¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?

La dimensión y gravitación de Internet configura uno de los temas más atrayentes de la agenda de estos tiempos, por lo menos en lo que atañe al avance tecnológico y su correlato en la vida cotidiana. El último libro de Nicholas Carr intenta develar hasta dónde llega su influencia en nuestras vidas. Por Walter Vargas - para LA GACETA - Buenos Aires.

TODO TIENE UN PRECIO. Según Carr, la tecnología facilita pero determina. Y, por ello, advierte que resulta ingenuo suponer que la cultura digital es inofensiva. TODO TIENE UN PRECIO. Según Carr, la tecnología facilita pero determina. Y, por ello, advierte que resulta ingenuo suponer que la cultura digital es inofensiva.
23 Octubre 2011
Internet, qué duda cabe, ha devenido una babel que se ha metido en nuestras vidas y se perfila para quedarse hasta donde podamos imaginarnos e imaginar las futuras generaciones. Es cierto, sería cínico ignorarlo, que no todo el mundo tiene acceso a Internet. Que para millones de personas Internet no sólo no es indispensable sino además una herramienta de un costo material inalcanzable. Pero sería necio de toda necedad omitir la vigorosa y creciente presencia de Internet, sea como un bien al alcance de la mano, sea como un bien al que se aspira. Lo que es más difícil de establecer, eso sí, es hasta dónde la Red es virtuosa en sí misma y hasta dónde encierra efectos colaterales, contraindicaciones, toxicidades complejas de discernir a simple vista.
En este sentido, pulsan y perseveran dos posiciones en principio irreconciliables. De un lado se colocan los fundamentalistas defensores de una suerte de pureza que Internet vendría a mancillar. Son los que ponen la virtualidad bajo sospecha e infieren que detrás de los cantos de sirena de Google y sus etcéteras anida una mefistofélica vocación manipuladora. El ocio de los pueblos siglo XXI.
De otro lado se hacen oír quienes sin dejar de contemplar las objeciones toman distancia de cualquier respuesta escandalizada y subrayan su confianza en la autonomía de las personas. Todo el problema, según estos optimistas, estribaría en una cuestión de gramática, dónde ponemos el sujeto y dónde ponemos el objeto. Esto es: no importa tanto qué hace Internet con nosotros como qué hacemos nosotros con Internet. Algo más o menos así pensaba el periodista estadounidense Nicholas Carr hasta que comenzó por desconfiar de esa confortable certeza, un buen día registró cómo lo incomodaba y se abocó a una investigación paciente y sistemática. Así nació su provocador artículo ¿Google nos vuelve estúpidos? Y así nació su libro Superficiales (¿qué está haciendo Internet con nuestras mentes?), editado en la Argentina por Taurus.
Carr hace un detallado recorrido por la evolución de la tecnología, los orígenes del pensamiento y las condiciones biológicas y culturales donde el pensar es posible y, por ejemplo, descubre que el mismísimo Friedrich Nietzsche llegó a confesar que cuando llegó a sus manos una máquina de escribir su prosa mutó, se volvió más telegráfica, producto, según el célebre filósofo alemán, de la influencia del mecanógrafo. Este episodio data de 1879, pero hoy, después de tanta agua que ha corrido bajo los puentes, Carr concluye que la tecnología facilita pero determina, que los beneficios de Internet son reales pero tienen un precio, que es ingenuo suponer que la cultura digital es inofensiva, que la llamada mente lineal está siendo desplazada por una nueva clase de mente, que la Red conspira seriamente contra la concentración y la profundidad, y que, en su caso específico, ha modificado su modo de pensar y no precisamente para bien.
Superficiales, en fin, es un libro audaz, perturbador y de capital valor para quienes afronten el desafío de poner en remojo la blanca fantasía de que Internet y Paraíso son análogos. © LA GACETA

Walter Vargas - Periodista, psicólogo social, escritor.

Tamaño texto
Comentarios
Comentarios