Ha llegado el invierno de las novedades políticas. La nación confirma su lamentable derrotero de país chiquito. Los sondeos dicen que vuelve el bipartidismo entre el PJ y la UCR, pero la realidad enseña que, si los presagios del oráculo encuestador se cumplen, habrá un fenómeno más propio de la comarca provinciana que del orden federal: la bi-familiaridad. De un lado, la viuda de un ex presidente; del otro, el hijo de un ex mandatario.
La necesidad de un hecho nuevo y caliente se torna acuciante en el helado páramo del más de lo mismo. Se sabía que Cristina, en tanto presidente peronista, buscaría seguir en el poder. Ella es una de las arquitectas del presidencialismo matrimonial, diseñado originalmente para turnarse en el sillón de Rivadavia con su recientemente fallecido esposo, salteando los límites constitucionales. Pese a la muerte de Néstor, birlar la institución de la periodicidad de mandatos funcionó: ella se somete a las urnas para que haya 12 años de kirchnerismo consecutivo, y no los ocho que manda la Carta Magna.
Tampoco es nuevo que el alperovichismo, en la carrera nacional, se cansó en la partida. Que el jueves se insinuara la vicepresidencia (así sea como cortina de humo) a un gobernador de provincia pobre del Norte, pero que ese mandatario fuese el chaqueño Jorge Capitanich y no José Alperovich, sacudió la autoestima política de la Casa de Gobierno.
Ayer, durante todo el día, se ensayaron varios "sana sana". Los medios nacionales se acordaban de mencionar al tucumano, y los opositores locales recibían informes alperovichistas que daban cuenta de una "citación urgente" de parte de la Presidenta para el acto de anuncio de hoy. Pero el gobernador desistía de viajar por tierra a Buenos Aires y se encomendaba al clima de cenizas de hoy para saber si volaría o no, a la misma hora en que algunos funcionarios insistían con que no había que descartar nada.
Las peleas internas del alperovichismo también son "chocolate por la noticia". Para los que sí creen en las batallas entre Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo contra el ministro político Edmundo Jiménez, esas lides se explican en el esquema de rapiñaje al cual el oficialismo condena a sus huestes.
El alperovichismo no crece: no tiene, para ponerlo en términos de encuesta, mayor imagen positiva que antes. Todo por el contrario. Y si no hay más votos, hay menos bancas. Y como todos quieren repetir, y otros tantos se quieren sumar, no hay más salida que la piratería de dirigentes, pero con patente de corso: todos los bucaneros del sutrópico navegan para beneficio de su graciosa majestad.
Para los que descreen, que los alperovichistas jueguen a Pimpinela es el síntoma de que el oficialismo, ahora, apuesta a ocupar también el lugar de la oposición. De hecho, el llamado a condenar el bolsoneo estuvo en boca nada menos que de "Pirincho". No en la de la izquierda, que busca zafarse del agujero negro kirchnerista que ya se chupó banderas y discursos del sector. Tampoco en la derecha petardera, que antes que urdir victorias propias celebra los escándalos de organismos de derechos humanos. Menos en la UCR, cuyo candidato a gobernador pesca en Corrientes, mientras su partido, que captó en las internas cerradas 0,8% de los votos del padrón general de la provincia (incluyendo los votos militantes de los afiliados fallecidos), baraja media docena de listas de diputados para las primarias abiertas.
Cristina hace con Alperovich lo mismo que la oposición practica con el mayoritario electorado no alperovihista de la provincia.
Entre tanta política marchita, florecieron en invierno brotes de novedades económicas: en el Jardín de la Repavimentación, ahora hay ampliaciones presupuestarias "hormiga".
Brotes presupuestarios
El Presupuesto General de la Provincia pasó de ser mentira secreta entre 2004 y 2010 (el Gobierno no lo mostraba) a público embuste, con copia autenticada. Siempre fue un cálculo subestimado. ¿Por qué consignaba menos plata que la que se sabía que iba a venir? Porque cuando llegaba el dinero omitido se aprobaba en la Legislatura una ampliación presupuestaria sin imputación específica: millonaria canilla libre para gastos discrecionales.
Pero el año pasado, a esta bicicleta se le salió la cadena. El Gobierno hizo aprobar un Presupuesto de $ 7.100 millones y, en septiembre, le agregaron $ 1.134 millones. O sea, la ampliación presupuestaria no fue una corrección a la estimación original del orden del 5% (un margen de error aceptable). Por el contrario, fue el blanqueo vergonzoso del equivalente al 16% de la pauta original. O sea, el Presupuesto 2010 legal no incluía, orginalmente, $ 1 de cada $ 6 de existencia real. Y a los $ 1.134 millones "nuevos", a fines del mes nueve, los incluyeron sin la más mínima imputación específica.
