque en blanco -económico y creativo- que Pinault le entregó este año a Hedi Slimane para reconstruir Saint Laurent, lo habría animado a despedirse de su puesto.
¿Qué nos puede importar en este lado del planeta una partida como esta? No está de más saber quiénes son y cómo surgieron quienes dictarán en el futuro las tendencias de la moda internacional.
En 1997, un joven Ghesquière -26 años, autodidacta y formado en el taller de Jean Paul Gaultier- aprovechó el auge de jóvenes creadores reviviendo casas tradicionales (John Galliano en Givenchy y Marc Jacobs en Louis Vuitton) y se sumó al equipo de Balenciaga como director creativo. Era todo un reto tratar de remontar esa marca de lujo, que el mismo Cristóbal decidió cerrar en 1968, al negarse a fabricar colecciones prêt-à-porter (lista para usar). Sin embargo, lo logró. François-Henri Pinault, presidente del grupo Pinault-Printemps-Redoute (PPR), a cargo de Balenciaga, reconoció la importancia de Ghesquière y su extraño talento creativo para el posicionamiento de la firma. Por ello, su salida toma por sorpresa al mundo fashionista.
Los medios europeos se preguntan quién será el sucesor y si el francés tiene ya tiene ofertas. Algunos rumores indican que Ghesquière, que gozaba de aparente libertad creativa, estaba frustrado por la falta de recursos que PPR destinaba a la marca. Sin plata no se crece en Europa. Y el cheque en blanco -económico y creativo- que Pinault le entregó este año a Hedi Slimane para reconstruir Saint Laurent, lo habría animado a despedirse de su puesto.
¿Qué nos puede importar en este lado del planeta una partida como esta? No está de más saber quiénes son y cómo surgieron quienes dictarán en el futuro las tendencias de la moda internacional.







