Lanzamiento del cristinismo

El candidato a vicepresidente del oficialismo no es nadie nuevo, ni tampoco un gobernador. Es nada menos que un economista.

Por Álvaro José Aurane 25 Junio 2011
Los primeros minutos posteriores al anuncio de Cristina Fernández respecto de que su compañero de fórmula será Amado Boudou son, simplemente, frenéticos.

En un intento por congelar la imagen, lo primero que surge es que la revelación es, en realidad, una confirmación: no hay ninguna sorpresa. El nombre del ministro de Economía de la Nación sonaba desde hace semanas, en una suerte de terna que se completaba con Juan Manuel Abal Medina, secretario de Comunicación Pública, y “algún” gobernador. Aquí aparece toda una señal: en este kirchnerismo sin Néstor Kirchner no hay ensayos, como los hubo antes, con Daniel Scioli y con Julio Cobos. Por el contrario, sólo apuesta a los propios. Se prefiere “malo conocido que bueno por conocer”.

La segunda cuestión, justamente, es que el candidato a vicepresidente no va a ser ningún gobernador. El fallecido ex presidente Néstor Kirchner fulminó la “liga de gobernadores” que se consolidó durante el menemismo. Su esposa, la Presidenta, no iba a resucitarla. Ese es todo un mensaje político: ella no sólo es la jefa del proyecto político, sino que también es su dueña. Y los demás son socios. Se llamen como se llamen.
Una actitud que guarda una inapelable coherencia con los últimos movimientos de la Casa Rosada, imponiendo personalmente varios candidatos en listas de parlamentarios nacionales de las provincias.

En Tucumán, es el caso del edil de Bella Vista Marcelo Santillán. En Buenos Aires, es el caso de Gabriel Mariotto, que de titular de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual pasó a candidato a vicegobernador de la provincia, sin que el gobernador, Daniel Scioli, tuviese, siquiera, derecho a pataleo. Durante el menemismo, los gobernadores tenían plena libertad para armar las nóminas, pero porque el entonces presidente le exigía a los mandatarios provinciales el voto de sus diputados y senadores. Durante la gestión de Néstor, esa libertad era vigilada. El “pingüino” sugería nombres, pero lo que se acordaba era que, para los efectos públicos, sería el gobernador el que daría el anuncio, de modo que la medida quedaba como “cosa” del cacique provincial. Con Cristina, no hay más libertad: ella manda.

La tercera instancia tiene que ver con la palabra que sintetiza el currículum de Boudou: “economista”. La elección del compañero de fórmula es un mensaje que trasciende la política y se dirige a los mercados. A todos los mercados. Se acabó el modelo en el cual el presidente es también el ministro de Economía, de lo que tanto se jactaba privadamente el jefe de Estado anterior. Según pasen las horas surgirán nuevas lecturas. Por el momento, hay un hilo común que las va hilvanando. Con la elección del compañero de fórmula, Cristina Fernández, con más claridad que nunca, marca el inicio límpido del Cristinismo. Ahora, deberá llevarlo a las urnas para ver cuánta vida tendrá.

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