Los peritos complicaron a Ema Gómez y a Pérez
La declaración de los testigos sostuvieron las principales pruebas contra los imputados por homicidio en el crimen del juez de Menores . Los defensores relativizaron los dichos de los peritos oficiales, y confían en que el Tribunal no los tendrán en cuenta al dictar la sentencia. Arañazos y el arma homicida.
20 Marzo 2011 Seguir en 
Manchas de sangre en unos zapatos de mujer, nueves vainas que fueron disparadas de la misma arma, un rasguño en el cuello de la víctima y la declaración de un comisario que afirma que existió un "desliz amoroso". En las seis semanas que pasaron desde el inicio de las audiencias, las declaraciones de los testigos complicaron la situación de los principales acusados por el homicidio del juez de Menores Héctor Agustín Aráoz.
El fiscal de Instrucción Guillermo Herrera imputó a Ema Hortensia Gómez y a Darío Pérez por el crimen. Aráoz fue asesinado el 26 de noviembre de 2004 en su casa, en avenida Aconquija 2.950.
Según la elevación a juicio, los imputados mantenían una relación amorosa, y mataron al magistrado por móviles sentimentales. Gómez había sido novia de Aráoz y, según María Elena Dip, que trabajaba en el juzgado de Menores en la fecha del crimen y que declaró en la causa, esa relación había terminado.
En las primeras audiencias, Ema Gómez se llevó toda la atención. Primero le gritó asesino y mentiroso a Pérez mientras este declaraba. Luego, habló por primera vez, y volvió a cargar contra el ex oficial. Ella reconoció que eran confidentes y que Pérez le insistía que termine la relación con Aráoz.
Hasta el inicio del juicio, la prueba más fuerte contra la ex agente eran los restos de piel del juez, que fueron encontrados en sus uñas. Aráoz tenía un rasguño en el cuello. Sin embargo, Gómez ingresó a la casa cuando la llevaron los policías de Banda del Río Salí, y tocó el cuerpo de Aráoz. Esa podría haber sido su coartada.
La declaración de la médico forense Yolanda Lilia Gordillo, que realizó la autopsia, tiró por abajo esa posibilidad. "Todas las heridas que tenía Aráoz en su cuerpo fueron hechas cuando estaba con vida, incluido el rasguño del cuello", declaró Gordillo.
Además, otra perito complicó la situación. Gómez había salido de la casa descalza, con las medias manchadas de sangre. Los zapatos habían quedado en el jardín. Nadie sabe por qué se los sacó, pero en la casa había marcas de pies impresos con sangre. Por el tamaño, se presume que son de mujer.
La bioquímica Lilia Amelia Moyano, de la división Criminalística de la Policía, afirmó que dentro de los zapatos de Gómez había sangre. El abogado Mario Mirra relativizó esa pericia: nadie sabe la secuencia en que la ex agente se puso o sacó los zapatos al ingresar a la escena del crimen a la noche.
Las vainas
Gordillo manifestó que Aráoz falleció por el desangramiento que le produjeron los diez balazos que recibió. En la vivienda se encontraron nueve vainas y dos proyectiles. La primera pericia realizada por Ramón Antonio Martínez, de la Policía, arrojó como resultado que del arma de Pérez salieron los disparos. Otro perito balístico complicó la situación del ex oficial. Miguel Ángel Delgado, en el juicio, afirmó que había un 75% de coincidencias entre las improntas que tenían las vainas encontradas en la casa del juez, con las que deja el arma de Pérez.
"El perito Oscar Terraza demostró que esas conclusiones son falsas", dijo el defensor de Pérez, Gustavo Morales. Terraza es perito de parte, y trabajó en la misma pericia que realizó Delgado. Esa es la principal herramienta de defensa con la que cuenta Pérez para impugnar el testimonio de los peritos oficiales.
Cuando declaró, Pérez dijo que recibió un mensaje de texto de Gómez el día del crimen, alrededor de las 19. "Ayudame, hice algo malo", decía el mensaje. La relación entre ambos, según el imputado, no era íntima. "Éramos simples compañeros de trabajo, y en un par de oportunidades la llevé hasta la terminal en mi remise", comentó Pérez.
El martes, el ex comisario Francisco Bolart, que fue jefe de Gómez y Pérez en el instituto de menores Roca, afirmó que todos los empleados sabían que ellos mantenían una relación. "No puedo decir que eran novios; tenían un ?desliz amoroso?", declaró Bolart.
Además, el ex comisario manifestó que los había sorprendido en una actitud sospechosa. "Ella rozó su miembro viril con una mano", dijo. Pérez negó este hecho y se careó con su ex jefe. Ninguno cedió en sus dichos.
