16 Marzo 2011 Seguir en 
"¿A cuántos de ustedes les robaron?" Todos levantaron la mano. Fueron 50 los vecinos que se reunieron anoche, en la calle Perú al 1.400, para exigir seguridad en Barrio El Bosque.
"Estoy pensando en comprar un arma para defenderme de los ladrones. Tenemos dos opciones: o nos cuida la Policía o nos protegemos de la delincuencia a los tiros", dijo María Cristina Quirós en medio del alboroto de quejas, el llanto de las criaturas y la creciente oscuridad.
Hartos de sufrir mañana, tarde y noche los embates del delito, los vecinos se reunieron para exigir protección policial en la manzana y alrededores. "Es la enésima vez que nos juntamos para debatir el mismo tema pero ninguna autoridad toma cartas en el asunto. No queremos que venga el comisario de la jurisdicción sino funcionarios del Ministerio de Seguridad de la Provincia", pidió Liliana Lucena, presidenta del centro vecinal. Y agregó que hace falta un vigía que patrulle la zona y más iluminación en las calles.
El malestar grupal se evidenció en la verborragia de las amas de casa, los padres e hijos, los abuelos y los niños. Todos parecían pedir auxilio desesperadamente. "A mí me afanaron el skate", se quejó Juan Cruz, de 12 años. Alguien agregó entre el barullo: "a vos te robaron la infancia".
Según los habitantes de la zona, los jóvenes no pueden ir solos a la escuela; esperar el colectivo es casi una locura; hablar con la prensa también. "Acá no existen horarios para el crimen. A mí no me preguntés el nombre porque sino después los ?chorros? van a leer mi comentario en el diario y me van a tirar piedras", suplicó una señora.
Cuando el fotógrafo de LA GACETA tomó una foto de la asamblea con su cámara, los presentes le advirtieron que ocultara el aparato. "Si te descuidás te lo van a quitar en un abrir y cerrar de ojos", le avisó Marcos Torres. Un ruido a la izquierda y todos los rostros giraban. Un ladrido a la derecha, y cundía la alarma.
De acuerdo a los testimonios de los congregados, ya son ocho las familias que decidieron abandonar el barrio. Víctimas del temor, armaron las valijas un día y se marcharon sin decir adiós. "Yo también estoy pensando en huir", se sinceró Teresa Costello.
A Ricardo Sanini le robaron el auto. Al remisero José Campbell le dieron un machetazo en la cabeza para quitarle la billetera. A la hija de Norma Van Broock le arrancaron la mochila y los útiles mientras iba al colegio. A Ana María del Pino le quebraron los dedos para apoderarse de su portafolios. "Y los ladrones ya declararon al barrio como zona liberada", afirmó Irma Bravo. Los vecinos recordaron su desalentador duelo con el crimen. "Ahora los que vivimos presos somos nosotros, que nos vemos obligados a enrejar la casa para que no nos roben", concluyó Bravo.
"Estoy pensando en comprar un arma para defenderme de los ladrones. Tenemos dos opciones: o nos cuida la Policía o nos protegemos de la delincuencia a los tiros", dijo María Cristina Quirós en medio del alboroto de quejas, el llanto de las criaturas y la creciente oscuridad.
Hartos de sufrir mañana, tarde y noche los embates del delito, los vecinos se reunieron para exigir protección policial en la manzana y alrededores. "Es la enésima vez que nos juntamos para debatir el mismo tema pero ninguna autoridad toma cartas en el asunto. No queremos que venga el comisario de la jurisdicción sino funcionarios del Ministerio de Seguridad de la Provincia", pidió Liliana Lucena, presidenta del centro vecinal. Y agregó que hace falta un vigía que patrulle la zona y más iluminación en las calles.
El malestar grupal se evidenció en la verborragia de las amas de casa, los padres e hijos, los abuelos y los niños. Todos parecían pedir auxilio desesperadamente. "A mí me afanaron el skate", se quejó Juan Cruz, de 12 años. Alguien agregó entre el barullo: "a vos te robaron la infancia".
Según los habitantes de la zona, los jóvenes no pueden ir solos a la escuela; esperar el colectivo es casi una locura; hablar con la prensa también. "Acá no existen horarios para el crimen. A mí no me preguntés el nombre porque sino después los ?chorros? van a leer mi comentario en el diario y me van a tirar piedras", suplicó una señora.
Cuando el fotógrafo de LA GACETA tomó una foto de la asamblea con su cámara, los presentes le advirtieron que ocultara el aparato. "Si te descuidás te lo van a quitar en un abrir y cerrar de ojos", le avisó Marcos Torres. Un ruido a la izquierda y todos los rostros giraban. Un ladrido a la derecha, y cundía la alarma.
De acuerdo a los testimonios de los congregados, ya son ocho las familias que decidieron abandonar el barrio. Víctimas del temor, armaron las valijas un día y se marcharon sin decir adiós. "Yo también estoy pensando en huir", se sinceró Teresa Costello.
A Ricardo Sanini le robaron el auto. Al remisero José Campbell le dieron un machetazo en la cabeza para quitarle la billetera. A la hija de Norma Van Broock le arrancaron la mochila y los útiles mientras iba al colegio. A Ana María del Pino le quebraron los dedos para apoderarse de su portafolios. "Y los ladrones ya declararon al barrio como zona liberada", afirmó Irma Bravo. Los vecinos recordaron su desalentador duelo con el crimen. "Ahora los que vivimos presos somos nosotros, que nos vemos obligados a enrejar la casa para que no nos roben", concluyó Bravo.









