15 Junio 2011 Seguir en 
En 1962, Vincente Minnelli dirigió "Los cuatro jinetes del Apocalipsis", una remake de la película del mismo título que se había filmado cuatro décadas antes con el mítico Rodolfo Valentino en el rol protagónico. El papel, en la nueva versión, fue asumido por Glenn Ford, y lo acompañaban en el elenco Ingrid Thulin, Charles Boyer y Paul Henreid, entre otros. El filme, basado en una novela del español Vicente Blasco Ibáñez, cuenta las andanzas de una familia de ganaderos argentinos, y ubica una buena parte de la acción en nuestras pampas. Hay en la película de Minnelli un par de escenas que muestran el profundo desconocimiento del ambiente típico de una estancia argentina, las costumbres y las vestimentas de los gauchos y hasta de la fauna autóctona. Por ejemplo, en una celebración realizada en el solar del poderoso Julio Madariaga (Lee J.Cobb), los paisanos parecen nativos de Andalucía (al punto que bailan una especie de danza flamenca), mientras en las ramas de los árboles aparecen ¡loros y guacamayos! de coloridos plumajes. Los ¿gauchos?, en lugar del tradicional asado, aparecen comiendo platos exóticos, en los que las frutas tropicales están a la orden del día. Los diálogos remarcan constantemente que la acción transcurre en Buenos Aires.
Bastante peor le fue a la historia y la geografía del Perú en la más reciente "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal". En efecto, en la última aventura del legendario arqueólogo encarnado por Harrison Ford se confunde la región andina de Cuzco con la ciudad peruana de Nazca, ubicada en la costa. Además, Indiana Jones afirma que habla la lengua quechua porque peleó junto con Pancho Villa, quien en realidad fue el héroe de la Revolución mexicana y nada tiene que ver con el Perú; y, por cierto que en México no se habla el quechua. Finalmente, los exploradores llegan al corazón de la selva amazónica, donde encuentran construcciones claramente identificables con las pirámides mayas; varios historiadores peruanos (y de otras nacionalidades) demandaron airadamente que la producción del filme rectificara públicamente tan groseras inexactitudes.
Cuesta creer que producciones multimillonarias muestren un tremendo descuido en este tipo de detalles; es impensable que se decida ahorrar una suma proporcionalmente ridícula dentro del presupuesto del filme cuando los problemas serían inexistentes si se contratara a un grupo de asesores idóneos. Parece ser que a Hollywood no le interesa reflejar con exactitud la realidad histórica o geográfica de algunos países sudamericanos, sino lo que los productores consideran que el público (norteamericano) cree que es la realidad histórica o geográfica de esos países.
Sigue en cartelera en Tucumán un filme que contiene un nuevo ejemplo de ese flagrante descuido. En una escena de "X Men-Primera generación", uno de los personajes persigue a un criminal de guerra nazi, y recibe la información de que, en plena posguerra, este huyó de Europa y se encuentra en Argentina. La siguiente escena muestra un paisaje idílico, enmarcado por montañas que rodean a un plácido lago, a cuyas orillas se levantan construcciones de obvio estilo suizo. El cartel sobreimpreso reza "Villa Gesell, Argentina", y suele ser recibido con sonoras risotadas por parte del público; al menos, del público argentino.
Bastante peor le fue a la historia y la geografía del Perú en la más reciente "Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal". En efecto, en la última aventura del legendario arqueólogo encarnado por Harrison Ford se confunde la región andina de Cuzco con la ciudad peruana de Nazca, ubicada en la costa. Además, Indiana Jones afirma que habla la lengua quechua porque peleó junto con Pancho Villa, quien en realidad fue el héroe de la Revolución mexicana y nada tiene que ver con el Perú; y, por cierto que en México no se habla el quechua. Finalmente, los exploradores llegan al corazón de la selva amazónica, donde encuentran construcciones claramente identificables con las pirámides mayas; varios historiadores peruanos (y de otras nacionalidades) demandaron airadamente que la producción del filme rectificara públicamente tan groseras inexactitudes.
Cuesta creer que producciones multimillonarias muestren un tremendo descuido en este tipo de detalles; es impensable que se decida ahorrar una suma proporcionalmente ridícula dentro del presupuesto del filme cuando los problemas serían inexistentes si se contratara a un grupo de asesores idóneos. Parece ser que a Hollywood no le interesa reflejar con exactitud la realidad histórica o geográfica de algunos países sudamericanos, sino lo que los productores consideran que el público (norteamericano) cree que es la realidad histórica o geográfica de esos países.
Sigue en cartelera en Tucumán un filme que contiene un nuevo ejemplo de ese flagrante descuido. En una escena de "X Men-Primera generación", uno de los personajes persigue a un criminal de guerra nazi, y recibe la información de que, en plena posguerra, este huyó de Europa y se encuentra en Argentina. La siguiente escena muestra un paisaje idílico, enmarcado por montañas que rodean a un plácido lago, a cuyas orillas se levantan construcciones de obvio estilo suizo. El cartel sobreimpreso reza "Villa Gesell, Argentina", y suele ser recibido con sonoras risotadas por parte del público; al menos, del público argentino.