Así, las principales pruebas que Herrera consideró para imputarles el homicidio, se sostuvieron en el debate oral. Ahora, la tarea de los abogados defensores durante será quitarles valor, aunque las declaraciones fueron tan contundentes, que la tarea no será sencilla. La valoración final estará en manos del Tribunal.
El fiscal de Instrucción Guillermo Herrera imputó a Ema Hortensia Gómez y a Darío Pérez por el crimen. Aráoz fue asesinado el 26 de noviembre de 2004 en su casa, en avenida Aconquija 2.950.
Según la elevación a juicio, los imputados mantenían una relación amorosa, y mataron al magistrado por móviles sentimentales. Gómez había sido novia de Aráoz y, según María Elena Dip, que trabajaba en el juzgado de Menores en la fecha del crimen y que declaró en la causa, esa relación había terminado.
En las primeras audiencias, Ema Gómez se llevó toda la atención. Primero le gritó asesino y mentiroso a Pérez mientras este declaraba. Luego, habló por primera vez, y volvió a cargar contra el ex oficial. Ella reconoció que eran confidentes y que Pérez le insistía que termine la relación con Aráoz.
Hasta el inicio del juicio, la prueba más fuerte contra la ex agente eran los restos de piel del juez, que fueron encontrados en sus uñas. Aráoz tenía un rasguño en el cuello. Sin embargo, Gómez ingresó a la casa cuando la llevaron los policías de Banda del Río Salí, y tocó el cuerpo de Aráoz. Esa podría haber sido su coartada.
La declaración de la médico forense Yolanda Lilia Gordillo, que realizó la autopsia, tiró por abajo esa posibilidad. "Todas las heridas que tenía Aráoz en su cuerpo fueron hechas cuando estaba con vida, incluido el rasguño del cuello", declaró Gordillo.
Además, otra perito complicó la situación. Gómez había salido de la casa descalza, con las medias manchadas de sangre. Los zapatos habían quedado en el jardín. Nadie sabe por qué se los sacó, pero en la casa había marcas de pies impresos con sangre. Por el tamaño, se presume que son de mujer.
La bioquímica Lilia Amelia Moyano, de la división Criminalística de la Policía, afirmó que dentro de los zapatos de Gómez había sangre. El abogado Mario Mirra relativizó esa pericia: nadie sabe la secuencia en que la ex agente se puso o sacó los zapatos al ingresar a la escena del crimen a la noche.
Las vainas
Gordillo manifestó que Aráoz falleció por el desangramiento que le produjeron los diez balazos que recibió. En la vivienda se encontraron nueve vainas y dos proyectiles. La primera pericia realizada por Ramón Antonio Martínez, de la Policía, arrojó como resultado que del arma de Pérez salieron los disparos. Otro perito balístico complicó la situación del ex oficial. Miguel Ángel Delgado, en el juicio, afirmó que había un 75% de coincidencias entre las improntas que tenían las vainas encontradas en la casa del juez, con las que deja el arma de Pérez.
"El perito Oscar Terraza demostró que esas conclusiones son falsas", dijo el defensor de Pérez, Gustavo Morales. Terraza es perito de parte, y trabajó en la misma pericia que realizó Delgado. Esa es la principal herramienta de defensa con la que cuenta Pérez para impugnar el testimonio de los peritos oficiales.
Cuando declaró, Pérez dijo que recibió un mensaje de texto de Gómez el día del crimen, alrededor de las 19. "Ayudame, hice algo malo", decía el mensaje. La relación entre ambos, según el imputado, no era íntima. "Éramos simples compañeros de trabajo, y en un par de oportunidades la llevé hasta la terminal en mi remise", comentó Pérez.
El martes, el ex comisario Francisco Bolart, que fue jefe de Gómez y Pérez en el instituto de menores Roca, afirmó que todos los empleados sabían que ellos mantenían una relación. "No puedo decir que eran novios; tenían un ?desliz amoroso?", declaró Bolart.
Además, el ex comisario manifestó que los había sorprendido en una actitud sospechosa. "Ella rozó su miembro viril con una mano", dijo. Pérez negó este hecho y se careó con su ex jefe. Ninguno cedió en sus dichos.
Así, las principales pruebas que Herrera consideró para imputarles el homicidio, se sostuvieron en el debate oral. Ahora, la tarea de los abogados defensores durante será quitarles valor, aunque las declaraciones fueron tan contundentes, que la tarea no será sencilla. La valoración final estará en manos del Tribunal.
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