En este 2011, empezaron más temprano. El Poder Ejecutivo ya le comunicó a la Cámara 15 decretos que pautan ampliaciones presupuestarias por la friolera de $ 73,5 millones. Esa es la buena noticia. La mala es que la cifra corresponde, tan solamente, a los decretos dictados durante dos semanas: están fechados apenas entre el 5 y el 19 de mayo. Algunos "incorporan recursos" nacionales. Otros, suman en el mes cinco de este año partidas no ejecutadas durante 2010.
Para muestra, un botón del decreto 1355/3-SH, que "incrementa el Presupuesto General 2011" en $ 11.421.000 "en la jurisdicción Ministerio de Desarrollo Productivo". En el marco de un convenio con "pequeños transportistas", prevé $ 530.000 en concepto de "ayudas sociales a personas". Luego, en el marco del convenio "Polo Lácteo", prevé otros $ 35.000, también como "ayudas sociales a personas". Y, siempre en el mismo decreto, la cuenta "Emergencia Agropecuaria", acoge $ 5 millones más, otra vez para "ayudas sociales a personas". Eso sí que es Desarrollo Productivo en sentido realmente amplio.
Dos detalles, a la sazón. El primero: según el último informe del Tribunal de Cuentas sobre el manejo de los fondos públicos tucumanos (Cuenta de Inversión de 2009), no se puede saber si todo el dinero que llega de la Nación es todo el que debe debió enviarse, porque falta información. Luego, respecto de la plata que sí mandaron, no se sabe exactamente a qué corresponde: los recursos son exhibidos "globalmente" y no por partidas individuales. O sea, no se sabe enteramente qué corresponde a fondos especiales, a leyes específicas o la discrecionalidad de la Nación. Finalmente, de lo que se gastó no se sabe cuánto queda. "Los saldos presupuestarios no reflejan razonablemente la situación de la ejecución del presupuesto, de acuerdo con la normativa vigente", fue el lapidario y alarmante dictamen de los contadores fiscales.
El segundo: Tucumán representa, históricamente, el 1,8% del Producto Bruto Geográfico argentino, que hoy se traduce en unos $ 26.000 millones anuales para la provincia. Y en diciembre, el Presupuesto 2011 real no será de $ 10.000 millones, como sancionó la Legislatura: el ampliado y ejecutado será de $ 13.000 millones, según estiman economistas públicos y privados. Es decir, el Estado alperovichista maneja el 50% de todos los recursos de Tucumán. O sea, considerando lo dicho por el Tribunal de Cuentas, no se sabe qué pasa con la mitad de la plata de los tucumanos.
El invierno de las novedades políticas es, también, la sequía de la institucionalidad.
La necesidad de un hecho nuevo y caliente se torna acuciante en el helado páramo del más de lo mismo. Se sabía que Cristina, en tanto presidente peronista, buscaría seguir en el poder. Ella es una de las arquitectas del presidencialismo matrimonial, diseñado originalmente para turnarse en el sillón de Rivadavia con su recientemente fallecido esposo, salteando los límites constitucionales. Pese a la muerte de Néstor, birlar la institución de la periodicidad de mandatos funcionó: ella se somete a las urnas para que haya 12 años de kirchnerismo consecutivo, y no los ocho que manda la Carta Magna.
Tampoco es nuevo que el alperovichismo, en la carrera nacional, se cansó en la partida. Que el jueves se insinuara la vicepresidencia (así sea como cortina de humo) a un gobernador de provincia pobre del Norte, pero que ese mandatario fuese el chaqueño Jorge Capitanich y no José Alperovich, sacudió la autoestima política de la Casa de Gobierno.
Ayer, durante todo el día, se ensayaron varios "sana sana". Los medios nacionales se acordaban de mencionar al tucumano, y los opositores locales recibían informes alperovichistas que daban cuenta de una "citación urgente" de parte de la Presidenta para el acto de anuncio de hoy. Pero el gobernador desistía de viajar por tierra a Buenos Aires y se encomendaba al clima de cenizas de hoy para saber si volaría o no, a la misma hora en que algunos funcionarios insistían con que no había que descartar nada.
Las peleas internas del alperovichismo también son "chocolate por la noticia". Para los que sí creen en las batallas entre Sergio Mansilla y Osvaldo Jaldo contra el ministro político Edmundo Jiménez, esas lides se explican en el esquema de rapiñaje al cual el oficialismo condena a sus huestes.
El alperovichismo no crece: no tiene, para ponerlo en términos de encuesta, mayor imagen positiva que antes. Todo por el contrario. Y si no hay más votos, hay menos bancas. Y como todos quieren repetir, y otros tantos se quieren sumar, no hay más salida que la piratería de dirigentes, pero con patente de corso: todos los bucaneros del sutrópico navegan para beneficio de su graciosa majestad.
