Noruega vuelve a la rutina, en medio de polémicas, dudas y muchas preguntas

El partido de derecha, segundo en importancia, rechaza las acusaciones de corresponsabilidad por los ataques. Las críticas al accionar de la Policía se multiplican. ¿Fue un acto aislado o es el producto de un clima de intolerancia? Postergación

HOMENAJE. Un familiar de una de las víctimas de la masacre de la isla de Utoya deja flores y enciende velas, en un espacio convertido en santuario. REUTERS
HOMENAJE. Un familiar de una de las víctimas de la masacre de la isla de Utoya deja flores y enciende velas, en un espacio convertido en santuario. REUTERS
27 Julio 2011
Noruega trata de volver a la normalidad después de la masacre del viernes. Los cinco millones de ciudadanos del país del norte de Europa se ayudan un poco a sí mismos mediante conmovedoras reuniones de cientos de miles de personas para compartir sus penas en casi todas las ciudades, con un mar de rosas y con las palabras cálidas de la casa real y el primer ministro, Jens Stoltenberg.

Poco a poco, se vuelve a la rutina, y con ella llegan un montón de preguntas desagradables y conflictivas: ¿Qué es todo lo que salió mal para que la policía llegara recién una hora después a la isla de Utøya donde se perpetró la masacre de decenas de adolescentes? ¿Es el del autor confeso, el radical de derechas islamófobo Anders Behring Breivik, un acto aislado o es el producto de un clima cada vez más intolerante en la sociedad?

"A este hombre no lo habría detenido ni la Alemania de la Stasi (órgano de inteligencia de la ex República Democrática Alemana)", se defendió la jefa del servicio secreto PST, Janne Kristiansen, en declaraciones al diario "Dagbladet", ante las acusaciones de que se debería haber vigilado a Breivik cuando comenzó a comprar químicos.

Siv Jensen, presidenta del Partido del Progreso, populista de derechas, rechazó las primeras acusaciones de corresponsabilidad "espiritual" por los atentados. Jensen, cuya agrupación cosechó en los comicios de 2009 el 22,9 % de los votos, tras pedir un endurecimiento de las leyes inmigratorias consideró estas acusaciones "de mal de gusto". Pero, hoy día es el segundo partido de Noruega. En Oslo nadie duda que el primer ministro socialdemócrata y su partido afianzaron por mucho tiempo su papel como fuerza política líder por estos terribles acontecimientos. El Partido de los Trabajadores fue objetivo de los dos ataques. También como jefe de esa formación, Stoltenberg guió al país de forma convincente a través del caos y el shock de los días posteriores a la tragedia.

Sin embargo, el primer ministro de 52 años también podría verse enfrentado pronto a preguntas controvertidas acerca de la estructura liberal de la sociedad noruega: ¿Cómo es posible que el autor accediera tan fácilmente y de forma legal a dos armas de fuego? ¿Por qué pudo financiar sin problemas sus costosos planes de muerte con grandes deudas de tarjeta de crédito?

Sin embargo, los muertos aún no descansan en paz. Es por eso que todos los partidos acordaron aplazar hasta mediados de agosto la campaña para las elecciones comunales previstas para septiembre.

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