A Adelaida la acunaron los espectros de la historia

UNA VIDA EN LA CASONA. Adelaida, junto al cuarto en el que creció. UNA VIDA EN LA CASONA. Adelaida, junto al cuarto en el que creció.
17 Agosto 2012
Adelaida Concha afirma que nunca se le aparecieron fantasmas, pero no puede negar que ha crecido rodeada por los espectros de la historia. Desde el primer día sus llantos han atronado las habitaciones silenciosas que alguna vez llenaron de bullicio los troperos que iban y venían del Alto Perú y los soldados de la Independencia. Sus juegos alegraron las habitaciones que la guerra gaucha había entristecido. Adela, como la conocen en Metán, nació en uno de los cuartos de la Posta de Yatasto: su padre fue el primer casero del museo. Y hoy ella está empleada en ese lugar histórico.

Como buena hija del norte, cuesta sacarle palabras. Pero en cuanto se embala, empieza a desgranar recuerdos. Por ejemplo, cuenta que la hamaca en la que jugaba con sus amigas colgaba de una rama áspera y casi horizontal del algarrobo histórico que todavía se levanta en el predio. Lo que aquel grupo de chicas no sabía entonces -o sabía, pero no llegaba a comprender- era que allí, justo donde la hamaca iba y venía, hombres como José de San Martín, Manuel Belgrano, Juan Martín de Pueyrredón y Martín Miguel de Güemes posiblemente habían pasado tardes y noches al calor de los fogones.

"Me crié impregnada por la historia. Y es lindo. Pero es tan normal para mí que no estoy pensando en eso todo el tiempo", explica Adelaida con simpleza. Lógico: antes que museo, la Posta es el hogar de su infancia. "Mi papá, Hipólito Concha, fue el primer cuidador. Por eso, yo nací acá. Al principio la casa estaba vacía, salvo la habitación en la que vivíamos. Mi papá les abría las puertas a los turistas; venía muchísima gente. Recién en el 78 le pusieron muebles", recuerda.

Adelaida cuenta que antes de que sea convertida en museo estaba abandonada. Su padre era tucumano y trabajaba en la finca dentro de la cual estaba la Posta. "El Estado la contrató a mi mamá (María Trejo). Yo heredé el trabajo", explica.

En la vieja casona ya no vive nadie; el hogar de Adelaida está en Metán, pero su vínculo con el museo parece estar lejos de cortarse: Luis, su hijo de 20 años, está empezando a dar sus primeros pasos como empleado del museo.

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