Las turbinas comienzan a calentarse y se prende la luz roja que indica que los cinturones de seguridad deben estar ajustados. Llegada esta etapa es casi imposible no sentir algo: ansiedad, nervios, temor o, en el peor de los casos, sudoración, taquicardia y algo de claustrofobia.
El temor a volar es más frecuente de lo que pensamos, aunque a veces no llega a ser una fobia. Como explica el médico psiquiatra Claudio Plá, hay personas que lo exteriorizan diciendo "le tengo respeto". Claro que ese respeto, con el tiempo o con alguna situación traumática, puede derivar en un temor más profundo. Si se agrava puede convertirse en una fobia que lleve a cancelar viajes, postergar salidas o evitar como sea subirse a un avión.
"Suelen aparecer en la etapa media de la vida, cuando el miedo a morir es más concreto. También luego de atravesar crisis vitales como un divorcio, una muerte o hasta tener un hijo. En este último caso la persona automáticamente tiende a ser más cuidadosa porque tiene alguien a su cargo", señala el especialista, que hoy dará un curso-taller sobre el tema.
Bajo control
¿Qué pasa con el avión que no sucede con otros medios de transporte? "En realidad lo que sucede es que el avión nos quita información. No vemos quién lo maneja, no vemos por las ventanillas, no sabemos por qué el piloto no esquiva la tormenta", indica Plá.
Esta falta de información a muchas personas les genera una tremenda inseguridad. Sobre todo si son personalidades que están acostumbradas a tener todo bajo control. Hay ejecutivos que hasta llegan a tomar clases de manejo de avión sólo para sentir que a eso lo pueden controlar porque lo conocen.
Otras personas prefieren el transporte terrestre porque dicen que pueden ver al conductor y controlarlo si se duerme. "En realidad este es un seudo control, porque no podés manejar la potencialidad del peligro", explica el psiquiatra.
Durante el taller el médico da todas las herramientas necesarias para controlar ese temor. El que asiste va a conocer cómo es un tablero de avión, las partes del motor, cómo funciona, que controles y auditorías se efectúan regularmente. También técnicas de relajación y respiración para controlar los nervios y disminuir el nivel de ansiedad.
"Las reacciones son diferentes, según cada persona. Algunos dejan de dormir varias noches antes, a otros les agarra taquicardia, sudoración, se le ponen rígidos los músculos", detalla el especialista.
Una cadena
Por lo general este miedo no viene solo. En la vida diaria la persona puede sufrir algo de claustrofobia, no les gustan los ascensores o los subtes, los lugares abarrotados de gente o cerrados.
También puede darse una acumulación de cosas que desencadenen los síntomas, desde noticias en los medios, testimonios de otras personas o situaciones traumáticas. Lo importante es poder reconocer lo que pasa y aprender a controlarlo.
"Todo lo que hacemos en esta vida tiene riesgos. Hay que ver en qué lugar colocamos el miedo a volar. Lo que yo le digo a la gente es que se trata del medio de movilidad más seguro y que deben reprogramar su archivo para que este temor no aparezca en primer lugar. En términos probabilísticos es más peligroso estar parado en la vereda", contó.
"¿Por qué hay accidentes si es tan seguro?" Esta es la pregunta que más se escucha en los talleres, comenta el psiquiatra. En realidad -explica- no hay nada de accidentes comparado con la cantidad de gente que se moviliza por año (casi un tercio de la población mundial). Mirado así, las rutas resultan mucho más peligrosas. En Argentina, por ejemplo, mueren más de 7.000 personas en accidentes de tránsito por año. Otra de las dudas es la cuestión climática. "En realidad los pilotos experimentados aseguran que cada 10 vuelos uno presenta meteorología complicada", comenta Plá. Más razones para no tenerle miedo a las alturas.

ANTES DE PARTIR
1) Bajar las revoluciones
Por lo menos 48 horas antes disminuir los niveles de estrés. Hacer un poco de actividad física, distraerse. Entrenar las técnicas de respiración profunda.
2) Estar bien descansados
No llegar destruido al check in del aeropuerto, pensando que en el vuelo vamos a dormir. Esto nos va a predisponer e irritar más frente a cualquier eventualidad o temor.
3) Evitar las despedidas
No esperemos para despedirnos los segundos antes de embarcar. Si tenemos miedo eso nos conecta con las vivencias de desamparo. Estar sensibles agravará el cuadro.
4) Cuándo tomar ansiolíticos
En caso de que hayan sido indicados por el médico, entonces tomarlos unos días antes. No esperar a ser un manojo de nervios para tomar varias pastillas de golpe.
5) Los alimentos correctos
No debemos llegar con hambre al avión. Hay que optar por los hidratos de carbono (pastas, dulces, pan) que inducen más el sueño, al contrario que las proteínas.