Para los que descreen, que los alperovichistas jueguen a Pimpinela es el síntoma de que el oficialismo, ahora, apuesta a ocupar también el lugar de la oposición. De hecho, el llamado a condenar el bolsoneo estuvo en boca nada menos que de "Pirincho". No en la de la izquierda, que busca zafarse del agujero negro kirchnerista que ya se chupó banderas y discursos del sector. Tampoco en la derecha petardera, que antes que urdir victorias propias celebra los escándalos de organismos de derechos humanos. Menos en la UCR, cuyo candidato a gobernador pesca en Corrientes, mientras su partido, que captó en las internas cerradas 0,8% de los votos del padrón general de la provincia (incluyendo los votos militantes de los afiliados fallecidos), baraja media docena de listas de diputados para las primarias abiertas.
Cristina hace con Alperovich lo mismo que la oposición practica con el mayoritario electorado no alperovihista de la provincia.
Entre tanta política marchita, florecieron en invierno brotes de novedades económicas: en el Jardín de la Repavimentación, ahora hay ampliaciones presupuestarias "hormiga".
Brotes presupuestarios
El Presupuesto General de la Provincia pasó de ser mentira secreta entre 2004 y 2010 (el Gobierno no lo mostraba) a público embuste, con copia autenticada. Siempre fue un cálculo subestimado. ¿Por qué consignaba menos plata que la que se sabía que iba a venir? Porque cuando llegaba el dinero omitido se aprobaba en la Legislatura una ampliación presupuestaria sin imputación específica: millonaria canilla libre para gastos discrecionales.
Pero el año pasado, a esta bicicleta se le salió la cadena. El Gobierno hizo aprobar un Presupuesto de $ 7.100 millones y, en septiembre, le agregaron $ 1.134 millones. O sea, la ampliación presupuestaria no fue una corrección a la estimación original del orden del 5% (un margen de error aceptable). Por el contrario, fue el blanqueo vergonzoso del equivalente al 16% de la pauta original. O sea, el Presupuesto 2010 legal no incluía, orginalmente, $ 1 de cada $ 6 de existencia real. Y a los $ 1.134 millones "nuevos", a fines del mes nueve, los incluyeron sin la más mínima imputación específica.
En este 2011, empezaron más temprano. El Poder Ejecutivo ya le comunicó a la Cámara 15 decretos que pautan ampliaciones presupuestarias por la friolera de $ 73,5 millones. Esa es la buena noticia. La mala es que la cifra corresponde, tan solamente, a los decretos dictados durante dos semanas: están fechados apenas entre el 5 y el 19 de mayo. Algunos "incorporan recursos" nacionales. Otros, suman en el mes cinco de este año partidas no ejecutadas durante 2010.
Para muestra, un botón del decreto 1355/3-SH, que "incrementa el Presupuesto General 2011" en $ 11.421.000 "en la jurisdicción Ministerio de Desarrollo Productivo". En el marco de un convenio con "pequeños transportistas", prevé $ 530.000 en concepto de "ayudas sociales a personas". Luego, en el marco del convenio "Polo Lácteo", prevé otros $ 35.000, también como "ayudas sociales a personas". Y, siempre en el mismo decreto, la cuenta "Emergencia Agropecuaria", acoge $ 5 millones más, otra vez para "ayudas sociales a personas". Eso sí que es Desarrollo Productivo en sentido realmente amplio.
Dos detalles, a la sazón. El primero: según el último informe del Tribunal de Cuentas sobre el manejo de los fondos públicos tucumanos (Cuenta de Inversión de 2009), no se puede saber si todo el dinero que llega de la Nación es todo el que debe debió enviarse, porque falta información. Luego, respecto de la plata que sí mandaron, no se sabe exactamente a qué corresponde: los recursos son exhibidos "globalmente" y no por partidas individuales. O sea, no se sabe enteramente qué corresponde a fondos especiales, a leyes específicas o la discrecionalidad de la Nación. Finalmente, de lo que se gastó no se sabe cuánto queda. "Los saldos presupuestarios no reflejan razonablemente la situación de la ejecución del presupuesto, de acuerdo con la normativa vigente", fue el lapidario y alarmante dictamen de los contadores fiscales.
El segundo: Tucumán representa, históricamente, el 1,8% del Producto Bruto Geográfico argentino, que hoy se traduce en unos $ 26.000 millones anuales para la provincia. Y en diciembre, el Presupuesto 2011 real no será de $ 10.000 millones, como sancionó la Legislatura: el ampliado y ejecutado será de $ 13.000 millones, según estiman economistas públicos y privados. Es decir, el Estado alperovichista maneja el 50% de todos los recursos de Tucumán. O sea, considerando lo dicho por el Tribunal de Cuentas, no se sabe qué pasa con la mitad de la plata de los tucumanos.
El invierno de las novedades políticas es, también, la sequía de la institucionalidad.







