La memoria en flamenco

Alicia Liliana Fernández
Por Alicia Liliana Fernández 16 Septiembre 2012
La gran bailaora Carmen Amaya bajó de su estatua de Montjuic al teatro San Martín el viernes. Once bailarines de Trànsit Danza -dirigidos por María Rovira- le rindieron homenaje en una visceral fusión de danza contemporánea y flamenco. Recrearon la identidad, el olvido y la supervivencia trayendo a la memoria Somorrostro, un barrio que ya no existe en Barcelona. En nostálgicas imágenes en blanco y negro y con recursos escenográficos que incluyeron una playa de arena -de verdad- en el proscenio. Sensual, altanero, desgarrado, el baile se fue forjando con maestría en un vocabulario coreográfico coral, solista o de parejas. Tajante, de planta, taco, punta y golpe, el taconeo estremeció nuestra sangre hija de los barcos. La música, de pies desnudos, de palmas o de castañuelas, de dulce guitarra, de honda voz del cante... o del crescendo implacable del cajón, hasta colmar varios paroxismos. Y los tímidos ¡bravo! trocaron por furibundos ¡ole!

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