Por primera vez se hizo un trasplante en el Padilla

A Juan Carlos López le injertaron un riñón que le había donado su esposa. Su evolución es positiva. La operación fue muy veloz.

SE RECUPERAN. Médicos del equipo de trasplante controlan a Juan Carlos (izquierda) y a su mujer, Blanca.  LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI SE RECUPERAN. Médicos del equipo de trasplante controlan a Juan Carlos (izquierda) y a su mujer, Blanca. LA GACETA / FOTOS DE ANTONIO FERRONI
06 Julio 2012
El sueño se hizo realidad. Y mucho antes de lo previsto. Después de dos años de ampliaciones y remodelaciones edilicias, de adquirir nuevo equipamiento e instrumental quirúrgico y de capacitar a un equipo médico, el Hospital Angel C. Padilla inauguró su Unidad de Trasplante. Un paciente recibió el injerto de un riñón que le había donado su esposa. Con este hecho sin precedente en los hospitales públicos de la región, el establecimiento tucumano pasó a ser referente en el NOA como hospital de trasplante de órganos, y lo sigue siendo de enfermos agudos y de emergencias.

Santiagueños
El paciente, Juan Carlos López, de 59 años y sin obra social, fue derivado a Tucumán por el Gobierno de Santiago del Estero. Él figuraba en la lista nacional de espera del Incucai porque sufría una insuficiencia renal crónica y estaba a punto de ingresar a diálisis. No llegó a esa instancia porque su esposa, Blanca Serrano, de 52 años, se ofreció como donante viva. Felizmente, los estudios de compatibilidad sanguínea e histológica (de tejidos) permitieron concretar con éxito el trasplante renal.

"Estoy contento y muy agradecido por la atención que me dan los médicos, las enfermeras, los camilleros y todo el personal de este hospital... También me alegra mucho no haber llegado a la diálisis y ser el primer paciente trasplantado en este hospital", expresó Juan Carlos a LA GACETA, mientras los médicos lo controlaban.

En la otra cama de la sala especialmente preparada para la posablación e implante, Blanca, su mujer, sonreía a pesar de la somnolencia. También elogió la atención en el Padilla. "Me siento bien y sobre todo feliz... Le regalé un riñón al padre de mis tres hijos, a mi compañero de toda la vida...", atinó a decir, y con la sábana se cubrió la cara para ocultar las lágrimas.

En 18 minutos
El jefe del equipo de trasplante y médico de planta del Padilla, Aldo Bunader, y el director del hospital, Jorge Valdecantos, ambos cirujanos vasculares del equipo de trasplante, comentaron que el injerto renal se realizó en sólo 18 minutos.

"Cuando el trasplante se hace con un órgano de donante vivo mejores son los resultados que se obtienen, ya que el tiempo de isquemia (de interrupción de la circulación sanguínea) es muy corto", puntualizó Valdecantos.

"Esto se debe -acotó Bunader- a que los equipos de ablación y de injerto fueron trabajando en forma simultánea, en dos quirófanos contiguos. De modo que cuando se extrajo el riñón el paciente receptor ya estaba listo para recibir el injerto. El donante vivo es una persona sana, entonces hay que sacar el riñón con mucho cuidado (no es lo mismo la ablación en un donante cadavérico)". Añadió que el riñón está unido por tres conductos: la arteria, la vena y la vía urinaria. "Unimos el uréter con la vejiga con puntos reabsorbibles. En cambio, los puntos de la vena y de la arteria permanecen, no se reabsorben", aclaró.

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