22 Junio 2003 Seguir en 

El peligro no pasó. A pesar de las precisiones del ministro Roberto Lavagna sobre los contactos entre los presidentes Kirchner y Lula, el Mercosur implica negociaciones económicas y políticas profundas, en las que el azúcar es un factor irritante para los brasileños, y en las que estará siempre en juego el futuro de esta provincia.
Por sus antecedentes, Brasil atesora una visión imperialista y conquistadora de los negocios. Su ambición no tiene límites y avanza sin contemplaciones, más allá de la ideología del gobierno de turno.
El coloso azucarero propuso reemplazar en Tucumán la elaboración de azúcar por alcohol para alconafta.
Una vez más, Brasil quiere apoderarse del mercado azucarero argentino y, a la vez, protege su plan Proálcool con millones de reales, lo que crea insalvables asimetrías. Habla de integración, pero con intenciones de devorar al resto.
Sólo hay un producto que está protegido en el Mercosur (y en EEUU, en la Comunidad Europea y en el mundo): el azúcar. No se puede liberar el mercado irresponsablemente.
Con presiones provinciales, se logró una ley de protección arancelaria que evita la introducción de embarques provenientes del Mercosur. El ex presidente Duhalde la vetó, pero los reclamos se redoblaron y está vigente.
Al borde de la ridiculez
Tucumán es azúcar y no le conviene asociarse con los brasileños. Abarrotado de azúcar (fabrica 22,2 millones de toneladas contra 1,6 millón de la Argentina) y de alcohol (vende 12.600 millones de litros, contra 150 millones de nuestro país), el plan de Brasil suena hasta ridículo.
No tiene sentido pretender que tenga excedentes de alcohol un país que exporta grandes volúmenes de petróleo, que tiene mucho gas y en el que no se fabrica alconafta porque no es negocio, salvo que los empresarios argentinos sean medio bobos.
Tampoco es racional hablar de cuotas de importación de azúcar desde Brasil, aunque sea de 200.000 toneladas anuales, como intentaron muchas veces, porque causaría una catástrofe en una provincia que cayó en un profundo abismo económico y social por la impericia gubernamental. Una economía famélica, la pobreza del 70%, un desempleo superior al 20% y la mortalidad infantil mayor al 25 por mil no se solucionarán en Tucumán con el desmantelamiento de los 15 ingenios.
Miles de familias viven del negocio azucarero y cualquier modificación afectará a una enorme porción de la economía.El proteccionismo brasileño apunta a ganar mercados, porque cada vez tiene más azúcar. Tucumán es sólo un pequeño enclave que debe trabajar con fuerza para ser eficiente, bajar costos y producir más.
Brasil otorga cuantiosos subsidios al alcohol, mediante compras desde el Estado, a un precio artificialmente elevado. Eso le permitió expandir su producción azucarera.
La clave está en los combustibles. Después de años de peregrinar, ahora Brasil casi se abastece de petróleo, que era un producto del que siempre careció.
A causa de ese viraje, desde 1995 dejó de fabricar autos a alcohol, del que cada vez consume menos, pero no detuvo la producción de caña.
En ese contexto, el Mercosur seguirá avanzando. Lo más razonable es que Tucumán analice cuanto antes los cambios que necesita y que se adapte, incluso en el sector del azúcar, a los desafíos de la realidad regional.
Lavagna deslizó que los azucareros tienen que mejorar su productividad y aprovechar las transformaciones de la tecnología, porque los mercados no son eternos y los ineficientes, aunque los llenen de protecciones, quedarán en el camino.
Por sus antecedentes, Brasil atesora una visión imperialista y conquistadora de los negocios. Su ambición no tiene límites y avanza sin contemplaciones, más allá de la ideología del gobierno de turno.
El coloso azucarero propuso reemplazar en Tucumán la elaboración de azúcar por alcohol para alconafta.
Una vez más, Brasil quiere apoderarse del mercado azucarero argentino y, a la vez, protege su plan Proálcool con millones de reales, lo que crea insalvables asimetrías. Habla de integración, pero con intenciones de devorar al resto.
Sólo hay un producto que está protegido en el Mercosur (y en EEUU, en la Comunidad Europea y en el mundo): el azúcar. No se puede liberar el mercado irresponsablemente.
Con presiones provinciales, se logró una ley de protección arancelaria que evita la introducción de embarques provenientes del Mercosur. El ex presidente Duhalde la vetó, pero los reclamos se redoblaron y está vigente.
Al borde de la ridiculez
Tucumán es azúcar y no le conviene asociarse con los brasileños. Abarrotado de azúcar (fabrica 22,2 millones de toneladas contra 1,6 millón de la Argentina) y de alcohol (vende 12.600 millones de litros, contra 150 millones de nuestro país), el plan de Brasil suena hasta ridículo.
No tiene sentido pretender que tenga excedentes de alcohol un país que exporta grandes volúmenes de petróleo, que tiene mucho gas y en el que no se fabrica alconafta porque no es negocio, salvo que los empresarios argentinos sean medio bobos.
Tampoco es racional hablar de cuotas de importación de azúcar desde Brasil, aunque sea de 200.000 toneladas anuales, como intentaron muchas veces, porque causaría una catástrofe en una provincia que cayó en un profundo abismo económico y social por la impericia gubernamental. Una economía famélica, la pobreza del 70%, un desempleo superior al 20% y la mortalidad infantil mayor al 25 por mil no se solucionarán en Tucumán con el desmantelamiento de los 15 ingenios.
Miles de familias viven del negocio azucarero y cualquier modificación afectará a una enorme porción de la economía.El proteccionismo brasileño apunta a ganar mercados, porque cada vez tiene más azúcar. Tucumán es sólo un pequeño enclave que debe trabajar con fuerza para ser eficiente, bajar costos y producir más.
Brasil otorga cuantiosos subsidios al alcohol, mediante compras desde el Estado, a un precio artificialmente elevado. Eso le permitió expandir su producción azucarera.
La clave está en los combustibles. Después de años de peregrinar, ahora Brasil casi se abastece de petróleo, que era un producto del que siempre careció.
A causa de ese viraje, desde 1995 dejó de fabricar autos a alcohol, del que cada vez consume menos, pero no detuvo la producción de caña.
En ese contexto, el Mercosur seguirá avanzando. Lo más razonable es que Tucumán analice cuanto antes los cambios que necesita y que se adapte, incluso en el sector del azúcar, a los desafíos de la realidad regional.
Lavagna deslizó que los azucareros tienen que mejorar su productividad y aprovechar las transformaciones de la tecnología, porque los mercados no son eternos y los ineficientes, aunque los llenen de protecciones, quedarán en el camino.
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