DERECHO A LOS BACHES. Dos motociclistas (sin casco) transitan por la ruta 321, cerca de Lules.
08 Agosto 2012 Seguir en 

Están separados apenas por los dos carriles del camino y las banquinas. Pero parece que los baches, la falta de señalización y las imprudencias han abierto un cráter de distancia entre ellos. La ruta 321 no sólo separa físicamente a los barrios UOM y Pilar, también aleja a sus vecinos.
El camino une San Isidro de Lules con El Bracho, en la ruta 9. Y es muy utilizado por los camiones que van desde la vieja 38 a la autopista Tucumán-Famaillá (ocho kilómetros al este de Lules) o directamente hasta la 9. Pero su estado es lamentable. El pavimento está repleto de baches, la señalización horizontal se termina a la altura de la autopista y, en varios tramos, las banquinas se volvieron basurales. Lo dejó en claro la lectora Ana María Vigili en la carta que publicó LA GACETA el lunes: "La ruta provincial 321, que une San Isidro de Lules con El Bracho, está cayéndose a pedazos. Es una verdadera lástima (...) Podría llenar la página enumerando su importancia. Si tan solo la bachearan... no estoy pidiendo pavimento (...) ¡Solo que rellenen los pozos!".
La falta de mantenimiento no solo afecta a los conductores que la transitan. Los barrios UOM y Pilar crecieron a ambos lados de la ruta (al este de la rotonda de acceso a Lules). Para hacer compras, visitar amigos o parientes e ir a la escuela, los vecinos deben cruzarla en una u otra dirección. Y si quieren ir hasta el centro de San Isidro o tomar el colectivo para viajar a la capital están obligados a caminar por la banquina (salvo en un sector del lado norte, por donde corre una senda peatonal). En estos casos, la amenaza de que a causa de los pozos algún conductor pierda el control y se los lleve por delante está latente. "Justamente el viernes, una vecina trató de pasar y la atropelló un auto. Como este accidente ya hubo cientos", contó Walter Antonio Gallardo, quien atiende una gomería frente a la ruta. Sus palabras resumieron la experiencia de quienes viven cerca del camino. Los pozos innumerables no les impiden a los camioneros y a los automovilistas apretar el acelerador a fondo.
El titular de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), Raúl Basilio, reconoció que el estado de la 321 no es bueno. "Sufrió mucho desgaste durante la construcción de la autopista Tucumán-Famailla porque las canteras de la constructora estaban cerca de Lules", afirmó. Basilio agregó que en estos días comenzarán a tapar los baches. "Además, está incluida en un paquete de obras para las que estamos buscando financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo", contó.
En los barrios luleños se ilusionan con que las mejoras en la ruta traigan seguridad no solo para los conductores, sino también para quienes viven junto a ella.
Walter Gallardo
Cubiertas destrozadas
La gomería de Walter Gallardo está a pocos metros de la 321, en el barrio Pilar. Esa ubicación y el oficio que ejerce lo vuelven un analista privilegiado de lo que ocurre en la ruta. "Es muy común que tengamos que hacer cambios de cubiertas: vienen a mucha velocidad, pisan un pozo y las destrozan", explicó.
Florencia Ontiveros
Banquinas oscuras
Florencia Ontiveros caminaba junto a Mónica Zarza (a la izquierda). Ambas empujaban los cochecitos junto a la banquina de la 321. A estas vecinas del barrio UOM la oscuridad las hizo renegar: "hay zonas en las que los focos no andan y los autos pueden atropellarnos".
Gabriela Véliz
Maniobras bruscas
Gabriela Véliz camina todos los días casi un kilómetro por la banquina de la 321, desde su casa en el barrio Pilar hasta la parada del Exprebus que la lleva a la capital, donde ensaya para una obra de teatro. "Si hacen una maniobra brusca para esquivar un bache pueden llegar a atropellarme", afirmó.
El camino une San Isidro de Lules con El Bracho, en la ruta 9. Y es muy utilizado por los camiones que van desde la vieja 38 a la autopista Tucumán-Famaillá (ocho kilómetros al este de Lules) o directamente hasta la 9. Pero su estado es lamentable. El pavimento está repleto de baches, la señalización horizontal se termina a la altura de la autopista y, en varios tramos, las banquinas se volvieron basurales. Lo dejó en claro la lectora Ana María Vigili en la carta que publicó LA GACETA el lunes: "La ruta provincial 321, que une San Isidro de Lules con El Bracho, está cayéndose a pedazos. Es una verdadera lástima (...) Podría llenar la página enumerando su importancia. Si tan solo la bachearan... no estoy pidiendo pavimento (...) ¡Solo que rellenen los pozos!".
La falta de mantenimiento no solo afecta a los conductores que la transitan. Los barrios UOM y Pilar crecieron a ambos lados de la ruta (al este de la rotonda de acceso a Lules). Para hacer compras, visitar amigos o parientes e ir a la escuela, los vecinos deben cruzarla en una u otra dirección. Y si quieren ir hasta el centro de San Isidro o tomar el colectivo para viajar a la capital están obligados a caminar por la banquina (salvo en un sector del lado norte, por donde corre una senda peatonal). En estos casos, la amenaza de que a causa de los pozos algún conductor pierda el control y se los lleve por delante está latente. "Justamente el viernes, una vecina trató de pasar y la atropelló un auto. Como este accidente ya hubo cientos", contó Walter Antonio Gallardo, quien atiende una gomería frente a la ruta. Sus palabras resumieron la experiencia de quienes viven cerca del camino. Los pozos innumerables no les impiden a los camioneros y a los automovilistas apretar el acelerador a fondo.
El titular de la Dirección Provincial de Vialidad (DPV), Raúl Basilio, reconoció que el estado de la 321 no es bueno. "Sufrió mucho desgaste durante la construcción de la autopista Tucumán-Famailla porque las canteras de la constructora estaban cerca de Lules", afirmó. Basilio agregó que en estos días comenzarán a tapar los baches. "Además, está incluida en un paquete de obras para las que estamos buscando financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo", contó.
En los barrios luleños se ilusionan con que las mejoras en la ruta traigan seguridad no solo para los conductores, sino también para quienes viven junto a ella.
Walter Gallardo
Cubiertas destrozadas
La gomería de Walter Gallardo está a pocos metros de la 321, en el barrio Pilar. Esa ubicación y el oficio que ejerce lo vuelven un analista privilegiado de lo que ocurre en la ruta. "Es muy común que tengamos que hacer cambios de cubiertas: vienen a mucha velocidad, pisan un pozo y las destrozan", explicó.
Florencia Ontiveros
Banquinas oscuras
Florencia Ontiveros caminaba junto a Mónica Zarza (a la izquierda). Ambas empujaban los cochecitos junto a la banquina de la 321. A estas vecinas del barrio UOM la oscuridad las hizo renegar: "hay zonas en las que los focos no andan y los autos pueden atropellarnos".
Gabriela Véliz
Maniobras bruscas
Gabriela Véliz camina todos los días casi un kilómetro por la banquina de la 321, desde su casa en el barrio Pilar hasta la parada del Exprebus que la lleva a la capital, donde ensaya para una obra de teatro. "Si hacen una maniobra brusca para esquivar un bache pueden llegar a atropellarme", afirmó.






